Vecinos de Entre Ríos tenían razón en tener miedo: la papelera Botnia contaminó el río Uruguay
Un informe detectó episodios de toxicidad asociados a efluentes de la ex Botnia, hoy operada por UPM. El hallazgo reaviva el debate ambiental mientras crece la polémica por un nuevo megaproyecto industrial frente a Colón.
Botnia contaminó el Río Uruguay. La celulosa que ahora es manejada por el grupo UPM (Metsaliitto, Cooperative y M-Real) produjo un impacto negativo sobre el río que comparten la Argentina y Uruguay, y que había sido epicentro de una disputa social y política entre ambas naciones en el momento de instalación de la compañía.
Los datos con la toxicidad detectada provienen del informe del Comité Científico de la Comisión Administradora del Río Uruguay (CARU) realizado en 2023 y publicado en 2026.

Si bien todos los auditores no lograron un conceso interpretativo sobre los datos obtenidos, el informe incluyó que, efectivamente, se detectaron episodios de toxicidad vinculado a los afluentes de la planta que pudieron haber afectado toda la cadena alimentaria vinculada al río.
El resultado de esta auditoria es clave sobre todo si se tiene en cuenta que sigue abierto otro conflicto territorial por la instalación de una planta de combustibles sintéticos que afectaría tanto a la localidad de Colón como Paysandú, tal como publicó Economía Sustentable.
El análisis de toxicidad se realizó sobre los afluentes de la empresa; sin embargo, varios especialistas coinciden en que también se deberían realizar monitoreos permanentes sobre las cuencas de aguas que comparten frontera con las actividades agropecuarias propensas al uso de glifosato, glufosinato, neonicotinoides, pirazoles y diamidas insecticidas, entre otros componentes.
Cómo se detectó la contaminación
La empresa Botnia se instaló en 2007 y a los dos años fue vendida al grupo UPM (Metsaliitto, Cooperative y M-Real), cuyas acciones cotizan en la Bolsa de Helsinki. Los principales inversores institucionales de este gigante forestal y de la industria celulosa son Vanguard Group, Pacer Advisors, Columbia Funds, Fidelity Concord Street, entre otros.
En análisis de toxicidad en cuestión, realizado sobre la daphnia magna, un organismo pequeño tipo crustáceo, indicó que “para los ensayos preliminares a 24 horas de exposición, se observó inmovilización/mortalidad en neonatos expuesto al 100% de la muestra (sin diluir) y al 75%.

“En los ensayos definitivos a 48 horas de exposición se obtuvieron resultados consistentes, sin un patrón concreto de inmovilización/mortalidad dependiente de la concentración, y en todos los tratamientos se observó algún porcentaje de inmovilización/mortalidad”, puede leerse en el informe Comité Científico de la Comisión Administradora del Río Uruguay (CARU).
Los especialistas Cristhian Clavijo, Emilio Menvielle y Alejandra Rodríguez interpretaron que, a partir de los datos reportados por el laboratorio, “se alcanzaron niveles de inmovilización/mortalidad estadísticamente significativa respecto al control de la muestra, por ende, se considera que el efluente provocó toxicidad sobre Daphnia magna”.
¿Qué significa este resultado? La Daphnia magna es un organismo pequeño, un crustáceo muy habitual en el Hemisferio Norte y no tanto la región Sur del Continente. También se lo conoce como pulga de agua. Como se encuentra estandarizado en su uso para exámenes toxicológicos tanto en los protocolos ambientales de los Estados Unidos y agencias europeas, sirve para realizar comparaciones.
“Lo que se hizo en esta oportunidad fue un test de toxicidad agudo –en una ventana corta de tiempo, entre 24 y 96 horas- donde se expone a estos organismos a una concentración creciente del tóxico que se quiere investigar. El resultado fue que una parte de la población experimental, significativamente alta, sufrió inmovilidad o la muerte. Esto podría significar que se murió o se vio afectado más del 50% de la población investigada”, explicó Ana María Gagneten, investigadora del Laboratorio de Ecotoxicología de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Universidad Nacional del Litoral, en diálogo con Economía Sustentable.
En otras palabras, si se afecta el zooplancton, se perjudica toda la red alimentaria hasta los peces. La ventana de tiempo para realizar estos análisis de toxicidad es muy breve. Por ende, desde el CARU se enviaron las muestras de análisis al Laboratorio Tecnológico del Uruguay y a la Universidad Nacional de Luján, en vez de a los laboratorios de la canadiense Pacific RIM.
Ampliar la mirada de análisis
Una de las claves para entender si, efectivamente, desde el CARU se procedió a un análisis certero sobre la posible toxicidad de las actividades productivas desarrolladas sobre el río Uruguay, tiene que ver con el tipo de componentes que fueron a buscarse. Esto habla de que cualquier estudio de contaminación sobre los ríos deberían tratar de medir los principales químicos de mayor utilización en las diferentes actividades productivas de una misma región.
Para Rafael Lajmanovich, doctor de Ciencias Naturales, profesor de ecotoxicología en la UNL, el informe del CARU presenta un “sesgo hacia plaguicidas históricos o legados.

“Se mantienen en la rutina analítica organochlorados, organofosforados o triazinas clásicas que fueron muy importantes décadas atrás —y algunos incluso están prohibidos o severamente restringidos—, pero hoy muchas veces tienen un valor más forense/histórico que diagnóstico del riesgo actual”, manifestó en diálogo con Economía Sustentable.
Desde el punto de vista ecotoxicológico, esto podría ser grave porque el monitoreo termina describiendo mejor el pasado que el presente.
“Si el informe detectó episodios de toxicidad en Daphnia magna, una de las primeras preguntas técnicas es justamente si el panel químico está captando neonicotinoides o no; insecticidas modernos no neonicotinoides. Acá suele haber otra gran omisión. Hoy convendría incluir, según el perfil de uso regional piretroides, lambda-cialotrina, cipermetrina, deltametrina, bifentrina, fenilpirazol, fipronil y metabolitos, entre otros. Estos compuestos poseen alta toxicidad para invertebrados y peces, pueden estar a bajas concentraciones en agua pero persistir o concentrarse en sedimentos y sólidos, y no siempre quedan bien representados en paneles antiguos”, concluyó Lajmanovich.
En definitiva, no deberían faltar en los análisis toxicológicos plaguicidas actuales como los herbicidas polares y el glifosato. Estos son críticos porque se utilizan en gran parte del Cono Sur y en cuencas con agricultura intensiva.
HIF Global bajo el prisma de la ex Botnia
En la localidad de Colón siguen en estado de alerta y movilización. A partir de la experiencia que adquirieron con su oposición a la instalación de la ex Botnia, los vecinos de esta región siguen de cerca la pretensión de la empresa HIF Global de instalar una planta de combustibles sintéticos también a la veda del Río Uruguay pero del lado de Paysandú.
Desde las organizaciones ambientales y sociales de Colón advierten que, de instalarse una planta de estas características, los riesgos serían bien concretos, teniendo en cuenta que habría una producción de 876.000 toneladas al año de Metanol del que se extraerán gasolina, kerosene de aviación, gas, y lubricantes.
HIF Global posee una refinería experimental en Magallanes, Chile, donde producen 3,9 toneladas /día de metanol verde, en donde la población más cercana es Punta Arenas a 30 kilómetros (146.000 habitantes). La proyectada a instalarse frente a Colón se encuentra a tan solo 3600 metros de distancia de la planta.















