La Ciudad crea una red de refugios climáticos para enfrentar el aumento del calor extremo
El Gobierno porteño habilitará espacios diseñados para responder al aumento sostenido de las temperaturas prevista para las próximas décadas.
La Ciudad de Buenos Aires tendrá una red formal de refugios climáticos para proteger a la población durante las olas de calor, una amenaza que el propio gobierno porteño considera cada vez más frecuente, intensa y prolongada como consecuencia del cambio climático.
Se trata de un programa que permitirá utilizar edificios públicos y establecimientos privados como lugares de acceso gratuito en los que las personas podrán reducir temporalmente su exposición, sentarse y permanecer en condiciones térmicas más seguras durante los momentos críticos del verano.
Los refugios podrán funcionar en ambientes refrigerados, pero también en patios, jardines y sectores exteriores con sombra y ventilación.

La Ciudad crea refugios climáticos para protegerse del calor extremo
Deberán mantenerse limpios, disponer de asientos o superficies de descanso y abrir durante los episodios de altas temperaturas que se registren entre el 1 de diciembre y el 31 de marzo.
La obligación se extenderá a los eventos que ocurran fuera de ese período, una previsión relacionada con la aparición de olas de calor cada vez más tempranas o tardías.
La medida fue dispuesta mediante la Resolución 19/SSAMB/26, firmada el 7 de septiembre pasado por la subsecretaria de Ambiente, María Inés Persini, y publicada tres días después en el Boletín Oficial de la Ciudad.
La norma creó el “Programa de Red de Refugios Climáticos”, aprobó sus lineamientos, estableció una carta de adhesión y desarrolló un distintivo oficial que llevarán los lugares incorporados al sistema que también aparecerán en un mapa de la página del gobierno porteño y en Google Maps, con sus direcciones, horarios y servicios.
De esta forma, la decisión transforma a los refugios en una herramienta permanente de adaptación urbana y los incorpora a la estrategia de Buenos Aires frente al calentamiento global, como la licitación clave para auditar sus metas de descarbonización.
De acuerdo a la norma oficial, la red estará integrada por dependencias estatales y podrá sumar empresas, comercios, clubes, universidades, museos, bibliotecas, centros culturales, fundaciones, templos y asociaciones civiles.
A partir de esta amplitud, el gobierno porteño busca aprovechar la infraestructura ya disponible en los barrios y aumentar la cobertura sin depender exclusivamente de nuevos edificios públicos.
El aumento de las temperaturas eleva la exposición al calor en Buenos Aires

La creación del programa responde a una tendencia que ya aparece documentada en los registros porteños como en el Plan de Acción Climática 2050 en donde se recuerda que, entre 1960 y 2018, la temperatura media y la máxima promedio anual de Buenos Aires aumentaron un grado, mientras que la mínima promedio se incrementó hasta 1,7 grados.
El ascenso de las mínimas tiene una incidencia particular porque reduce el alivio nocturno teniendo en cuenta además que cuando las calles, las viviendas y los edificios no consiguen liberar el calor acumulado durante el día, las personas comienzan la jornada siguiente sin haberse recuperado completamente de la exposición anterior.
Además, las proyecciones indican que el proceso continuará y que, por ejemplo, en un escenario intermedio de emisiones, la temperatura máxima podría aumentar otros 1,2 grados hacia 2050 y 1,6 grados hacia 2100, en tanto que si las emisiones siguen una trayectoria elevada, el incremento llegaría a 1,7 grados a mediados de siglo y a 3,8 grados hacia su final.
El escenario trazado por la Ciudad prevé que los episodios serán también más extensos, tal como lo advierte Inés Camilloni, doctora en Ciencias de la Atmósfera, investigadora de la UBA y el Conicet, para quien “en los próximos 20 años, en la Ciudad de Buenos Aires aumentará el número de días que formen parte de una ola de calor”.
La experta, quien también es integrante del Consejo Asesor Externo de Cambio Climático, agregó que también aumentarán la frecuencia y la intensidad de las precipitaciones extremas.
En ese sentido, su evaluación ubica a los refugios dentro de una necesidad más amplia de adaptación como es la de prepararse simultáneamente para temperaturas más elevadas, lluvias intensas y otros eventos capaces de alterar la infraestructura y la vida cotidiana.
La decisión del gobierno porteño también tiene en cuenta las consideraciones del Servicio Meteorológico Nacional (SMN), que considera la persistencia simultánea de máximas y mínimas superiores a los valores característicos de cada localidad durante al menos tres días consecutivos.
El organismo advierte que, durante una sucesión de noches calurosas, las viviendas permanecen recalentadas, aumenta el consumo de los equipos de refrigeración y el organismo pierde capacidad para recuperarse causando efectos sanitarios que tampoco desaparecen inmediatamente con la llegada de un frente frío.
Las descompensaciones, internaciones y muertes asociadas con enfermedades agravadas por el calor pueden continuar durante los días posteriores, especialmente luego de los eventos prolongados.
