Boom de suplementos deportivos: el negocio fitness que crece con influencers, mucho marketing y pocas regulaciones
El auge del fitness impulsó un mercado millonario, pero detrás del marketing crecen las dudas sobre su eficacia. Qué dicen la ciencia y los especialistas.
En cualquier gimnasio de Buenos Aires hay una góndola de proteínas en polvo, pre-entrenamientos, creatina, quemadores de grasa. Marcas locales como ENA, Star Nutrition o Gentech compiten en la vitrina con otras importadas como Optimum Nutrition o Universal Nutrition.
En Mercado Libre, la oferta es todavía más amplia. En Instagram, un ejército de cuentas de fitness con cientos de miles de seguidores los recomienda como si fueran golosinas. El amplio y ambiguo universo de la suplementación dietaria y deportiva es de escaso control y dudosa efectividad.
¿Están regulados los suplementos deportivos en Argentina?
En Argentina, los suplementos deportivos no tienen un marco regulatorio específico. Se controlan bajo la categoría de suplementos dietarios dentro del Código Alimentario Argentino (CAA), enmarcados bajo el artículo 1381.
Se los considera alimentos y no medicamentos. Su fabricación, importación y venta son controladas por la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) y las autoridades bromatológicas provinciales. Las regulaciones para suplementos dietarios, en términos generales, son hechas pensando en productos destinados a personas sanas que por algún motivo no cubren ciertos nutrientes básicos con su dieta: calcio, hierro o vitamina B12.

En este contexto, una proteína en polvo con aminoácidos en altas concentraciones, un pre-entreno con 300 miligramos de cafeína y sinefrina o un termogénico con extractos de yohimbina son productos muy diferentes que caen en la misma categoría legal que un suplemento de calcio para adultos mayores.
Por el mismo motivo, los suplementos se consiguen no solo en farmacias, sino en gimnasios, supermercados, plataformas de e-commerce y redes sociales. La Confederación Farmacéutica Argentina (COFA) señaló en un análisis de fines de 2024 que los envases e instrucciones de este rubro frecuentemente brindan información insuficiente sobre dosis, interacciones o contraindicaciones.
Se puede establecer la necesidad de la leyenda “consulte a su médico y/o farmacéutico” —pero aún cuando está, esa advertencia suele perderse en un rincón de la etiqueta, debajo de los claims de rendimiento en el frente del envase.
Lo que el marketing no dice de los suplementos
Los pre-entrenamientos constituyen uno de los segmentos de mayor crecimiento entre los suplementos. Su ingrediente estrella es la cafeína. A dosis moderadas —alrededor de 2 a 3 miligramos por kilogramo de peso corporal— la evidencia científica indica que puede mejorar la resistencia y el rendimiento en deportes de alta intensidad.
Pero muchos productos del mercado superan esas cantidades, y el consumidor rara vez sabe cuánta cafeína consume normalmente en su rutina diaria de infusiones, gaseosas o energizantes. La sobredosis accidental no es un escenario hipotético: taquicardia, aumento de presión arterial, temblores, insomnio y ansiedad son efectos documentados. En combinación con otros estimulantes presentes en algunos productos, el riesgo cardiovascular se amplifica.

