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Alimentos bajo la lupa

Don Satur, Bimbo y Primer Precio, las tres marcas que lideran el ranking de los octógonos negros

Un relevamiento de Economía Sustentable en varias cadenas de supermercados encontró productos que exhiben las cinco advertencias posibles. Por qué llegan al máximo y qué riesgos implica su consumo habitual.

una mano sostiene un papel con los cinco sellos de etiquetado frontal de alimentos, detrás una góndola de supermercado. (Crédito: Archivo)

Productos de Don Satur, Bimbo y Primer Precio lideran el ranking de un relevamiento realizado por Economía Sustentable en dos establecimientos de Carrefour y Coto en la Ciudad de Buenos Aires para detectar productos que exhiben simultáneamente los cinco octógonos negros previstos por la legislación argentina.

Es decir, los que advierten sobre exceso en azúcares, grasas totales, grasas saturadas, sodio y calorías. Los casos encontrados durante la recorrida fueron los Bizcochos Negritos de Don Satur; los Bizcochitos Azucarados de Primer Precio y el Budín Artesano Banana con Nuez de Bimbo.

  • Don Satur, Bimbo y Primer Precio aparecen con productos que exhiben los cinco octógonos negros: exceso de azúcares, grasas totales, grasas saturadas, sodio y calorías.
  • El relevamiento de Economía Sustentable se realizó en establecimientos de Carrefour y Coto de la Ciudad de Buenos Aires.
  • Los productos identificados fueron Bizcochos Negritos de Don Satur, Bizcochitos Azucarados de Primer Precio y Budín Artesano Banana con Nuez de Bimbo.
  • También se encontraron productos de Milka, Cofler, Bon o Bon, KitKat, Oreo y Terrabusi con cuatro advertencias.
  • La presencia de cinco sellos resulta especialmente llamativa en alimentos como budines y bizcochos, habituales en desayunos y meriendas y con una percepción menos negativa que las golosinas.
  • El sodio aparece como el sello menos esperado en productos dulces, aunque también está presente en panificados, galletitas y budines industriales.
  • Los especialistas advierten que el consumo frecuente de productos con altos niveles de azúcar, grasas, sodio y calorías puede aumentar distintos factores de riesgo para la salud.
  • La Sociedad Argentina de Cardiología defiende el etiquetado frontal y señala la relación entre este tipo de alimentación y enfermedades como obesidad, hipertensión, diabetes tipo 2 y enfermedad cardiovascular.
  • Los octógonos también impactan en el marketing de las marcas, ya que ocupan un espacio central del frente del envase junto a imágenes, colores y conceptos como “artesanal” o “natural”.
  • Un estudio realizado en supermercados del AMBA encontró que el 88% de los productos evaluados debía llevar al menos un sello y que el 42,5% de los productos con advertencias tenía el frente oculto en góndola.
Un budín sobre la mesa cortado, detrás un paquete marca Bimbo (Crédito: Bimbo Argentina)
Budín Artesano Banana con Nuez de Bimbo. (Crédito: Bimbo Argentina)

En este último caso existe además una ficha comercial que muestra actualmente el frente del envase con los cinco sellos perfectamente visibles. Para encontrar alimentos con semejante acumulación de advertencias no hubo que limitar la búsqueda a golosinas extremas o snacks sino que aparecieron en un budín y bizcochos.

Es decir, en productos incorporados habitualmente a desayunos y meriendas y que pueden tener una percepción bastante menos negativa que una golosina.
En el relevamiento también aparecieron presentaciones de Milka; Cofler; Bon o Bon; KitKat; Oreo y Terrabusi con cuatro advertencias.

En el universo de los snacks, productos de Doritos y Cheetos pueden presentar menos sellos, pero con otra combinación en la que el sodio adquiere protagonismo.
Si bien la cantidad no convierte a los octógonos en un ranking de alimentos saludables y no saludables, encontrar cinco juntos significa que ese producto superó simultáneamente los parámetros que activan todas las advertencias posibles del sistema.

