Científicos alertan por un aumento de abortos espontáneos en pueblos fumigados de Santa Fe
Un estudio de la UNR detectó un aumento de 2,4 veces en los abortos espontáneos y de 2,5 veces en el hipotiroidismo entre mujeres de nueve localidades rurales de Santa Fe
Un trabajo del Instituto de Salud Socioambiental de la Universidad Nacional de Rosario analizó los datos de 6.497 mujeres de nueve localidades santafesinas y encontró un fuerte aumento de las pérdidas gestacionales durante el primer trimestre y del hipotiroidismo entre 2008 y 2018.
Los investigadores advierten sobre la situación sanitaria de comunidades rodeadas de cultivos pulverizados con plaguicidas, aunque el estudio no permite establecer una relación causal directa.

Un estudio epidemiológico realizado por investigadores de la Universidad Nacional de Rosario (UNR) detectó un aumento sostenido de las pérdidas gestacionales durante el primer trimestre y de los casos de hipotiroidismo en nueve localidades rurales de Santa Fe entre 2008 y 2018.
La investigación, publicada en la Revista de Salud Pública, analizó información relevada durante los Campamentos Sanitarios de la Facultad de Ciencias Médicas de la UNR. En total, fueron incluidas 6.497 mujeres de entre 18 y 70 años. La mayoría llevaba al menos cinco años viviendo en las localidades estudiadas y, según los investigadores, estaba potencialmente expuesta a aplicaciones de plaguicidas agrícolas.
Las localidades analizadas fueron Acebal, Arteaga, Chabás, Luis Palacios, San Genaro, San Jorge, Sastre, Timbúes y Villa Eloísa. La mayoría de las personas relevadas residía a una distancia de entre 0 y 400 metros de campos pulverizados, aunque en San Jorge una parte importante de la población vivía entre 400 y 1.000 metros de esas zonas.
Los abortos espontáneos aumentaron 2,4 veces
Entre 2008 y 2018, el relevamiento registró 2.870 embarazos. De ese total, 2.501 terminaron en nacimientos y 369 en pérdidas gestacionales. De estas últimas, 285 ocurrieron durante el primer trimestre, 59 durante el segundo y 25 durante el tercero.
El principal cambio registrado por los investigadores se produjo en las pérdidas durante los primeros tres meses de embarazo. El modelo estadístico utilizado estimó que, entre las mujeres de hasta 30 años, la proporción pasó del 4,1% en 2008 al 12,8% en 2018.
Entre las mujeres de 31 años o más, pasó del 11,1% al 19,8% en el mismo período. En promedio, el aumento entre 2008 y 2018 fue de 2,4 veces. Los abortos ocurridos durante el segundo y tercer trimestre, en cambio, no mostraron variaciones significativas a lo largo del período analizado.
El trabajo no compara estas cifras con una población rural no expuesta ni permite atribuir el aumento exclusivamente a los plaguicidas. Los autores plantean que los resultados “alertan sobre la vulnerabilidad” de las mujeres que viven en estas comunidades y “sugieren posibles impactos negativos sobre su salud”, y remarcan la necesidad de continuar investigando.
También aumentó el hipotiroidismo
El otro indicador analizado fue el hipotiroidismo. De las 6.497 mujeres incluidas, 776 informaron que tomaban medicación para esta enfermedad al momento del relevamiento, lo que representa una prevalencia del 11,9%.
Según el estudio, la incidencia de hipotiroidismo aumentó 2,5 veces entre 2008 y 2018.
Los investigadores también analizaron la relación entre esta enfermedad y las pérdidas gestacionales. Entre las mujeres sin hipotiroidismo, el 9,6% de los embarazos analizados terminó en una pérdida durante el primer trimestre, frente al 14,6% entre quienes tenían la enfermedad.
Después de ajustar los resultados por edad, el riesgo relativo de sufrir un aborto espontáneo fue de 1,40 entre las mujeres con hipotiroidismo, con un intervalo de confianza del 95% de 1,01 a 1,95. En términos simples, el grupo con hipotiroidismo presentó un 40% más de riesgo de pérdida gestacional que el grupo sin esa condición.
Qué dice el estudio sobre los plaguicidas
La investigación parte de una característica común de las localidades estudiadas: se encuentran en una región de agricultura intensiva y están rodeadas por campos donde se aplican plaguicidas. En ocho de las nueve localidades, la mayoría de las personas relevadas vivía a menos de 400 metros de las zonas de pulverización.
Los autores sostienen que existe evidencia previa sobre los posibles efectos de la exposición a plaguicidas sobre la salud reproductiva y el sistema endocrino. El trabajo también señala que las mujeres embarazadas y los fetos pueden ser particularmente vulnerables a determinadas exposiciones durante el desarrollo intrauterino.

Sin embargo, el estudio tiene un alcance específico: reconstruye, a partir de encuestas realizadas durante los Campamentos Sanitarios, los antecedentes de embarazos, pérdidas gestacionales e hipotiroidismo registrados entre 2008 y 2018. No midió la concentración de plaguicidas en las personas encuestadas ni siguió individualmente la exposición a sustancias específicas.
Por eso, el hallazgo central es epidemiológico: en estas comunidades se observó un aumento significativo de las pérdidas gestacionales tempranas y del hipotiroidismo durante el período estudiado. La posible relación con la exposición ambiental a plaguicidas aparece como una hipótesis que requiere nuevas investigaciones.
Para los investigadores, los resultados aportan evidencia comunitaria para orientar futuros estudios y políticas de prevención de riesgos para la salud en poblaciones rurales expuestas a aplicaciones agrícolas.















