El Paraná en la mira: alertan sobre los riesgos ambientales de la privatización de la Vía Navegable Troncal
El avance del Gobierno nacional hacia la privatización total de la Vía Navegable Troncal del Paraná enciende las alarmas de especialistas. Advierten que convertir el río en una "autopista del extractivismo" mediante dragados profundos pone en riesgo irreparable los humedales y el abastecimiento de agua dulce para 14 millones de personas, en un contexto de crisis hídrica sin precedentes.
El río Paraná, la arteria fluvial más importante de Argentina, se encuentra en el centro de una disputa que trasciende lo económico. El proyecto de la «mal llamada» Hidrovía, impulsado por la gestión de Javier Milei, busca concesionar por 25 años el dragado y la administración del río a empresas extranjeras. Esta medida, denunciada por abogados ambientalistas como Enrique Viale, representa un cambio de paradigma: adaptar el ecosistema a las embarcaciones de gran calado, y no al revés, transformando un organismo vivo en un corredor logístico para el agronegocio y la minería.
El principal punto de conflicto es la intención de profundizar el cauce de 10 a 13 metros. Este dragado intensivo remueve millones de metros cúbicos de sedimentos, altera los ciclos naturales de inundación y acelera la erosión de las costas, destruyendo el hábitat de miles de especies. Se trata de una amenaza hídrica directa sobre el segundo humedal más grande de América, el Delta del Paraná, que funciona como un procesador biológico natural que limpia el agua y previene inundaciones.

Crisis hídrica y «venas abiertas»
La Cuenca del Plata viene de enfrentar una de las peores sequías en 80 años, un fenómeno potenciado por la crisis climática y la deforestación. En este escenario, especialistas como Jorge Daneri califican de «ecocidio» el hecho de seguir artificializando el río. La falta de una evaluación ambiental estratégica y la exclusión de los organismos de control hídrico en el proceso de licitación evidencian una flexibilización ambiental que prioriza los costos logísticos de las corporaciones por sobre la seguridad hídrica de las poblaciones ribereñas.

Soberanía y futuro del agua
Para los habitantes del Delta y las grandes ciudades costeras, el Paraná es la fuente de agua dulce diaria. La privatización total, con cláusulas que dificultan el regreso a una gestión pública, entrega la llave de la soberanía territorial a consorcios internacionales como la belga Jan De Nul. En un esquema donde el Estado se retira de la fiscalización, el río queda expuesto a un modelo extractivista que vacía las «venas abiertas» de América Latina, comprometiendo no solo el presente económico, sino el futuro biológico de la región más poblada del país.