Qué marcas de galletitas y budines tienen cinco sellos negros

En chocolates, galletitas, alfajores y otros productos dulces resulta relativamente sencillo encontrar una combinación de cuatro advertencias. El azúcar puede disparar una; las materias grasas empleadas en la elaboración pueden sumar grasas totales y saturadas y la elevada densidad energética termina agregando el exceso en calorías.

Para llegar a cinco falta sumar el sodio, un dato que resulta particularmente llamativo en los bizcochos azucarados relevados si se tiene en cuenta que un consumidor espera encontrar sodio en papas fritas, nachos o productos salados pero no en un alimento predominantemente dulce.

Sin embargo, el sodio también puede utilizarse en panificados, galletitas, budines y otros productos industriales por razones que van desde el sabor y la estructura hasta el propio proceso de elaboración.

Qué pasa si consumo habitualmente productos con cinco octógonos

En el Budín Artesano Banana con Nuez de Bimbo con supuesta publicidad engañosa se observa de manera especialmente gráfica ya que los cinco octógonos ocupan buena parte de la zona superior del envase, por encima de una denominación y una presentación comercial que remiten a banana, nuez y una elaboración de apariencia artesanal.

En este sentido, la regulación intenta separar la composición nutricional de la percepción que consigue construir una marca mediante imágenes, ingredientes destacados, colores o denominaciones comerciales.

Pero también abre la primera gran discusión para saber qué significa para la salud que estén encendidas las cinco alarmas al mismo tiempo que, no enferman por sí solas, pero que juntas muestran distintos frentes de riesgo.

Comer una porción de budín o algunos bizcochos no provoca automáticamente diabetes, hipertensión ni una enfermedad cardiovascular.

Pero la frecuencia cambia la ecuación, según explican médicos nutricionistas para quienes una dieta en la que productos con alta concentración de azúcar, grasas, sodio y calorías ocupan sistemáticamente desayunos, meriendas, colaciones o postres aumenta la exposición a distintos factores de riesgo.

Los oroductos de Don Satur, lideran el ranking de un relevamiento realizado por Economía Sustentable. (Crédito: Don Satur)

Advierten que como el azúcar y las calorías actúan especialmente sobre el balance energético, cuando la energía ingerida supera de manera habitual la que utiliza el organismo, aumenta la posibilidad de ganar peso.

Además, las grasas saturadas incorporan otro problema por su relación con el colesterol LDL y el sodio agrega un frente diferente por su efecto sobre la presión arterial.

Al respecto, la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC) acaba de utilizar justamente esa combinación para rechazar la eliminación del etiquetado.

La entidad advierte que una alimentación caracterizada por un consumo elevado de productos con exceso de azúcares, grasas saturadas, grasas trans, sodio y calorías contribuye al desarrollo de “obesidad, hipertensión arterial, diabetes tipo 2, dislipidemia y enfermedad cardiovascular aterosclerótica”.

Según la SAC, las enfermedades cardiovasculares continúan siendo la principal causa de muerte tanto en la Argentina como en el mundo.

Cuáles son las golosinas con cuatro advertencias en Argentina

Su consumo elevado aumenta la presión arterial y, sostenido en el tiempo, incrementa el riesgo cardiovascular.

Su presencia en alimentos en los que el consumidor no necesariamente espera encontrar cantidades importantes es precisamente una de las razones por las cuales las organizaciones sanitarias defienden que la advertencia aparezca adelante.

Con los cinco octógonos ocurre entonces que no se trata nada más que de cinco advertencias sobre un único problema sino señales de distintos excesos que pueden impactar por vías diferentes cuando forman parte habitual de la alimentación.

Eso permite entender también por qué cuatro no son simplemente “uno menos”, teniendo en cuenta que ese escalón inmediatamente inferior está lleno de marcas líderes.

