Entre el 1 y el 4 de septiembre se detectaron 36 focos de incendio que afectaron más de 1.700 hectáreas de islas y humedales frente a la costa santafesina y el norte bonaerense, según relevamientos realizados por especialistas de la Universidad Nacional de Rosario (UNR).
Las columnas de humo pudieron observarse desde distintas localidades de la ribera. Uno de los sectores más afectados se ubicó frente a Villa Constitución y Arroyo Seco, donde el 4 de septiembre un solo incendio alcanzó unas 461,6 hectáreas. Frente a San Lorenzo, en tanto, se concentraron 17 de los 36 focos registrados durante esos cuatro días.
El nuevo episodio vuelve a poner en el centro de la escena el uso recurrente del fuego en el Delta del Paraná, uno de los principales sistemas de humedales de la Argentina.
Impacto de los incendios en el Delta del Paraná
El impacto ambiental no termina cuando se apagan las llamas. Los incendios pueden modificar la estructura de la vegetación, destruir refugios y zonas de alimentación de la fauna y alterar el funcionamiento del suelo y del sistema hídrico.
Investigaciones de la UNR sobre incendios anteriores registraron efectos sobre la fertilidad del suelo, la vegetación, las aves, los insectos y la biodiversidad de los ambientes acuáticos. Entre 2020 y 2022, alrededor de un millón de hectáreas del Delta del Paraná fueron afectadas por incendios, casi la mitad de la superficie total del ecosistema.
En los relevamientos realizados en esta oportunidad mediante imágenes satelitales y vuelos de vigilancia se detectó agua superficial en buena parte de las zonas quemadas. Las primeras evaluaciones indican que el fuego habría afectado principalmente la vegetación aérea y que, hasta el momento, no se registraron incendios profundos de turba o materia orgánica.
Esto no significa que el impacto sea menor. Sauces, ceibos, pastizales y juncales forman parte de una trama ecológica que brinda refugio y alimento a aves, mamíferos, anfibios y otras especies propias del humedal.
¿Por qué se repiten los incendios?
Una de las principales hipótesis vuelve a vincular el origen de algunos focos con las quemas de pastizales destinadas a favorecer el rebrote de vegetación para la actividad ganadera.
La práctica tiene antecedentes en las islas y suele incrementarse hacia la salida del invierno, cuando se acumula una mayor cantidad de vegetación seca. A esto se suman condiciones ambientales que pueden favorecer la propagación del fuego, como la acumulación de biomasa, las sequías y las bajantes prolongadas del río Paraná.
Franco Perugino, referente de la organización ambiental Mundo Aparte, sostuvo ala UNR que los incendios espontáneos son excepcionales en la región y remarcó el peso de la actividad humana en el inicio de los focos.
La recurrencia del fenómeno vuelve a abrir una discusión sobre el manejo de las islas: cómo se controlan las actividades productivas dentro del Delta y qué herramientas existen para evitar que el fuego se convierta en una práctica habitual de manejo del territorio.
Monitoreo y patrullajes en las islas
Ante la aparición de los focos, autoridades de Entre Ríos desplegaron tareas de monitoreo y patrullaje en las islas, particularmente en el corredor comprendido entre San Lorenzo y Villa Constitución, según reportaron medios locales.
Brigadistas forestales y personal de la Brigada de Respuesta Ambiental realizaron recorridas, mientras que se utilizaron imágenes satelitales y observaciones desde el avión vigía de Santa Fe. Los operativos se desarrollaron además en coordinación con la Justicia Federal de Victoria.
Cabe destacar que el Delta del Paraná funciona como reservorio de biodiversidad, regulador hídrico y depósito natural de carbono. También cumple un papel clave para amortiguar inundaciones y otros fenómenos climáticos extremos.