Científicos del CONICET buscan reemplazar una sustancia tóxica en metales por un aditivo de cocina
Un equipo de científicos del CONICET trabaja en el desarrollo de un proceso que permita reemplazar el cianuro utilizado en la galvanoplastia, una técnica ampliamente empleada para recubrir piezas metálicas y mejorar su resistencia al desgaste y la corrosión.
La investigación se desarrolla en el Centro de Investigación y Desarrollo en Tecnología de Pinturas y Recubrimientos (CIDEPINT, CONICET-UNLP-CICPBA) y busca perfeccionar un método de cobreado sin cianuro denominado CuGlu, que utiliza glutamato monosódico como alternativa.

El proyecto, titulado “Cobreado sin cianuro: mejor adherencia”, fue seleccionado en diciembre de 2025 por la cuarta edición del Fondo de Innovación Tecnológica de Buenos Aires (FITBA). El financiamiento permitió adquirir recientemente un nuevo equipo electroquímico que los investigadores utilizarán para estudiar en detalle las fallas del proceso y acelerar la investigación.
Por qué buscan reemplazar el cianuro
Según explicaron en un comunicado, la galvanoplastia, también conocida como electrodeposición, es un proceso electroquímico mediante el cual una pieza metálica recibe una fina capa de otro metal. El objetivo es incorporar propiedades que el material original no tiene, principalmente mayor resistencia al desgaste o la corrosión, aunque también puede utilizarse con fines estéticos.
La técnica se utiliza en sectores como la fabricación de griferías, joyería y piezas mecánicas y electrónicas. Uno de los metales utilizados para el recubrimiento es el cobre, pero algunos procesos tradicionales emplean baños con cianuro.
El problema es la toxicidad del compuesto ante pérdidas, derrames o un manejo inadecuado.
“Los baños de cianuro son muy alcalinos, y mientras el pH se mantiene estable, son seguros. El problema es que puede acidificarse si se mezcla con soluciones de otros procesos, y entonces desprende este vapor extremadamente venenoso llamado ácido cianhídrico”, explica Walter Egli, investigador de la Comisión de Investigaciones Científicas de la Provincia de Buenos Aires (CICPBA) en el CIDEPINT, donde lidera este proyecto.
Y añade: “La búsqueda de alternativas a este químico es una necesidad de muchas industrias a nivel mundial, porque no es tan fácil encontrar un reemplazo que sea igual de efectivo pero inocuo para la salud”.
Un reemplazo a base de glutamato
Los investigadores comenzaron a probar glutamato monosódico, una sal utilizada como aditivo en la industria alimentaria, para desarrollar un nuevo proceso de cobreado.
El método, denominado CuGlu, mostró buenos resultados tanto en ensayos de laboratorio como en los talleres de una empresa dedicada al tratamiento y acabado de superficies que participa como adoptante de los desarrollos.
Las primeras pruebas se realizaron sobre piezas estándar de acero, como tornillos, tuercas y arandelas, y el cobreado funcionó correctamente incluso al trabajar a distintas escalas.

Los problemas aparecieron cuando los investigadores comenzaron a trabajar con piezas fabricadas con zamak y latón, aleaciones que contienen cinc, aluminio y cobre. En esos casos surgieron dificultades de adherencia que pudieron ser estudiadas y solucionadas mediante un trabajo conjunto con investigadores del Instituto de Investigaciones Fisicoquímicas Teóricas y Aplicadas (INIFTA, CONICET-UNLP).
Pero el principal obstáculo apareció después, al probar el método sobre acero inoxidable.
El problema que frenó el avance
Los investigadores utilizaron cilindros de acero inoxidable con superficie espejada, empleados en la industria gráfica. Al someter las piezas a cambios bruscos de temperatura para evaluar la unión entre los dos metales, el cobre se desprendía con facilidad.
“No podíamos seguir avanzando si no nos asegurábamos de que el proceso funcionara bien en todos los sustratos, así que en este punto comenzamos a estudiar es desperfecto para poder solucionarlo”, relata Egli en el comunicado.
El equipo comenzó entonces a trabajar sobre dos alternativas. Una de ellas consiste en colocar una fina capa de estaño entre el acero inoxidable y el cobre, debido a la resistencia a la corrosión de este elemento.
“Sabemos que la adherencia en este caso es muy efectiva, pero no es lo ideal, ya que estamos agregando un paso más al proceso y el objetivo es justamente economizar y simplificar la técnica”, comenta Egli.
La otra línea de trabajo apunta a entender qué ocurre en la superficie de contacto entre los materiales para poder corregir directamente el problema.
Un nuevo equipo para estudiar la falla
A través del financiamiento del FITBA, el grupo incorporó un electrodo rotante de disco-anillo que se integrará a un bipotenciostato adquirido anteriormente. El nuevo equipamiento arribó desde Países Bajos y permitirá realizar estudios más detallados sobre el comportamiento de los materiales durante el proceso de cobreado.
La herramienta ya había mostrado su utilidad en investigaciones realizadas en el INIFTA, donde los científicos pudieron analizar las fallas de adherencia que habían aparecido al trabajar con zamak y latón.
“En esas evaluaciones observamos que en las curvas de corriente versus potencial aparecía un registro que podría indicar la formación de un óxido sobre el sustrato, y que debilitaba la unión con el recubrimiento”, explica Paola Pary, investigadora del CONICET en el CIDEPINT.
Y enfatiza: “El equipo adquirido tiene un sistema de avanzada compatible con los softwares instalados en nuestro laboratorio, y que nos va a permitir completar estudios sistemáticos modificando variables de operación y reduciendo los tiempos, evitando también el traslado de los electrolitos en una solución líquida a otros espacios de investigación”.
El objetivo es identificar qué sucede exactamente en la interfase entre el material que funciona como base y el cobre para determinar qué variables deben modificarse y conseguir una adherencia adecuada.
Un desafío para los talleres más pequeños
Los investigadores consideran que lograr un proceso de cobreado sin cianuro podría resultar especialmente relevante para los establecimientos que cuentan con menos recursos para controlar las condiciones de operación.
La puesta a punto del proceso CuGlu representará marcadas ventajas para las empresas de este rubro, “especialmente en el caso de los talleres artesanales que no tienen la posibilidad de medir y controlar todos los parámetros que se requieren para trabajar con cianuro”, apunta Egli.
A pesar de las exigencias y límites establecidos por la normativa, los procesos de galvanoplastia en Argentina todavía utilizan soluciones con cianuro.
“Son procedimientos robustos que están establecidos desde hace muchos años y es difícil lograr un cambio radical respecto de su uso”, indica Pablo Seré, profesional de la CICPBA en el CIDEPINT.
Por ahora, los especialistas señalan que el mercado no cuenta con una alternativa que pueda reemplazar completamente estos procesos con las mismas prestaciones. Por eso, el objetivo del proyecto es conseguir que el CuGlu pueda funcionar sobre distintos materiales y en condiciones que permitan su adopción industrial.
“El desafío que tenemos por delante es muy grande debido al alcance que tiene el problema: el logro de nuestro objetivo supondría una solución original a una cuestión que afecta seriamente la productividad a nivel mundial”.















