Descubren una telaraña con propiedades únicas que podría revolucionar el desarrollo de nuevos materiales
Un equipo internacional de científicos, con participación del CONICET, logró describir por primera vez un tipo de telaraña con propiedades inéditas.
Un equipo internacional de científicos, con participación clave de un investigador del CONICET, logró describir por primera vez a nivel físico y microscópico un tipo de telaraña con propiedades inéditas, producida por la denominada “araña lanzadora de telas” (Asianopis subrufa), una especie que habita en Australia y Nueva Zelanda.

El hallazgo, publicado en la revista científica PNAS, podría abrir el camino al desarrollo de nuevos materiales industriales y biomédicos inspirados en la naturaleza.
Por qué son telarañas «especiales»
Las telarañas son objeto de estudio desde hace décadas por su extraordinaria combinación de fuerza, elasticidad, resistencia y durabilidad. Sus propiedades ya inspiran investigaciones para fabricar ligamentos y tendones artificiales, suturas quirúrgicas más eficientes, telas ultrarresistentes, paracaídas innovadores y materiales avanzados para la construcción. Sin embargo, el trabajo reciente reveló una arquitectura de hilos nunca antes observada en otra especie de araña.
El estudio permitió comprender en detalle la estructura y función de los hilos que sostienen la telaraña pegajosa, conocidos como radios. Según explicó Martín Ramírez, investigador del CONICET en la División Aracnología del Museo Argentino de Ciencias Naturales “Bernardino Rivadavia”, estos radios presentan un comportamiento singular: comienzan siendo altamente elásticos y se vuelven progresivamente más resistentes a medida que se estiran.

“La novedad de nuestro estudio es que logramos comprender la función y estructura de los hilos que soportan la telaraña pegajosa, llamados radios, de la araña Asianopis subrufa. Estos radios son inicialmente muy elásticos y se vuelven más resistentes a medida que se estiran. Esto se logra por la estructura compuesta de las hebras, que tienen un núcleo de dos fibras gruesas viscoelásticas, y una funda de fibras plegadas, más delgadas y rígidas, que aumentan la resistencia del hilo a medida que se estira la estructura”, señala Ramírez en un comunicado de prensa.
La investigación demostró además que la araña puede regular la elasticidad de estos hilos durante su fabricación. “Cuantos más ciclos aplicados, más bucles se acumulan en la funda y más elástico es el hilo producido. Es destacable además que la elasticidad es reversible, es decir, los radios recuperan su longitud original al relajarse la tensión. Hasta el momento son las únicas arañas que construyen este tipo de fibras compuestas”, puntualiza el científico.
Desde el punto de vista tecnológico, el hallazgo resulta especialmente prometedor. Para el equipo de investigación, el mecanismo observado podría replicarse en materiales artificiales combinando micro o nanofibras rígidas con elastómeros estirados. “Este enfoque abre perspectivas prometedoras para el diseño de materiales. La estructura microscópica de los hilos de las telarañas es continuamente estudiada para inspirar una diversidad de diseños de materiales, ya sea fibras elásticas, adhesivas, desplegables o resistentes”, añade Ramírez.
Una cazadora nocturna con técnicas únicas
La Asianopis subrufa es una araña de hábitos nocturnos, con un cuerpo de unos 25 milímetros y patas que alcanzan hasta seis centímetros de extensión. Posee dos ojos de gran tamaño, altamente sensibles a la oscuridad, y se alimenta de insectos como hormigas, escarabajos, grillos e incluso otras arañas. Su coloración varía entre tonos leonados y marrones, y no representa peligro para las personas.
“Como todas las arañas de la familia Deinopidae, teje una tela adhesiva especial que sostiene entre las patas. Tiene dos estrategias de caza: el ataque frontal, controlado visualmente, consiste en abalanzarse rápidamente con la tela pegajosa sobre un insecto que pase caminando. El ataque hacia atrás, disparado por vibraciones en la frecuencia del aleteo de los insectos, consiste en expandir la tela hacia arriba y atrás, para capturar un insecto volador”, explica Ramírez.

Los radios elásticos y resistentes resultan clave para estas maniobras de caza, ya que “las maniobras de caza de estas arañas requieren gran elasticidad, maniobrabilidad y resistencia”, puntualiza el investigador. Más allá del aporte a la ecología, la genética y la evolución, el estudio refuerza el potencial de la biomimética como fuente de soluciones innovadoras para la industria.
La investigación fue desarrollada por cinco grupos de trabajo de Alemania, Australia y Argentina. Ramírez destacó su participación en el descubrimiento inicial y en los estudios de microscopía electrónica, integrados luego con análisis de propiedades físicas, videos de alta velocidad y registros del proceso de construcción de la tela.
Reconocimiento internacional
El impacto del trabajo también trascendió el ámbito académico. En diciembre pasado, una imagen microscópica de la seda de la Asianopis subrufa tomada por Ramírez ganó la Competencia de Fotografía 2025 de la Royal Society, la sociedad científica más antigua del Reino Unido. La imagen, titulada “Hilos de araña hipnotizantes”, muestra un detalle de apenas 0,05 milímetros de longitud de estos hilos excepcionales.
“Cuando estaba tomando las imágenes de las hebras de seda en nuestro microscopio electrónico del Museo Argentino de Ciencias Naturales, entre las decenas que había tomado ese día (y los cientos en sesiones anteriores), me vi frente a una imagen espectacular de dos de estos radios elásticos, con su núcleo blando y liso y la funda de bucles. Sentí que era una imagen hermosa, poderosa, hipnotizante, y a la vez llena de sentido biológico y físico, y la quise compartir. Es un gran honor haber resultado ganador de este concurso tan prestigioso”, concluyó el investigador del CONICET.