Al bajar un peldaño aparecen algunas de las marcas más poderosas de chocolates, golosinas y galletitas al punto que el relevamiento encontró presentaciones de Milka; Cofler; Bon o Bon; KitKat; Oreo y Terrabusi que llegan a cuatro advertencias, fundamentalmente por una combinación de azúcares, grasas totales, grasas saturadas y calorías.

En esos casos suele faltar el sodio para completar los cinco pero, desde el punto de vista nutricional, la diferencia es que desaparece uno de los excesos.
De todos modos, permanecen otros componentes cuyo consumo frecuente puede favorecer un patrón alimentario de alta densidad energética y elevada presencia de azúcar y grasas saturadas.

"Una mano sosteniendo una tira de sellos negros octogonales de etiquetado frontal con las advertencias "Exceso de grasas", "Exceso de grasas saturadas", "Exceso de sodio" y "Exceso de azúcares"
Más de 300 organizaciones respaldaron una declaración contra la derogación del etiquetado frontal. (Crédito: Archivo).

En productos como Doritos y Cheetos, según la variedad, cambia la composición de las advertencias con el azúcar que deja de ocupar el centro y el sodio que gana protagonismo junto con grasas y calorías.

Si alguien utilizara los octógonos como un puntaje, podría concluir que un snack con tres es necesariamente una alternativa mejor que un chocolate con cuatro.
pero esa lectura sería equivocada ya que los expertos entienden que un alimento puede concentrar el problema en azúcar y grasas saturadas; otro, en sodio y grasas.

Ese es uno de los límites del sistema y una de las razones por las cuales incluso especialistas que defienden la existencia del etiquetado aceptan discutir cómo mejorarlo.

Una norma que toca el negocio de las empresas

La advertencia dejó de estar escondida entre números, porciones y porcentajes en el reverso y pasó al lugar más caro del paquete como parte de una pelea sanitaria que también es una pelea por el principal espacio publicitario de las alimenticias

Para una compañía de consumo masivo, el frente de un envase es una pieza de marketing colocada exactamente donde se define una compra. Allí conviven marca, logo, fotografías, colores, ingredientes destacados y conceptos como “artesanal”, “natural”, “con cereales” o cualquier otro atributo permitido que ayude a construir una determinada percepción.

Los octógonos introdujeron una voz que las empresas no controlan al punto que un estudio publicado en la Revista Española de Nutrición Humana y Dietética evaluó 926 productos envasados de siete categorías en supermercados del AMBA.

El trabajo incluyó galletitas y pastelería, bebidas, snacks salados, cereales y barritas, panes envasados, dulces y golosinas, yogures y postres lácteos con un resultado contundente ya que el 88% debía llevar al menos un sello frontal.

Los envases pequeños también llevan sellos. (Crédito: Ministerio de Salud)

Entre los alcanzados, 13,5% carecía de alguna advertencia que correspondía y 11,3% no declaraba adecuadamente los azúcares añadidos.

El estudio encontró además un dato particularmente interesante para una recorrida de supermercado que es que entre 725 productos con sellos evaluados en las góndolas, 42,5% estaba colocado de manera que ocultaba el frente del envase.

Para quienes defienden la ley, el estudio demuestra la magnitud de los excesos que necesitaban hacerse visibles. Para las empresas, abre otra pregunta: si casi todos terminan con alguna advertencia, ¿el sistema sigue permitiendo diferenciar suficientemente entre productos?

Las alimenticias contraatacan

El sector empresario asegura que el problema no es informar sino cómo se informa. Es decir, no plantean que el consumidor deba ignorar cuánto azúcar, grasas o sodio contiene lo que compra sino que la batalla está concentrada en la herramienta.

La posición está encabezada por la Coordinadora de las Industrias de Productos Alimenticios (COPAL), que reúne a buena parte del negocio de alimentos y bebidas y dentro de cuya estructura participan grandes compañías del sector.

La entidad reclama reemplazar el esquema actual por uno armonizado a nivel Mercosur con cuestionamiento central que apunta a los umbrales y al carácter binario del octógono.

