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Consumo

Los cereales de Kellogg’s y otras marcas se venden como nutritivos pero son una bomba de azúcar y aditivos

Aunque se presentan como una fuente de energía para empezar el día, gran parte de los cereales de desayuno son productos ultraprocesados con perfiles nutricionales similares a los de las galletitas y las golosinas.

En los pasillos de cualquier supermercado argentino, hay góndolas completas dedicadas a los cereales de desayuno: una categoría ajena a nuestra dieta tradicional para empezar el día, que fue instalándose de a poco. Hoy resulta un consumo habitual y generalizado, dirigido a los niños en particular. Pero aunque se los llame cereales, dentro de la caja no hay mucho más que harina refinada, azúcar, grasas de mala calidad y colorantes en la amplia mayoría de los casos. Técnicamente son galletitas o incluso golosinas con forma de bolita, aro o almohadita, presentadas con el eufemismo “cereal”. Lo que esconden las cajas que desayunan los chicos argentinos.

Galletitas con otro nombre

Del punto de vista técnico, buena parte de estos productos parte de una base de harinas refinadas de maíz, arroz o trigo, extrudidas, infladas o laminadas, y luego recubiertas o rellenas con una mezcla de azúcar, grasa (en algunos casos hidrogenada), cacao en polvo, saborizantes y colorantes. Es la misma matriz que la de una galletita dulce industrial o algunas golosinas, descontando un baño cobertura. Cambia el formato (bolita, aro, hojuela) y el canal de consumo asociado, el desayuno familiar, que carga con una connotación de rutina saludable que la golosina no tiene. Ese desplazamiento simbólico, de la indulgencia ocasional al alimento de todos los días, es lo que más preocupa a los profesionales de la salud.

Especialistas advierten que muchos de los cereales de desayuno dirigidos a niños son, en realidad, productos ultraprocesados con altas cantidades de azúcar, grasas y aditivos

Naida Porreca es médica especializada en Nutrición. Reflexiona: “Genera confusión que se los llame “cereales de desayuno”, no solo haciendo referencia a un grupo de alimentos sino a un momento del día. Desde la nutrición, siempre recomendamos incorporar todo tipo de cereales a la alimentación, pero cuando lo hacemos hablamos de arroz, avena, maíz, incluso pseudocereales como la quinoa o el sarraceno. Eso no quiere decir que cualquier producto ultraprocesado envasado, industralizado, con una pizca de estos ingredientes, sea realmente considerable como un cereal en sí. Lo que conocemos como cereales de desayuno son ultraprocesados dirigidos a niños, a las familias, presentándolos como una fuente de energía de consumo diario y una solución rápida para empezar el día. Si el consumo fuera ocasional, no pasaría a mayores. Pero no hay nada más lejos de un alimento real y son poco aconsejables para la dieta cotidiana de los chicos: contienen aditivos, colorantes, grandes cantidades de azúcar, hay que desarmar lo que creemos que son para reubicarlos y consumirlos por lo que son, si es que se desea.”

Un informe de 2024 del CESNI/CONICET/UBA reprocesó la ENGHo 2017-18, la ronda más reciente de la Encuesta nacional de gastos en los hogares del INDEC, y relevó un dato llamativo. El consumo de productos como cereales de desayuno y barritas de cereales aumenta fuertemente junto al nivel de ingreso del hogar: pasa de 0,7 g/AdEq/día en el quintil de menores ingresos a 2,6 g/AdEq/día en el quintil de mayores ingresos. Casi cuatro veces más. Con el clima educativo del hogar la brecha es todavía mayor: 0,7 g en hogares de clima educativo bajo contra 3,9 en los de clima educativo alto, más de 5 veces más. El consumo de “cereales” sube con el poder adquisitivo y la educación del hogar, lo que evidencia la confianza de las familias con más dinero y más acceso al saber en productos como éstos para sus hijos, prefiriéndolos por sobre galletitas, por ejemplo.

Estos cereales tienen un perfil nutricional similar al de las galletitas o las golosinas

Del tigre Tony a los Flynn Paff en el desayuno

El Tigre Tony, mascota de las Zucaritas en el mercado hispanoamericano, es el emblema de los copos azucarados de maíz de Kellogg’s.  Durante décadas fue ganador indiscutido del sector, y su slogan “Sacá el tigre que hay en vos” era reconocido por todos. Las Zucaritas aportan 12 gramos de azúcar por porción, 30 gramos de producto: el 40% del peso del cereal es azúcar añadida. Aún en comparación con otros productos en la misma góndola que llevan rellenos o chocolate, es un porcentaje elevado. Con la Ley 27.642 de Etiquetado Frontal, ese perfil se traduce en sellos negros de exceso en azúcares y calorías.

Marcas como Zucaritas, Snuks y Flynn Paff concentran ingredientes cuestionados por profesionales de la salud, mientras el marketing y la percepción de que son una opción saludable favorecen su consumo cotidiano en los hogares argentinos

Las Zucaritas son solo una de muchas versiones de un rubro que las familias llaman “cereales” para incluirlo en su alacena diaria y cada vez se aleja más de esa definición. Otros segmentos masivos son las bolitas de chocolate, categoría con marcas como Baloncitos (Granix), las almohaditas rellenas y las arandelitas de colores, estas últimas incluyendo el fuerte despliegue en supermercados de Snuks, una línea “sin TACC” para celíacos.

