Argentina importa cada vez más maquinaria obsoleta y residuos tóxicos y hay alerta por el impacto ambiental
Un informe revela cómo la desregulación de importaciones facilita el ingreso de productos que se convierten rápidamente en desechos peligrosos que ponen en riesgo la salud y el ambiente.
Ropa usada, pilas con metales pesados, juguetes sin certificación, neumáticos recauchutados, equipamiento obsoleto y cosméticos con microplásticos ingresan a la Argentina sin control.
En el nombre de la Libertad de Mercado, el gobierno de Javier Milei desreguló y flexibilizó los requisitos para importar productos que, por su baja calidad, mal estado de conservación o escasa vida útil, se convierten rápidamente en residuos, muchos de ellos tóxicos, advierte un reciente informe del Círculo de Políticas Ambientales (CPA).

“A partir de diciembre de 2023, los controles preventivos fueron reemplazados por declaraciones juradas, auditorías posteriores al ingreso y reconocimiento automático de certificaciones extranjeras”, señala el trabajo del CPA. Y puntualiza que “ las modificaciones más sustantivas se concentraron en 2025 y 2026, muchas de ellas implementadas por decreto mediante facultades delegadas al Poder Ejecutivo”.
Aunque las medidas son presentadas oficialmente como una forma de reducir costos, agilizar el comercio y ampliar la oferta para los consumidores, el informe plantea interrogantes sobre la capacidad del Estado para garantizar estándares adecuados de seguridad, calidad y protección ambiental.
“Con estas desregulaciones el Estado Argentino resignó su capacidad de frenar el ingreso de productos peligrosos o de baja calidad, trasladando el riesgo sanitario y ambiental a la población, y la carga económica a los gobiernos locales”, señala Eugenia Testa, directora del CPA.
Uno de los principales riesgos es el ingreso de “residuos encubiertos” en un contexto donde la gestión de residuos ya enfrenta importantes desafíos. “Esto podría incrementar la presión y los costos sobre los sistemas municipales de recolección y disposición final”, advierte el trabajo, que detalla además cuáles son los residuos importados más peligrosos.
Qué productos se importan más
Según el informe, uno de los rubros que más creció es el de importación de prendas de vestir de segunda mano. Hasta 2022, el ingreso de textiles usados con fines comerciales estaba prohibido por un decreto que venció ese año. En 2024 se importaron 24 mil kilos de ropa usada, y en 2025 ese ítem pegó un salto exponencial, con el ingreso de 4,6 millones de kilos de prendas al país.
El trabajo del CPA detalla que “el 90% de la ropa usada ingresa desde Chile por camión. El 84% de las prendas lo hace a través de la aduana de Jujuy y tiene como destino principal el Área Metropolitana de Buenos Aires”.

La ropa usada importada tiene un valor unitario promedio de u$d 1,2 dólares por kilo, una cifra 15 veces inferior al precio promedio de una prenda nueva, que se ubica en u$d 18,4 dólares, lo cual destruye empleo y producción local por imposibilidad de competir en costos.
Pero más allá del impacto económico, los textiles usados conllevan un grave riesgo sanitario y ambiental. Por el exceso de oferta y la caída del consumo, la mayor parte de estas prendas no llegan a venderse y “muchas terminan en rellenos sanitarios o basurales a cielo abierto, generando contaminación biológica (se han importado fardos de ropa interior usada y prendas sin lavar) y química (la mayoría están fabricadas con fibras sintéticas), además de generar microplásticos”, señala el informe.
Juguetes tóxicos, sin control
La importación desregulada de juguetes es otro ítem de riesgo según el informe del CPA. Aquellos fabricados con plástico pueden contener sustancias químicas y aditivos tóxicos a los que los niños quedan expuestos mediante la manipulación constante o la ingesta accidental de micropartículas.
A partir de 2024, el Ministerio de Desregulación a cargo de Federico Sturzenegger eliminó los controles y requisitos técnicos para el ingreso de juguetes y además redujo los aranceles de importación.

Hoy, el 50 % de juguetes se importan a precios inferiores a u$d 3 dólares por kilo, un costo cercano al valor de la materia prima. A falta de controles por parte de organismos técnicos como el INTI, los juguetes ingresan mediante declaraciones juradas. Esto genera un aumento de residuos plásticos de corta vida útil. Su degradación por radiación UV y abrasión produce micro plásticos que son ingeridos por la fauna marina, mientras que la falta de información sobre su composición dificulta su reciclaje.
Cosmética contaminante
Si bien desde 2019 rige una ley (impulsada por el CPA) que prohíbe la fabricación e importación de artículos de higiene y cosmética que contengan microplásticos, la desregulación y falta de controles hacen que en la práctica no se cumpla.
A partir de 2025, diversas disposiciones de ANMAT (el organismo fiscalizador de alimentos y medicamentos) flexibilizaron los controles para productos cosméticos, y en el caso de las importaciones las reemplazaron por declaraciones juradas.