Para las empresas, dos alimentos con diferencias importantes en azúcar, grasas o sodio pueden recibir la misma advertencia simplemente porque ambos superaron determinado límite.

Eso produce además una consecuencia económica ya que una compañía puede invertir en reformular un producto, disminuir un nutriente crítico y continuar obligada a exhibir exactamente el mismo octógono si no consigue atravesar el umbral.

Es decir, puede cambiar la receta sin cambiar lo que el consumidor ve adelante lo cual, desde la perspectiva empresaria, debilita uno de los incentivos comerciales para mejorar formulaciones.

La COPAL agrega que alimentación y obesidad no dependen exclusivamente de una etiqueta y que precio, poder adquisitivo, educación alimentaria, costumbres familiares y disponibilidad de alternativas también intervienen en lo que finalmente compra una persona.

El sector empresario asegura que el problema no es informar sino cómo se informar en los envases. (Crédito: Archivo)

La discusión tiene además nombres muy concretos si se tiene en cuenta que detrás de varias de las marcas observadas aparecen gigantes como Mondelez, Arcor, Nestlé, PepsiCo y Bimbo que hacen presión por parte del sector empresariado contra la ley de etiquetado.

No corresponde adjudicar automáticamente a cada compañía todos los argumentos expresados institucionalmente por la cámara.

Pero cualquier cambio regulatorio afecta directamente packaging, publicidad, reformulaciones, lanzamientos y costos de empresas que compiten por miles de millones de pesos dentro de los supermercados.

A partir de estos reclamos, el sector consiguió además que su reclamo dejara de ser defensivo y que sea el Gobierno el que pretende cambiar las reglas.

Discutir mejoras pero sin que desaparezca la advertencia

La respuesta de las organizaciones sanitarias tampoco consiste necesariamente en afirmar que cada detalle del modelo actual sea intocable. La Sociedad Argentina de Cardiología lo expresó con una definición especialmente relevante: “todo sistema regulatorio es perfectible”.

Pero inmediatamente agregó que las eventuales mejoras no deberían confundirse con eliminar una herramienta que considera preventiva.

Para la SAC, preservar las advertencias es especialmente importante porque los nutrientes identificados por los sellos están vinculados con factores de riesgo de enfermedades cardiovasculares.

La organización también advierte que la Ley 27.642 es bastante más amplia que cinco figuras negras ya que incluye regulación de publicidad, promoción y patrocinio, además de disposiciones destinadas a entornos escolares y educación alimentaria.

En igual sentido, la Federación Argentina de Graduados en Nutrición, endureció el tono frente a la posibilidad de armonizar el esquema con el Mercosur al calificar una eventual unificación que reduzca los estándares argentinos como un posible “retroceso del derecho a la salud” y defendió el modelo vigente como uno de los más avanzados de la región.

Una discusión que escaló a niveles insospechados

Más de 300 organizaciones respaldaron una declaración contra la derogación en la cual sostienen que no existen fundamentos sanitarios que justifiquen desarmar la norma y reclama que cualquier decisión se base en evidencia científica sobre la efectividad del etiquetado frontal.

Es una posición casi inversa a la empresaria en donde se argumenta que la enorme cantidad de alimentos alcanzados reduce la capacidad de distinguir.
Las organizaciones sanitarias responden que esa enorme cantidad es precisamente el problema que había que mostrar.

Entre esos dos extremos existe, además, una tercera posición que propone mantener el etiquetado pero revisar criterios, umbrales o mecanismos. Sin embargo, el Mensaje 180/26 del Poder Ejecutivo, identificado como expediente PE-186/26, propone derogar la Ley 27.642 de Promoción de la Alimentación Saludable.

Fue girado a las comisiones de Salud y de Industria y Comercio. Así consta en el Diario de Asuntos Entrados del Senado.

Fecha de publicación: 21/08, 9:07 am