Los quemadores de grasa siguen la misma lógica. Se venden como un atajo metabólico, pero la mayoría de sus efectos son inseparables de la cafeína y otros termogénicos que estimulan el sistema nervioso central. La pregunta es qué pasa con esos compuestos en un organismo con una condición cardíaca preexistente no diagnosticada, o en combinación con un medicamento que el usuario toma sin relacionarlo.
Al tratarse de sustancias de venta libre y muchas veces adquiridas fuera de la farmacia, es habitual que el consumidor no asocie su consumo con ningún tipo de precaución farmacológica.
Recomendadores: “no consulte a su médico”
“El consumo y el mercado de suplementos dietarios está en creciente aumento, ofreciéndose en diferentes medios y, en general, sin la información adecuada para su adquisición”, señalan desde la Escuela de Nutrición de la UBA en su Análisis del mercado y consumo de suplementos dietarios.
Uno de los aspectos más preocupantes en el caso de los suplementos deportivos es el rol de los “profes” o personal trainers como prescriptores informales. En muchos gimnasios, la recomendación de un suplemento llega a través de ellos, sin formación clínica ni nutricional. Otras veces, llega de la mano de las redes sociales, donde influencers promocionan productos con códigos de descuento y sin ninguna obligación de aclarar que están haciendo publicidad paga o de advertir sobre contraindicaciones. El efecto en conjunto es de facilitar y agilizar el consumo sin preocupaciones y sin prescripción médica o control profesional de ningún tipo.
Un estudio de la Escuela de Nutrición de la UBA relevó que entre las principales fuentes de recomendación de suplementos dietarios en el área metropolitana de Buenos Aires figuran los entrenadores y coaches nutricionales, los medios de comunicación e influencers y los conocidos o familiares: sumados a la “auto recomendación”, estas fuentes decisorias alcanzan más del 30% del total del consumo de suplementos dietarios.
Gentech y la Selección: el halo de los campeones
El caso de Gentech ilustra cómo se construye una marca sólida en este rubro. La empresa ostenta el título de proveedor oficial de la Selección Argentina de Fútbol y, en pleno Mundial, lo usa como centro de toda su comunicación: “el encargado de brindarle los suplementos a los campeones del mundo”, dice su sitio.

La asociación entre el producto y el rendimiento de los jugadores está implícita en cada mensaje, aunque ningún suplemento legal puede garantizar los resultados que ese vínculo sugiere. Es el mismo mecanismo que usan las marcas de bebidas energizantes patrocinando equipos de Fórmula 1.
Qué dice la ciencia
Eugenio Viviani Rossi es médico especialista en nutrición, director del posgrado de nutrición vegetariana y vegana UNLP y del posgrado suplementación deportiva UNLP. “Suplementos que prometan mejorar el rendimiento atlético hay cientos, me atrevo a decir miles. Que tengan evidencia científica de lograrlo, hay muy poquitos”, señala.
“Hay solo seis suplementos con evidencia científica, tres de los cuales ya están en tu casa: bicarbonato de sodio, cafeína y jugo de remolacha que aporta nitratos. Los tres que no están en una cocina cualquiera son: betalanina, creatina y glicerol. Esos son suplementos ergogénicos o que tienen evidencia confirmada de colaborar con el rendimiento. Después hay carbohidratos concentrados en geles, o suplementos vitamínicos, solo pertinentes si te faltan esos nutrientes específicos. Pero, por ejemplo, si no te falta magnesio, no te sirve tomarlo. ¿Arginina? No sirve tomarla. Colágeno, Omega 3: son sustancias necesarias para el organismo pero que no tenés por qué tomar si no hay suficiente evidencia de que te falten, ni te ayuda tomarlas en exceso de forma precautoria. Incluso los seis suplementos con evidencia científica tienen un impacto realmente bajo. Hablamos de un 1 a un 3% de mejora del rendimiento. Para una persona común y corriente, ese porcentaje es absolutamente desdeñable, es casi nulo. Para un deportista de elite puede ser la diferencia entre llegar al podio o no subirse. Entonces, para la gran mayoría de los consumidores de estos suplementos, hay una inversión de dinero y una menor atención en los factores realmente fundamentales (descanso, alimentación, entrenamiento de calidad)”.
Lo que dice la ley
Para que un suplemento dietario pueda comercializarse legalmente en Argentina, necesita contar con el Registro Nacional de Producto Alimenticio (RNPA) otorgado por la autoridad sanitaria.

Pero la Confederación Farmacéutica Argentina (COFA) advierte que una porción significativa de los productos que circulan en el mercado —especialmente los que entran por canales informales o vía importación paralela— no cuenta con ese registro, lo que impide rastrear su composición real, su elaboración o su trazabilidad ante un efecto adverso. La ANMAT puede emitir alertas y ordenar retiros del mercado cuando se detectan problemas, pero se trata de una fiscalización reactiva: actúa después de que el problema existe, no antes.
El resultado es un mercado que creció de forma acelerada, impulsado por la cultura del fitness, las redes sociales y la pandemia, que consolidó el consumo de suplementos como un hábito aspiracional, independiente de un estilo de vida saludable. La regulación no supo seguirle el ritmo a la tendencia. La leyenda “Consulte a su médico” sigue ahí, al pie de la etiqueta, cuando amerita. Pocos la leen y nadie la obedece.















