El dique Cabra Corral volvió a quedar bajo la lupa ambiental luego de que una investigación detectara niveles elevados de mercurio en una muestra de agua tomada en profundidad. El análisis, realizado por la Fundación Aljibe, encontró una concentración del metal cercana a 40 veces por encima del valor esperado, un resultado que encendió la alarma por la calidad del agua del embalse.
El hallazgo fue realizado a partir de una muestra extraída a unos cinco metros de profundidad, en un sector alejado de la costa. Para llevar adelante el procedimiento participaron cinco buzos, siguiendo las indicaciones de un laboratorio especializado para la extracción, conservación y traslado del material.
El resultado generó preocupación entre los investigadores, aunque también requiere ser interpretado con cautela. Una sola muestra no permite determinar que todo el embalse esté contaminado en esos niveles. Para establecer la dimensión real del problema será necesario ampliar los análisis a otros sectores, profundidades y componentes del ecosistema.
La Fundación Aljibe busca avanzar precisamente en esa dirección. La propuesta presentada ante el área de Recursos Hídricos contempla realizar nuevas extracciones desde la superficie hasta aproximadamente 30 metros de profundidad, con mediciones cada cinco metros y en distintos puntos del dique.
El objetivo es determinar si la presencia de mercurio está concentrada en un sector específico o si existe una distribución más amplia dentro del embalse.
Mercurio en el Cabra Corral y antecedentes de contaminación
El nuevo resultado no aparece en un contexto aislado. El Cabra Corral acumula desde hace años denuncias, investigaciones y reclamos vinculados con la contaminación de sus aguas y sedimentos.
Hace más de una década, la Defensoría del Pueblo de la Nación analizó denuncias relacionadas con el estado ambiental del embalse y de varios ríos que alimentan el sistema. Entre los problemas señalados aparecían descargas de líquidos y residuos provenientes de canales pluviales, además de contaminación de origen cloacal e industrial.
Los informes también advertían sobre un incremento de bacterias en el agua y mencionaban efluentes cloacales sin tratamiento adecuado, residuos agroindustriales y residuos domiciliarios como parte de las fuentes de contaminación.
El Cabra Corral forma parte del sistema hídrico del río Juramento y recibe aportes de distintos cursos de agua. Por eso, el estado del embalse no puede analizarse de manera aislada de lo que sucede aguas arriba.
Los antecedentes sobre metales pesados también son anteriores al nuevo estudio. En 2019, el médico veterinario Oscar Leone difundió resultados de investigaciones realizadas sobre peces del embalse y señaló que estudios de calidad del agua habían detectado niveles de cadmio y mercurio de hasta tres veces los valores máximos recomendados para determinados usos y para la vida acuática.
Leone también había advertido sobre alteraciones observadas en órganos de pejerreyes del Cabra Corral en comparación con ejemplares de otros ambientes y había recomendado evitar el consumo de peces.
Aquellos estudios corresponden a investigaciones de años anteriores y no deben confundirse con el análisis realizado en 2026. Sin embargo, constituyen un antecedente relevante frente al nuevo hallazgo de mercurio.
La preocupación incluso había llegado a la Legislatura de Salta. En 2017, la Cámara de Senadores provincial aprobó un pedido de informes para conocer qué controles realizaba la Secretaría de Recursos Hídricos sobre la presencia de metales pesados en los ríos Arenales, Ancho y el dique Cabra Corral, particularmente frente a posibles aportes provenientes del vertedero San Javier.
El pedido buscaba conocer los protocolos utilizados para detectar estos contaminantes, los mecanismos de control y los resultados de los estudios existentes.
Qué falta investigar sobre el mercurio en el dique Cabra Corral
Por ahora, no existe una explicación definitiva sobre el origen del mercurio detectado en la nueva muestra. Atribuirlo a una única fuente sin realizar un estudio integral de la cuenca sería apresurado.
El Cabra Corral recibe agua de un sistema en el que confluyen cursos provenientes de zonas urbanas, industriales y productivas. A lo largo de los años se denunciaron descargas cloacales, residuos industriales, residuos domiciliarios y agroquímicos que ingresan al sistema hídrico.
También existieron reclamos relacionados con el vertedero San Javier y su posible aporte de contaminantes hacia el río Arenales y, posteriormente, al embalse.
Por eso, para establecer el origen del mercurio será necesario analizar no solamente el agua, sino también sedimentos, peces y los distintos afluentes que llegan al Cabra Corral. Estos estudios podrían ayudar a determinar si existe una fuente de contaminación activa, si se trata de contaminación histórica acumulada o si intervienen diferentes fuentes.
El análisis de los peces resulta especialmente importante. Los metales pesados pueden incorporarse a los organismos acuáticos y acumularse en sus tejidos, mientras que determinadas formas del mercurio pueden ingresar a la cadena alimentaria.
El embalse, además, es utilizado para actividades de pesca deportiva y recreativa, por lo que conocer la concentración del contaminante en los peces permitiría evaluar con mayor precisión una eventual exposición para quienes consumen ejemplares capturados en el lugar.
De todos modos, la detección de mercurio en una muestra no significa automáticamente que todas las personas que visitan el Cabra Corral estén expuestas a niveles peligrosos. Para determinar un riesgo sanitario concreto se necesitan datos sobre la concentración del contaminante, su distribución, las vías de exposición y, especialmente, los niveles presentes en los peces.
El biólogo e investigador Enrique Derlindati señaló que el mercurio resulta especialmente preocupante por sus efectos tóxicos y por la posibilidad de generar daños neurológicos acumulativos ante exposiciones prolongadas. También se mencionaron posibles afectaciones renales y una especial preocupación en grupos vulnerables.
El próximo paso, entonces, será ampliar el muestreo. La diferencia entre un episodio localizado y un problema ambiental extendido solamente podrá establecerse con información sistemática.
El Cabra Corral no es solamente un destino turístico: es un ecosistema, un reservorio de agua y un espacio donde se desarrollan actividades económicas y recreativas. Por eso, la presencia de contaminantes debería abordarse mediante controles periódicos de metales pesados, agroquímicos, hidrocarburos, bacterias, nutrientes, sedimentos y organismos acuáticos, con resultados que permitan comparar la evolución del ambiente a lo largo del tiempo.