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En Salta

La mina que cerró hace casi 40 años todavía contamina con metales pesados

Un equipo científico estudia un antiguo yacimiento que libera metales pesados al ambiente. De qué se trata.

A unos 15 kilómetros de San Antonio de los Cobres y a 4.200 metros sobre el nivel del mar hay una mina cerrada hace casi 40 años que aún contamina. Ahora, científicos argentinos desarrollan nuevas herramientas para intentar frenar uno de los pasivos ambientales mineros más importantes de la provincia de Salta.

Aunque dejó de funcionar en 1986, el antiguo yacimiento minero La Concordia, ubicado en la Puna salteña, continúa liberando metales pesados al ambiente.

La investigación está encabezada por Josefina Plaza Cazón, investigadora del CONICET con lugar de trabajo en el Centro de Investigación y Desarrollo en Fermentaciones Industriales (CINDEFI, CONICET-UNLP), quien desde 2015 estudia distintos pasivos ambientales mineros del noroeste argentino.

Los llamados pasivos ambientales mineros (PAM) son instalaciones abandonadas o inactivas que continúan representando un riesgo ambiental debido a los residuos que dejaron las actividades extractivas. En el caso de La Concordia permanecen cuatro diques de cola con desechos ricos en metales pesados.

Por qué la mina sigue contaminando

Uno de los principales problemas detectados por los investigadores es el denominado drenaje ácido minero (DAM), un fenómeno que ocurre cuando el agua entra en contacto con los residuos mineros.

“Como el arroyo nace en el socavón de la mina, la acción del agua, sobre todo en épocas de lluvia –que van de diciembre a marzo–, disuelve los minerales acumulados y se produce un proceso que se conoce como drenaje ácido minero (DAM), es decir agua ácida, con bajo pH y alta concentración de metales pesados que escurre y se dispersa en el ambiente aguas abajo. Además, los suelos de la Puna son arenosos-limosos, por lo tanto, el DAM percola, o filtra, a través del perfil del suelo”, cuenta Plaza Cazón en un comunicado de prensa.

La investigación está encabezada por Josefina Plaza Cazón. (Crédito: CONICET)

La investigadora explica además que, durante los períodos de sequía, el viento también contribuye a expandir los contaminantes.

Los minerales precipitan sobre las sales presentes en la zona y pueden ser transportados a grandes distancias, incluso en dirección contraria al curso del agua.

Cómo buscan descontaminar la zona

Para conocer el alcance del problema, el equipo realizó análisis físico-químicos del agua y del suelo, identificó los microorganismos responsables de acelerar la generación del drenaje ácido y estudió especies vegetales nativas capaces de sobrevivir en ambientes contaminados.

Ese trabajo permitió desarrollar una de las herramientas más prometedoras del proyecto.

“Las condiciones ambientales de la Puna son muy particulares, por eso entendimos desde el comienzo que no podíamos replicar tecnologías desarrolladas en otros países, sino que debíamos generar soluciones innovadoras utilizando los propios recursos del lugar, de manera que pudieran sostenerse en el tiempo”, señala la investigadora.

A partir de una planta nativa de la región, los científicos desarrollaron un bactericida natural capaz de inhibir el crecimiento de las bacterias que aceleran las reacciones químicas responsables del drenaje ácido minero. El próximo paso será probar la tecnología directamente en el sitio contaminado.

La mina de Salta que cerró hace casi 40 años todavía contamina con metales pesados.

En paralelo, junto a investigadores del Instituto de Fisiología Vegetal (INFIVE, CONICET-UNLP), estudian hongos micorrícicos adaptados a los ambientes extremos de la Puna que podrían utilizarse en el futuro para absorber metales pesados y favorecer la restauración de los suelos degradados.

La investigación también involucra a la Comunidad Kolla El Desierto, que habita dentro del área protegida Los Andes y convive desde hace décadas con los impactos ambientales del antiguo emprendimiento minero.

“Las comunidades tienen derecho a conocer lo que investigamos, qué estamos haciendo con sus recursos cuando realizamos una campaña, y cuál es el estado de situación. Además, su participación y colaboración resulta fundamental para construir soluciones sostenibles en estos ambientes”, afirma Plaza Cazón.

Tras una reciente charla realizada con la comunidad, se acordó que jóvenes kollas que estudian carreras vinculadas a los recursos naturales participarán de las próximas campañas de muestreo previstas para octubre.

La contaminación minera puede durar décadas

Para Plaza Cazón, el caso de La Concordia demuestra que los impactos ambientales de la minería pueden extenderse mucho más allá del cierre de una explotación.

“Uno ama lo que conoce. La Puna es un ambiente único, con un paisaje increíble, de otro planeta, y yo veo en ese lugar una riqueza enorme de conocimiento y desarrollo. Siempre sentí que el conocimiento que generamos tenía que transformarse en soluciones concretas que tengan impacto ambiental y social en el territorio. En este caso en particular, sobre los PAM, buscando soluciones que sean aplicables y sostenibles en el tiempo”, reflexiona.

La investigadora concluye que la experiencia deja una enseñanza para el desarrollo de futuros proyectos mineros: “Si no se hacen las cosas bien desde el principio, los efectos sobre el paisaje son a muy largo plazo”.

Fecha de publicación: 15/07, 7:48 pm