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Alimentación

Cómo reducir los agrotóxicos de frutas y verduras con métodos que sí funcionan

Aunque la presencia de fitosanitarios en la producción convencional preocupa a los consumidores, existen técnicas sencillas de limpieza y hábitos de compra que ayudan a reducir la exposición a químicos en la cocina de todos los días.

dos manos sostienen un bowl de frutillas mientras son lavadas en la pileta de una cocina. (Crédito: .istockphoto)

En la búsqueda constante por mantener una alimentación saludable, las frutas y verduras ocupan un lugar fundamental en la dieta cotidiana. Sin embargo, junto con el entusiasmo por incorporar productos frescos, suele aparecer una duda recurrente en el plato de todos los días: ¿cuál es la carga real de agroquímicos que contienen los alimentos de la verdulería y qué podemos hacer en casa para reducirla?

Esta preocupación impulsó la multiplicación de recomendaciones caseras en redes sociales, que van desde trucos tradicionales hasta recetas virales con vinagre, bicarbonato, detergente o lavandina. Sin embargo, muchas de estas prácticas no solo carecen de respaldo técnico, sino que en algunos casos pueden resultar contraproducentes o peligrosas para la salud.

Cómo reducir los agrotóxicos de frutas y verduras con métodos que sí funcionan (Crédito: .istockphoto)

Para entender el recorrido que hacen los alimentos desde el suelo hasta la cocina, diferenciar los métodos eficientes de los falsos mitos y saber dónde comprar con mayor tranquilidad, consultamos a dos especialistas del sector: el ingeniero agrónomo Bruno Riboldi, referente de divulgación agrícola en redes como La Joya Agro (@lajoya.agro), y Candela Corvalán, Técnica Agropecuaria y Agroalimentaria egresada de la UBA (@cande.corva).

El camino de los fitosanitarios: del campo a la verdulería

Para abordar la problemática con rigor, el primer paso consiste en precisar el lenguaje técnico y entender cómo funcionan estos insumos en el cultivo de alimentos masivos.

“Primero, una aclaración sobre el término: desde hace años, a nivel técnico y regulatorio, el término ‘agroquímicos’ fue siendo reemplazado por ‘productos fitosanitarios’, que son aquellos destinados a proteger la sanidad de los cultivos”, explica el ingeniero agrónomo Bruno Riboldi.

En la producción agrícola, estos insumos se aplican en el primer eslabón de la cadena para controlar malezas, plagas y hongos que podrían comprometer la cosecha. Según la forma de aplicación y el tipo de cultivo, los residuos pueden quedar depositados en la piel o, en ciertos casos, ser absorbidos por la estructura del vegetal.

No obstante, los expertos coinciden en que la presencia de estos productos no convierte automáticamente al alimento en un peligro, ya que existen normativas de aplicación estrictas.

Agua potable y fricción mecánica es la técnica más confiable y respaldada. (Crédito: .istockphoto)

“Que una fruta o verdura haya sido producida con fitosanitarios no significa que sea peligrosa al comerla, porque estos productos están regulados. Tienen dosis y condiciones de uso establecidas; no es que cada uno aplica lo que quiere”, enfatiza Candela Corvalán.

En la misma línea, Riboldi agrega que para garantizar la inocuidad se deben respetar los tiempos del campo: “Cada producto tiene una dosis autorizada y un período de carencia, que es el tiempo mínimo que debe transcurrir entre la última aplicación y la cosecha. Cuando se utilizan correctamente, los residuos se mantienen por debajo de los Límites Máximos de Residuos (LMR), establecidos con márgenes de seguridad para proteger al consumidor”.

Métodos caseros en la cocina: qué sirve y los riesgos de las redes

Una vez que la compra llega al hogar, la rutina de limpieza es el paso clave para remover restos de tierra, microorganismos y depósitos químicos superficiales.

  • Agua potable y fricción mecánica: Es la técnica más confiable y respaldada. Lavar bajo el chorro de agua corriente frotando enérgicamente con las manos —o con un cepillo suave o esponja en alimentos de piel firme— elimina la mayor parte de las impurezas de la cáscara.
  • Pelado y retiro de capas externas: En verduras de hoja (como lechugas o repollos), descartar las hojas exteriores remueve la superficie expuesta. Pelar frutas de piel gruesa elimina los depósitos de contacto, aunque los especialistas recuerdan que esto conlleva perder parte de la fibra y las vitaminas presentes en la cáscara.

Frente a las tendencias virales de internet que promueven soluciones caseras complejas, Corvalán advierte sobre el uso desmedido de sustancias domésticas: “Lo más confiable es lo básico: lavar muy bien con agua potable raspando con las manos o con un cepillo. Aunque en redes sociales muestren trucos como usar vinagre, bicarbonato, detergente o lavandina, recurrir a esos productos químicos fuertes no corresponde y puede ser peligroso. Lo mejor es enfocarse en el lavado mecánico tradicional”.

Por su parte, Riboldi coincide en evitar la sobrequimización de los alimentos en casa:
“Lavar con agua potable mediante fricción ayuda a remover tierra, microorganismos y parte de los residuos superficiales. No hace falta recurrir a detergentes ni a productos químicos domésticos”.

¿Dónde y cómo comprar para reducir la carga de químicos?

Para quienes buscan alternativas a la verdulería tradicional, la oferta actual abarca desde ferias agroecológicas hasta circuitos con certificación orgánica. Sin embargo, existen ciertos matos sobre lo que implica comprar “sin químicos”.

“Para el consumidor que busca bajar el nivel de químicos, se puede optar por alimentos orgánicos certificados. Pero atentos: eso no significa que no se utilice ningún insumo; la producción orgánica también utiliza fitosanitarios autorizados para controlar plagas en dosis y niveles aceptados”, aclara el creador de @lajoya.agro.

Para quienes buscan alternativas a la verdulería tradicional, la oferta actual abarca desde ferias agroecológicas hasta circuitos con certificación orgánica. (Crédito: Archivo)

Para Corvalán, la clave para una compra más consciente pasa por buscar canales directos de comercialización y dialogar con los productores: “Lo más importante es saber cómo fue producido el alimento y que se hayan respetado las buenas prácticas. Una gran opción es comprar frutas y verduras de producción orgánica o agroecológica directamente a los productores en ferias o mercados locales —como la Feria de Agronomía—, lo que permite preguntarles directamente cómo producen, qué insumos utilizan y de dónde vienen los alimentos”.

Asimismo, Riboldi concluye que el foco técnico debe estar puesto en las Buenas Prácticas Agrícolas (BPA) a lo largo de toda la cadena: “Más que hablar de alimentos ‘con’ o ‘sin’ químicos, lo importante es hablar de cómo fueron producidos: que los productos estén autorizados, que se respeten las dosis y los períodos de carencia. El objetivo final es que el alimento que llega al consumidor sea seguro”.

Hábitos sostenibles para una mesa más limpia

Proteger la salud a través de la comida no requiere eliminar las frutas y verduras por temor a los residuos sintéticos. Por el contrario, la comunidad científica y médica coincide en que los beneficios nutricionales de consumir vegetales superan con creces cualquier riesgo potencial.

Incorporar pautas simples —como lavar con agua potable y fricción en la pileta, priorizar productos de estación y diversificar los lugares de compra apoyando a ferias locales— permite disfrutar de una mesa variada, nutritiva y segura todos los días.

Fecha de publicación: 20/08, 6:16 pm