Quitar el gluten no vuelve más sano al producto; de hecho, suele empeorar su perfil nutricional. Las almohaditas de chocolate Snuks llevan, entre sus ingredientes, aceite vegetal hidrogenado además de azúcar, cacao en polvo y saborizantes artificiales. Las grasas completamente hidrogenadas no son fuente de grasas trans (como las parcialmente hidrogenadas, hoy prohibidas en Argentina) pero transforman el aceite en una grasa 100% saturada de forma artificial, que eleva el colesterol LDL (“malo”), incrementando el riesgo cardiovascular a largo plazo. Son aceites sometidos a una hidrogenación y también a un refinado industrial a más de 200° C, por lo que pueden contener ésteres glicidílicos, subproductos químicos considerados potencialmente genotóxicos y cancerígenos. En el proceso de exposición al calor pierden ácidos grasos insaturados beneficiosos que se encuentran originalmente en la grasa, convirtiéndose en calorías vacías que solo aportan hiperpalatabilidad al producto fomentando el sobrepeso. Los aritos frutales Snuks, por su parte, llevan una batería de colorantes sintéticos: rojo allura (INS 129), azul brillante (INS 133) y riboflavina, combinación que reproduce casi exactamente el patrón de aditivos que distintas agencias sanitarias vienen cuestionando en los últimos años.

La sustitución de harinas con gluten por harina de maíz o de arroz evita el riesgo directo para los celíacos, pero a costa de la fibra; en muchos casos, se compensa la pérdida de estructura de la masa con más grasa o más aditivos. El resultado es un producto que carga el “sello de salud” de lo apto-celíaco mientras mantiene —o empeora— los ejes que la ley de etiquetado busca advertir: azúcares, grasas y calorías. La Dra. Porreca concluye: “Si basamos una alimentación con o sin gluten en productos ultraprocesados estamos en un problema. Necesitamos promover una alimentación basada en alimentos reales, con mínimo consumo de este tipo de productos, y revisar la formulación de los que se seleccionan, porque muchas veces pasa, como en este caso, que impulsados por la necesidad de asegurar una dieta libre de TACC se cae en un patrón alimentario problemático”.

Cuando ya no parece posible “golosinizar” más el rubro, aparecen en la góndola los cereales Flynn Paff. La conocida marca de caramelos masticables tiene su versión de desayuno sabor tutti frutti. La lista de ingredientes combina tres harinas refinadas, ninguna más beneficiosa que la de cualquier galletita: la cantidad de fibra que brindan es prácticamente nula. El perfil de estas harinas no se acerca ni remotamente al aporte de un cereal integral. El segundo ingrediente en cantidad de la fórmula es el azúcar, y el cuarto, el aceite vegetal interesterificado. “Las grasas interesterificadas surgen como una alternativa de la industria alimentaria al reconocerse que las parcialmente hidrogenadas generan ácidos grasos trans y por ende son altamente nocivas para la salud cardiovascular”, explica la Dra. Porreca. “El problema es que no podemos decir que las interesterificadas son inocuas, sino que no tenemos aún suficiente evidencia para catalogarlas como las hidrogenadas. Entonces por ahora están permitidas”.

Color, color…

El rojo allura (E129 o Rojo 40) y el azul brillante (E133), presentes en varios cereales infantiles vendidos en Argentina, integran la lista de los llamados “Seis de Southampton”: colorantes que un estudio encargado por la agencia de seguridad alimentaria británica asoció a un aumento de la hiperactividad infantil. “Hay que ver el patrón alimentario completo en cada hogar”, matiza Porreca, “porque la evidencia específica de cada colorante y la relación con alteraciones de la conducta no tienen causa y efecto probada, sobre todo pensando en el elevado consumo de azúcar que se combina implícitamente, que también afecta la actividad de los niños. Es muy difícil separarlo”. Desde 2010 la Unión Europea exige que los productos con esos aditivos lleven una leyenda de advertencia sobre “efectos adversos en la actividad y la atención de los niños”, aunque no los prohíbe. En Estados Unidos, la FDA evaluó en años recientes avanzar hacia restricciones más duras sobre colorantes derivados del petróleo, y el Rojo 3  ya está vedado en la Unión Europea por su asociación con tumores tiroideos en modelos animales, mientras sigue autorizado en buena parte de Latinoamérica, Argentina incluida.

El problema del que participan los cereales del desayuno es multifactorial, y no puede reducirse ni a los colorantes, ni al azúcar ni a las grasas nocivas, aunque todo sea parte. Según relevamientos citados por UNICEF Argentina, el exceso de peso afecta hoy a cerca del 30% de los escolares del país, en un cuadro que distintos especialistas atribuyen, entre otros factores, al reemplazo de comidas caseras por productos ultraprocesados. Comestibles con exceso de azúcares, grasas y sodio, y con estrategias de marketing dirigidas a la infancia que según el mismo informe son particularmente frecuentes en la promoción de snacks dulces y cereales procesados de desayuno. La Dra. Porreca confirma: “La imagen que fue construida alrededor de los cereales de desayuno está diseñada para que se los elija por encima de las galletitas, incluyendo la salud como criterio, pero la verdad es que no están muy lejos en su fórmula. Son la misma mezcla de ingredientes con distinta apariencia y exhibición en la góndola. La base es la misma. Pasa lo mismo con las gaseosas y las aguas saborizadas: muchas familias eligen las segundas porque parecen menos malas y la realidad es que son todas lo mismo”.

Fecha de publicación: 06/08, 8:10 am