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Fuera de control

Red Bull, Monster y Speed bajo la lupa: el boom de los energizantes que pone en jaque la salud adolescente

Las bebidas energizantes están en una encrucijada: su consumo creciente en mercados delicados, como la primera adolescencia, las vuelve más cuestionables que nunca en materia de salud. Nuevos estudios las encuentran más peligrosas de lo que se pensaba.

El segmento de las bebidas energizantes alcanzó entre 503 y 516 millones de dólares en 2024-2025 en el país, un consumo de 125 millones de latas al año. Un promedio de 2,3 litros per cápita, según registra la Cámara de Fabricantes de Alimentos Dietéticos y Afines (CAFADyA). Para un producto en alza de forma global, puede sorprender que estos números se consideran bajos: con la crisis, se moderó el despegue esperado. Se proyecta un crecimiento anual compuesto de entre 3,5 y 9,1%, según la consultora; Argentina representa el mayor potencial en Sudamérica hasta 2031. Distintas marcas se disputan el mercado: Speed fue la primera, y gana en el sector medio-bajo, pero Monster y Red Bull son más consumidas en la gama alta. 

El energizante nació en los años sesenta, en Japón, concebido como bebida “medicinal”. Un medio para optimizar el rendimiento laboral en una cultura rigurosamente orientada a la productividad. Aunque luego se desarrolló un amplio uso recreativo, el concepto sigue vigente hoy. Llevan una concentración enorme de cafeína, y según el caso, taurina, guaraná y otras sustancias. Un público variado de todas las edades y extracciones consume energizantes para soportar extensas horas de trabajo, estudiar a medianoche o rendir más deportivamente. El beneficio real del consumo para esos objetivos es, cuanto menos, dudoso. 

Las bebidas energizantes -en verdad, estimulantes, una palabra que la industria evita pero que la OMS encuentra más exacta- son cada vez más populares en sectores muy jóvenes de la población, incluso niños. Los adolescentes los eligen por motivos muy diversos: para aumentar rápidamente los niveles de energía, mejorar el estado de alerta, aumentar el rendimiento escolar o atlético. Un energizante es tan bienvenido en una fiesta como en una noche de estudio. El aumento del consumo tiene una incidencia directa en la cantidad de jóvenes que terminan en una guardia por diversos efectos adversos.

Cuáles son los efectos colaterales

Los efectos más leves y conocidos son ansiedad, trastornos gastrointestinales, deshidratación, nerviosismo y taquicardia. Pero a medida que el consumo se instala, las investigaciones avanzan. Un estudio italiano de 2023 rebela efectos graves y complicaciones severas. Este meta-análisis (que recoge múltiples estudios previos relevantes, reuniendo gran cantidad de datos y de evidencia) encontró que, además, las bebidas energizantes pueden producir daño en diferentes órganos y derivar en cuadros como rabdomiólisis, lesión renal aguda, fibrilación ventricular, convulsiones, manía aguda, accidente cerebrovascular e incluso la muerte. Los artículos de este estudio se dividieron en 7 grupos: efectos cardíacos (35 artículos), efectos gastrointestinales (12), efectos neurológicos (18), efectos renales (7), efectos ginecológicos (2), efectos autoinmunes y cutáneos (2).

El principal motivo es la alta dosis de cafeína, una sustancia estimulante que no está sometida a fiscalización internacional. Se considera alto contenido en cafeína un aporte de más de 15 miligramos por 100 mililitros de bebida, que debe informarse expresamente en el etiquetado (mg/100 ml). La media contiene 32 mg de cafeína cada 100 ml, y algunas bastante más. Si bien el café de filtro puede tener más concentración, el problema es la ingesta media: mientras nadie se tomaría varias tazas de café seguidas, con catorce terrones de azúcar, una lata de 473 cc de Monster puede alcanzar los 160 mg de cafeína y 54 g de azúcar sin llamar la atención. Por el contrario, está normalizado que un adolescente consuma dos o más latas en una noche de fiesta. 