Por esa razón, el gobierno porteño sostiene en los fundamentos de la resolución que “las olas de calor se encuentran entre las amenazas naturales más letales y pueden provocar fallecimientos evitables en las zonas urbanas”.
En este sentido, una investigación realizada por especialistas vinculados con la Universidad de Buenos Aires y el Ministerio de Salud de la Nación analizó la mortalidad durante las olas de calor registradas en la Ciudad entre 2005 y 2015.
El trabajo encontró una asociación entre esos episodios y el aumento de la mortalidad general y también identificó diferencias según la duración, el sexo, la edad y las causas de las defunciones.
Por eso, la evaluación científica del documento refuerza la necesidad de combinar las alertas con acciones capaces de reducir la exposición real y asegura que un ambiente fresco puede aliviar la carga térmica, aunque no sustituye la atención médica cuando aparecen síntomas graves.
En el mismo sentido, la Organización Mundial de la Salud (OMS), sostiene que los planes contra el calor deben integrar sistemas de alerta temprana, identificación de la población vulnerable, comunicación preventiva, preparación sanitaria y disponibilidad de lugares frescos.

La exposición al calor cambia según el barrio y la vivienda
Aunque el pronóstico meteorológico abarque a toda la Ciudad, la exposición no es uniforme ya que, según expertos en el tema, la concentración de edificios, las superficies asfaltadas, el tránsito y la escasez de vegetación elevan la temperatura, pero esas condiciones varían entre barrios.
Además, aseguran que, durante el día, paredes, techos y pavimentos absorben radiación y por la noche liberan lentamente la energía acumulada e impiden que el ambiente se enfríe al mismo ritmo que en las zonas menos edificadas.
Ese fenómeno, conocido como isla de calor urbana, se intensifica con la reducción de superficies absorbentes y el calor liberado por vehículos, industrias y equipos de aire acondicionado.
En ese contexto, el acceso a un lugar fresco deja de ser una cuestión de comodidad y se convierte en una necesidad ambiental, sanitaria y económica.
Cómo funcionará la red de refugios climáticos y qué espacios podrán sumarse
De hecho, el Anexo I de la norma establece que podrán integrar la red de refugios climáticos las entidades públicas, las personas jurídicas privadas y las organizaciones sin fines de lucro que tengan domicilio legal o establecimientos en la Ciudad.
La definición permite incorporar compañías, comercios, bancos, universidades, clubes, centros culturales, museos, bibliotecas, asociaciones barriales, fundaciones y templos, además de las dependencias porteñas.
La norma explica que cada institución deberá destinar un espacio interior o exterior que garantice condiciones térmicas de frescura y confort durante su horario de funcionamiento.
Pero no exige que todos los lugares tengan aire acondicionado ni fija una temperatura obligatoria y asegura que un establecimiento podrá ofrecer una sala refrigerada, mientras que otro podrá habilitar un patio con sombra, vegetación, bancos y circulación de aire.
En todos los casos, el acceso deberá ser temporario y gratuito y las personas podrán ingresar para protegerse del calor sin quedar obligadas a realizar una compra, pagar una entrada o participar de otra actividad.
Los espacios tendrán que abrir durante las jornadas de altas temperaturas y olas de calor comprendidas entre diciembre y marzo, además de hacerlo cuando esas condiciones se produzcan fuera de la temporada.
La amplitud de la convocatoria oficial permitirá incorporar lugares con características diferentes y con una prestación que tampoco será uniforme.
La carta de adhesión solicita que cada establecimiento indique si dispone de puestos de hidratación, bancos, sombra, ventilación, aire acondicionado, baños públicos y conexión Wi-Fi.
En cuanto a la provisión de agua potable también dependerá de las posibilidades del lugar, ya que los anexos exigen garantizarla “en lo posible”.
Esa flexibilidad facilitará la incorporación de edificios con distinta infraestructura, aunque hará indispensable informar con precisión qué encontrará el usuario.
Un mapa para mostrar dónde encontrar alivio
Los lugares aceptados por el gobierno porteño recibirán un distintivo de Refugio Climático que deberán colocar en un sector visible y que permitirá reconocer desde la vía pública cuáles son los espacios incorporados.
Al mismo tiempo, la Ciudad publicará su ubicación en una plataforma propia y en Google Maps en donde deberá informar los horarios, la capacidad y los servicios disponibles, porque una dirección sin datos actualizados puede perder utilidad durante una emergencia.
La precisión será especialmente importante durante los fines de semana, los feriados y las vacaciones, cuando edificios públicos, universidades y otras instituciones suelen reducir su actividad.
También se llevará a cabo un estudio para determinar la ubicación de los refugios climáticos para evitar, por ejemplo, una concentración de este tipo de espacios en el centro o en los corredores comerciales y para dejar sin cobertura a barrios con menor vegetación y viviendas más expuestas.
En este sentido, la eficacia se medirá por la cercanía y disponibilidad real de los espacios, no solamente por la cantidad de puntos incorporados al mapa, aunque la incorporación a la red dependerá de una evaluación ambiental previa.