Tanto los microplásticos (partículas de plástico menores a 5 milímetros mm) como los nanoplásticos (inferiores a 100 nm nanómetros o 0,000000 1 mm), ingresan al organismo por la piel o al ser ingeridos mediante bebidas y alimentos. Su impacto en órganos y tejidos está siendo estudiado y numerosos informes confirman que estas sustancias son “disruptores hormonales”, que generan alteraciones en el metabolismo y muchos son potencialmente cancerígenos.
Pilas y baterías sin control
Las pilas y baterías suelen contener metales pesados como mercurio, cadmio y plomo con alto potencial contaminante. Hasta 2025 regía una normativa que prohibía el ingreso de aquellas que superen límites máximos de estos componentes y exigía algunos requisitos técnicos como fecha de vencimiento y carcasa hermética, siendo el INTI el organismo único de control.

Sin embargo, a partir del año pasado se desreguló la importación de estos productos y se reemplazó el esquema de certificación previa por el de verificaciones posteriores a cargo de los importadores o empresas privadas.
Esta medida, que busca reducir costos y agilizar el comercio, abre paso al ingreso al país de productos potencialmente contaminantes y tóxicos cuya gestión al final de su vida útil representa un enorme desafío ambiental y sanitario.
Neumáticos recauchutados
La derogación de la prohibición para importar neumáticos usados, dispuesta por el DNU 70/2023 al inicio de la presidencia de Milei, generó una avalancha de neumáticos fuera de uso (NFU).
Su disposición final representa un grave problema sanitario y ambiental. Al acumularse, las cubiertas usadas se convierten en zonas de cría de mosquitos, roedores y otros vectores de enfermedades infecciosas.

Además, su reciclado es sumamente complejo debido a la variedad de sus componentes, que incluyen caucho, acero, fibra textil, químicos y aceites minerales. En caso de incendio, estos materiales son difíciles de extinguir y acumulan gases, lixiviados y plagas.
A este panorama se suma el impacto económico. El ingreso de neumáticos usados y recauchutados representa una competencia desleal para la industria nacional, siendo una de las causales del cierre de la emblemática planta de Fate y la pérdida de más de 900 empleos directos.
Equipamiento chatarra
En medio de una aceleración tecnológica que exige equipamiento y tecnologías cada vez más avanzadas, en mayo de este año el gobierno simplificó por decreto los requisitos, procedimientos y plazos para importar maquinaria usada, extendiendo su antigüedad a 30 años.
Más allá del impacto para la producción nacional de estos equipos, especialmente en rubros como maquinaria agrícola y equipamiento médico en los que Argentina claramente se destacaba, la importación de máquinas viejas o directamente obsoletas “genera un grave impacto ambiental por su menor eficiencia energética y la presencia de componentes tóxicos al final de su vida útil”, advierte el informe.
Cómo impacta la apertura de las importaciones de residuos a la economía
Mientras Argentina abre sus puertas a los residuos del mundo, más de 150.000 recuperadores urbanos ven peligrar su sustento.
El precio del cartón cayó 60% el último año, señalan desde la FACCyR (Federación Argentina de Cartoneros, Carreros y Recicladores) y Jóvenes por el Clima, mientras se destinan unos u$s 9 millones de dólares anuales a importar ese material que podría recuperarse y reciclarse fronteras adentro.

En tanto, la industria recicladora de plástico trabaja al 50% de su capacidad instalada, con costos crecientes, márgenes cada vez más exiguos, y la creciente importación de plásticos usados.
“El reciclado cayó 85 mil toneladas entre 2022 y 2024, y en sólo dos años pasó de 318 mil toneladas a 233 mil”, señaló José Luis Picone, director ejecutivo de la Cámara Argentina de la Industria de Reciclados Plásticos (Cairplas), en el Congreso y Exposición Mundial de Residuos Sólidos de ISWA (International Solid Waste Association) que se realizó a fines del año pasado en Buenos Aires. De continuar esta tendencia, Argentina pasará muy pronto a ser de granero a basurero del mundo.