Adolescencia temprana y mezcla de sustancias

Mientras tanto, España –alineada con varios países europeos que ya tomaron decisiones similares- anunció en febrero último la prohibición de la venta de estas bebidas a menores de 16, y la limitación para menores de 18 a las que tengan un máximo de 32 mg de cafeína cada 100 ml (dosis que, de todas maneras, es realmente elevada, la máxima permitida en Argentina). El motivo de la inminente regulación española es claro. Casi 4 de cada 10 chicos españoles en la franja entre 14 y 18 años declaró consumir bebidas energizantes en el mes previo a la encuesta ESTUDES, un informe anual basado en encuestados anónimos sobre el consumo de drogas, que el Estado español realiza sobre jóvenes en edad de escolaridad secundaria.

Mientras que en varios países europeos se restringe su oferta a farmacias de manera exclusiva, en Argentina, las bebidas energizantes son técnicamente de venta libre. Algunas provincias y ciudades tienen normativas locales que limitan su venta, especialmente en boliches. Aunque en 2005 la ANMAT dispuso un límite de 20 mg de cafeína a través de su disposición 3634/2005 (el estándar de las gaseosas comunes del Art. 1000), las marcas líderes como Monster, Speed y Red Bull reaccionaron rápidamente y obtuvieron un marco específico de bebidas energizantes – analcohólicas con cafeína y taurina (Artículo 1388 del Código Alimentario Argentino). Hoy todas alcanzan los 32 mg de cafeína por cada 100 ml. La única alerta son los sellos frontales, advirtiendo sobre los excesos en cafeína, azúcar, calorías y edulcorantes.

Consultada al respecto, la pediatra especialista en Adolescencia (SAP) María Pereyra Gonzales, MN 157377 / MP 196343, destaca: “A los 11 o 12 años se consumen estas bebidas con la validación de los padres. La familia lo ve como una herramienta para que los chicos tengan más energía para las actividades del día a día, no lo ven como algo malo. No lo tienen en la alacena pero sí les dan plata a los chicos para que compren el producto cotidianamente. El gran problema de que no se cataloguen como estimulantes es que son de venta libre. Supuestamente hay restricción para menores de 18 años, pero no se regula la venta realmente”.

Pereyra Gonzales alerta sobre las consecuencias de este cuadro: “La alta dosis de cafeína y azúcar, según la combinación de cantidad y edad, puede dar distintos síntomas y complicaciones. Uno muy común es el efecto paradojal: en vez de concentrarte y darte energía te puede dar insomnio, ansiedad, dificultad para concentrarte, nerviosismo. Hasta hipertensión arterial, convulsiones. Ante la privación de sueño y otros factores contextuales, es más fácil gatillar efectos colaterales”. El consumo frecuente en estudiantes se vincula con obesidad, diabetes tipo 2 y síntomas de depresión. 

Al combinarse con alcohol, surge otro riesgo importante: la pérdida de registro del estado de intoxicación: el energizante estimula el sistema nervioso mientras que el alcohol es un depresor. Al consumir ambos a la vez, es difícil notar los efectos ni tener conciencia de las altas dosis consumidas de cada uno.

Consultada acerca de la mezcla, común en salidas nocturnas, la médica explica: “En edades más precoces, vemos más el energizante solo, pero en la adolescencia media y tardía comienza la combinación con alcohol o drogas. Puede generar problemas de gravedad, tanto al potenciar los efectos como por enmascararlos. Hay ciertas drogas de diseño que se usan en espacios de socialización y en fiestas que pueden potenciar los mismos efectos de estas bebidas y esa combinación lo vuelve peligroso. Es importante a partir de los 13 años, pesquisar en consultorio, ofrecer un espacio seguro de privacidad y abrir el espacio al tema que ya puede ser pertinente, puede haber un consumo. Apuntamos a la reducción de daños y no a una postura punitivista para tener un efecto más benigno y útil sobre lo real. El objetivo es que los chicos puedan cuidarse mejor”.

Fecha de publicación: 24/04, 6:02 am