Cerraron el basural más grande del país pero todavía resta limpiar sus consecuencias
El predio ubicado en Luján dejó de recibir residuos el 1 de julio, después de más de cinco décadas y de recibir hasta 100 toneladas de basura por día. Ahora el desafío será garantizar una verdadera recuperación ambiental y social del lugar.
Después de 52 años de funcionamiento, Luján cerró definitivamente el basural a cielo abierto que durante décadas recibió residuos domiciliarios y llegó a ser considerado el más grande de la Argentina. Desde el 1 de julio, el predio dejó de recibir nuevas bolsas de basura y el municipio comenzó a implementar un nuevo esquema para la disposición final de los residuos.
La clausura representa un cambio importante para el distrito, pero también abre una pregunta que excede el anuncio del cierre: ¿qué cambió realmente desde que el último camión dejó de descargar basura?

Durante años, el predio recibió más de 100 toneladas de residuos por día, acumulando enormes cantidades de basura y convirtiéndose en uno de los principales focos de preocupación ambiental de Luján. Ahora, el municipio reorganizó el sistema de recolección para que el 100% de los residuos domiciliarios sea trasladado al CEAMSE para su disposición final.
El dato más importante, entonces, es que el basural ya no recibe residuos. Pero eso no significa que el problema ambiental generado durante más de medio siglo haya desaparecido.
El cierre implica, en primer lugar, impedir que continúe la acumulación de basura en el lugar. También supone controlar que el predio no vuelva a convertirse en un punto de descarga ilegal y avanzar sobre las consecuencias que dejó una actividad que se extendió durante más de cinco décadas.
Para evitar nuevos ingresos de residuos, se implementó un esquema de control de accesos y vigilancia perimetral. La medida busca garantizar que la clausura sea efectiva y evitar que particulares o vehículos vuelvan a utilizar el predio para arrojar basura.
Pero mantener cerrado el basural es apenas una parte de la tarea. El verdadero desafío comienza ahora: qué hacer con un terreno que durante 52 años funcionó como depósito de residuos a cielo abierto.
Qué pasa con el basural de Luján después de su cierre definitivo
La clausura obliga a pensar en el futuro del predio y en los efectos ambientales acumulados durante décadas. El cierre evita que ingresen nuevos residuos, pero no elimina automáticamente los que ya fueron depositados ni las consecuencias derivadas de su acumulación.
Por eso, una de las cuestiones centrales de esta nueva etapa será determinar cómo se realizará la recuperación del lugar y qué medidas serán necesarias para reducir progresivamente el impacto generado por los residuos acumulados durante años.
El municipio también deberá sostener los controles para impedir que la clausura sea solamente administrativa. Si el predio vuelve a recibir residuos de manera clandestina, el problema podría reproducirse en otro formato.

Al mismo tiempo, el cierre modificó una dinámica que durante décadas formó parte de la economía informal de numerosas personas que ingresaban al basural para recuperar materiales reciclables.
La situación de los recuperadores informales constituye uno de los principales desafíos sociales de la clausura. Durante años, muchas personas dependieron de la recuperación de materiales como fuente de ingresos, por lo que el cierre del predio también significó el final de esa actividad en el lugar.
Frente a esta situación, el municipio puso en marcha un proceso de transición que contempla capacitaciones y la incorporación de recuperadores a un esquema cooperativo.
El objetivo es trasladar las tareas de recuperación hacia un sistema formalizado y fortalecer el funcionamiento del Centro de Reciclaje Manuel Belgrano, con mejores condiciones laborales y una alternativa de ingresos para quienes dependían de la actividad dentro del basural.
El proceso cuenta además con el acompañamiento de la Provincia de Buenos Aires y del Consejo Federal de Inversiones (CFI).
La cuestión será determinar si esa transición logra efectivamente incorporar a los trabajadores que dependían del basural o si una parte de ellos queda por fuera del nuevo sistema.
Separación de residuos y reciclaje son los próximos desafíos de Luján
El cierre del basural también obliga a modificar la manera en que Luján gestiona sus residuos. Si toda la basura domiciliaria comienza a trasladarse al CEAMSE, el municipio deberá avanzar al mismo tiempo en estrategias que permitan reducir la cantidad de residuos que genera la población y aumentar la recuperación de materiales reciclables.
En ese sentido, las autoridades plantean aumentar la separación de residuos en los hogares, impulsar la recolección diferenciada y ampliar los puntos verdes.
El objetivo es que una mayor cantidad de materiales pueda ser recuperada antes de llegar a los sistemas de disposición final. Esto resulta particularmente relevante en un escenario en el que el histórico basural dejó de ser una alternativa para la disposición de los residuos del distrito.
La diferencia entre cerrar un basural y solucionar el problema de los residuos está precisamente ahí. El primer paso consiste en dejar de arrojar basura; el segundo, en construir un sistema capaz de evitar que esa basura vuelva a acumularse de la misma manera en otro lugar.
Después de 52 años, Luján logró que el predio deje de recibir residuos. Es un cambio concreto, pero no suficiente por sí solo para hablar de una solución ambiental definitiva.
Ahora comienza una etapa mucho menos visible que la inauguración de un cierre: controlar el terreno, atender las consecuencias ambientales de décadas de acumulación, formalizar a los recuperadores y reducir la cantidad de residuos que llegan a disposición final.
El basural ya no recibe las 100 toneladas diarias que durante años llegaban al predio. La pregunta que queda abierta es si Luján consiguió solamente cerrar el lugar donde acumulaba sus residuos o si está construyendo un sistema diferente para gestionar la basura.















