El riesgoso ingrediente que contiene Nutella y que puede ser cancerígeno y traer problemas cardiovasculares
La Nutella se promociona como una suntuosa crema de avellanas al chocolate, pero es en realidad una bomba calórica de azúcar y grasas nocivas.
En Argentina, Nutella constituye aún un consumo aspiracional: a alrededor de $11.000 pesos el frasco, es difícil que gane masividad ante los aproximadamente $3.000 de un dulce de leche de primera marca. Pero se posiciona como un lujo posible, un consumo placentero y de más nivel. El contenido del frasco, ¿cumple con esa apariencia? Los ingredientes de Nutella en orden (de mayor a menor cantidad) son: azúcar, grasa vegetal de palma, avellanas (13%), leche descremada en polvo (8,7%), cacao en polvo (7,4%), emulsionante, lecitina de soja y vainillina. El aceite de palma aparece antes (es decir, en mayor proporción) que las avellanas y que el cacao.
El aceite de palma está en la Nutella, pero también en muchos otros productos ultraprocesados: galletitas Oreo, alfajores, margarinas, snacks varios. En Argentina no existe obligación de especificar qué aceite vegetal se usa, lo que permite ocultarlo bajo “aceites vegetales”. El daño de su uso en la industria es doble: ambiental (gran protagonista de la deforestación en el sudeste asiático) y potencialmente cardiovascular en consumo habitual.
El aceite de palma se extrae del fruto de la palma africana (Elaeis guineensis). Es el aceite vegetal más producido y consumido en el mundo, por dos sencillas razones: es barato, y resulta muy estable a temperatura ambiente. En Argentina, el consumo doméstico de este aceite es bajo, casi nulo. No lo usamos para cocinar. Pero como dura mucho sin ponerse rancio, y tiene una textura semisólida que funciona muy bien en productos ultraprocesados, para la industria alimentaria es casi ideal: alarga la vida útil de los comestibles, brinda cremosidad y soporta altas temperaturas de procesamiento a muy bajo costo.

El problema ambiental
La palma africana se cultiva principalmente en Indonesia y Malasia, que juntas producen alrededor del 85% del total mundial. El problema es que esas plantaciones avanzaron durante décadas sobre selvas tropicales y turberas, con consecuencias muy graves: pérdida de biodiversidad, destrucción del hábitat del orangután y otras especies en peligro y liberación de cantidades importantes de carbono almacenado en los suelos de turba. Varios estudios calculan que cuando se tala una turbera para plantar palma, la deuda de carbono generada tarda décadas en compensarse, incluso si la palma reemplaza a otros aceites que necesitan más tierra por litro producido.
Ferrero, la empresa italiana dueña de Nutella, tiene una política declarada de “aceite de palma sostenible” y usa certificación RSPO (Roundtable on Sustainable Palm Oil). Esa certificación existe y no es completamente vacía, pero ha sido criticada por organizaciones ambientales porque no garantiza trazabilidad completa. Esto significa que permite la mezcla del aceite obtenido con el debido cuidado por el medio ambiente con palma no certificada, y de esta forma los mismos grandes compradores, como Ferrero, siguen vinculados a la deforestación mientras gozan de un “greenwashing” a través del certificado RSPO. Es decir: el sello existe, pero en vez de funcionar como garantía, sirve para brindar una apariencia políticamente correcta a empresas que siguen adquiriendo también aceite de plantaciones nocivas.

Consecuencias para la salud
Rocío Hernández es Licenciada en nutrición (MP 904 – MN 9648) y Psicóloga Social, más conocida como @nutriloca en redes sociales. Es además directora del Posgrado Universitario de Nutrición Basada en Plantas (UNR-FCM). Consultada al respecto, Hernández explica: “Cada vez que se consume aceite de palma en nuestro país está dentro de productos que también contienen azúcar refinada, otras grasas saturadas y de pésima calidad, conservantes, resaltadores de sabor y un sinfín de confundidores. Por esta razón, es difícil estimar la magnitud del impacto en salud del aceite de palma por sí solo”.
El aceite de palma tiene un perfil lipídico particular: es rico en ácido palmítico, una grasa saturada. Hernandez continúa: “Comparado con otros aceites vegetales como el de oliva, canola o girasol, el aceite de palma tiene efectos desfavorables sobre el perfil lipídico; específicamente, aumenta el colesterol LDL y puede por ende elevar el colesterol total. Y esto, como sabemos, puede estar relacionado a enfermedades cardio-metabólicas”,

Hay además un problema específico del procesamiento industrial: cuando el aceite de palma se refina a altas temperaturas (lo que ocurre casi siempre en la producción industrial), se generan contaminantes llamados ésteres de ácidos grasos con glicidol (GE) y ésteres de 3-MCPD, clasificados como posibles cancerígenos por la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA). La EFSA publicó evaluaciones de riesgo al respecto y recomendó reducir la ingesta, especialmente en bebés y niños pequeños. El debate sobre el aceite de palma en Europa lleva más de una década. Francia estuvo a punto de prohibirlo en 2016, tras una polémica enorme con Nutella en particular. Debido a las presiones de la EFSA y otras instituciones de salud pública europeas, la industria redujo a la mitad el riesgo de exposición por ésteres glicidílicos en el aceite de palma entre 2010 y 2015. Eso no elimina el riesgo, pero lo reduce y demuestra que la preocupación tiene sustento científico. En Argentina ese debate prácticamente no llegó al espacio público ni a la regulación.
El problema en Argentina es que la ley no obliga a especificar qué tipo de aceite vegetal se usa: alcanza con declararlo como “aceite vegetal” o “grasa vegetal” en la lista de ingredientes. Eso hace casi imposible que el consumidor sepa si está comprando un producto con palma o no, salvo que la marca lo declare voluntariamente. En España, por el contrario, un Real Decreto de 2025 estableció que ya no es suficiente con indicar “aceite vegetal”, sino que debe especificarse la materia prima (girasol, soja, palma, etc.) y en el caso de mezclas, el porcentaje de cada componente. La ley de etiquetado frontal (Ley 27.642) obliga a poner octógonos negros de advertencia en productos con exceso de azúcar, grasas totales, grasas saturadas, sodio y calorías. Nutella lleva varios de esos sellos.
De qué está hecha la Nutella
El primer ingrediente de Nutella es el azúcar, que representa el 55% del producto. Las avellanas figuran con un 13%, lo que en una porción equivale a apenas más de 2 gramos: menos que una avellana entera. Un producto que se describe como “crema de avellanas al chocolate” tiene más del cuádruple de azúcar que de avellanas.

20 gramos de Nutella (una sola cucharada sopera) tiene 107 kcal, 12g de carbohidratos, 11g de azúcares totales, 10g de azúcares añadidos, 6,2g de grasas totales y 2,1g de grasas saturadas. Esa cantidad figura en el envase como porción aunque, en la vida real, difícilmente sea el total consumido por un individuo, la porción real de ingesta, una vez que está delante de un frasco. Pero sea en la porción que fuere, es fácil concluir que el azúcar constituye más de la mitad de la crema, y las grasas totales son más de un cuarto. Ante esa fórmula, Rocío Hernández plantea: “¿el problema es el aceite de palma, o la combinación con el azúcar y los otros ingredientes que vuelven a este producto una bomba estimulante irresistible por su altísima palatabilidad? Como nutricionista, me atrevo a decir que es más lo segundo. Si lo vas a comer, que sea por lo que es (un producto ultraprocesado con más del 50% de azúcar refinada, altamente palatable, con gusto a avellana y chocolate) y no por lo que no es (un untable de avellanas)”.