El referente de cada establecimiento deberá completar la carta de adhesión y enviarla a [email protected]., informando el nombre y la dirección del espacio, su domicilio legal, los días y horarios, los servicios ofrecidos y los datos de las personas encargadas de mantener el contacto con el programa.
La Gerencia Operativa de Cambio Climático revisará la documentación y se comunicará con la institución para confirmar su incorporación.
En tanto, la Dirección General de Política y Estrategia Ambiental, encabezada por Carolina Theler, actuará como unidad ejecutora y podrá excluir a los participantes que dejen de reunir las condiciones.
Cabe aclarar que la adhesión al sistema no generará compromisos económicos o financieros para el gobierno porteño ya que cada participante deberá afrontar la limpieza, el personal, la refrigeración, el mantenimiento, la seguridad y los restantes costos.
También tendrá que contratar los seguros necesarios y asumir las responsabilidades legales, contractuales o extracontractuales derivadas del funcionamiento.
De hecho, los anexos establecen que los adherentes deberán mantener indemne a la Ciudad frente a reclamos o demandas iniciados por terceros como consecuencia de actos u omisiones ocurridos en el refugio.
La relación tampoco creará un vínculo laboral, empresarial, societario o asociativo a tal punto que si el gobierno que orienta Jorge Macri decide finalizar el programa, esa medida no generará derechos indemnizatorios.
Como reconocimiento, los participantes recibirán el distintivo y serán incluidos en los canales oficiales de comunicación.
Por otro lado, se establece que antes del comienzo de cada temporada, los trabajadores de los refugios tendrán que realizar una capacitación anual sobre cambio climático y estrategias de adaptación.
La formación será organizada por la Gerencia Operativa de Cambio Climático y buscará que el personal conozca la finalidad de la red, las recomendaciones preventivas y el procedimiento ante una emergencia.
Los refugios, sin embargo, no serán centros de asistencia médica. La carta de adhesión establece que, frente a una urgencia, los responsables deberán comunicarse con el SAME mediante el número 107.
Los empleados podrán facilitar el ingreso, indicar los servicios y pedir ayuda, pero no estarán encargados de diagnosticar ni tratar golpes de calor, deshidratación u otras afecciones.
Cada lugar decidirá también si acepta animales y cuando los admita, deberán ingresar conducidos de manera responsable mediante rienda y pretal o collar y, cuando corresponda, bozal.
Un debate ya planteado en la Legislatura
La necesidad de una política específica había ingresado en la Legislatura porteña en diciembre de 2023, cuando fue presentado un proyecto para crear un Programa de Acción Integral contra los Efectos de las Olas de Calor.
La iniciativa proponía coordinar la respuesta con las 15 comunas, identificar las zonas más expuestas, organizar reuniones con vecinos, trabajar con centros de jubilados y desarrollar alertas rápidas.
También contemplaba garantizar agua potable, refugios climatizados y atención médica, además de aumentar el arbolado, incorporar superficies absorbentes y promover techos verdes, fachadas vegetadas y pinturas reflectantes.
El proyecto definía a los refugios como espacios accesibles, acondicionados a 24 grados, con agua y áreas de descanso.
Con la actual resolución se retomó esa herramienta, pero con un esquema más flexible que admite lugares interiores o exteriores, no establece una temperatura obligatoria, permite prestaciones diferentes y excluye la asistencia médica.
Además, la red se incorpora al Plan de Acción Climática 2050, elaborado para avanzar hacia una Buenos Aires carbono neutral, resiliente e inclusiva.
Durante años, buena parte de la agenda climática estuvo concentrada en la mitigación mediante la reducción de emisiones, la eficiencia energética, la movilidad sustentable, las energías renovables y el tratamiento de residuos.
Pero los refugios pertenecen al campo de la adaptación porque buscan reducir los daños de fenómenos que ya ocurren y preparar a la sociedad y la infraestructura para cambios que ya no pueden evitarse completamente.
El proceso oficial elegido se basa también en ejemplos de otras ciudades del mundo como el caso de Barcelona, que desarrolló una de las redes más amplias mediante bibliotecas, centros cívicos, escuelas, museos, parques, jardines y piscinas.
Después sumó farmacias, comercios y otras instituciones privadas para cubrir zonas alejadas de los grandes equipamientos.
Su experiencia mostró que la cantidad de refugios no es el único indicador ya que quedó en claro que también importan la proximidad, la apertura durante fines de semana, el funcionamiento en vacaciones y la continuidad durante las alertas.
Otro caso es el de París, que elaboró un mapa de “islas de frescura” integrado por parques, fuentes, piscinas, museos, bibliotecas y edificios refrigerados.
En el mismo sentido, Madrid habilitó espacios culturales y jardines y desplegó sensores para medir la isla de calor.
En América latina, el ejemplo más emblemático se encuentra en Medellín, Colombia, que avanzó con corredores verdes para reducir la temperatura de calles y avenidas.
Las experiencias muestran que los refugios ofrecen alivio durante una emergencia, pero que también deben formar parte de una política que modifique el espacio urbano y reduzca la vulnerabilidad de manera permanente.















