La Administración de Donald Trump avanzó con uno de los mayores retrocesos de su política ambiental al eliminar buena parte de los límites federales a las emisiones de gases de efecto invernadero de las centrales eléctricas que utilizan carbón y gas natural.
La decisión fue anunciada el lunes por el administrador de la Agencia de Protección Ambiental (EPA), Lee Zeldin, durante la reunión de ministros de Energía del G20 en Houston, Texas. La agencia sostiene que la medida permitirá reducir costos y eliminar obstáculos regulatorios para aumentar la producción energética estadounidense.
El Gobierno estima que la derogación de las normas generará hasta US$310.000 millones en ahorros para las familias y el sector eléctrico. Al mismo tiempo, la EPA propuso eliminar las normas que todavía permiten al organismo federal regular las emisiones de gases de efecto invernadero del sector eléctrico bajo la Ley de Aire Limpio.
La medida revierte principalmente regulaciones aprobadas durante la administración de Joe Biden en 2024, que establecían límites para las emisiones de las centrales eléctricas alimentadas con combustibles fósiles.
Trump impulsa el carbón mientras Estados Unidos flexibiliza sus controles ambientales
El giro de la Casa Blanca no se limita a eliminar restricciones. La EPA también busca facilitar una mayor utilización de los combustibles fósiles y proyecta que la producción de carbón destinada al sector eléctrico podría multiplicarse por más de diez.
Desde el Gobierno, Zeldin defendió la decisión bajo el argumento de que las regulaciones anteriores encarecían la generación eléctrica y limitaban la expansión de la infraestructura energética.
Sin embargo, el retroceso genera preocupación entre organizaciones ambientales y especialistas en salud pública. Las centrales eléctricas representan la segunda mayor fuente de emisiones de gases de efecto invernadero de Estados Unidos, solo detrás del transporte.
La eliminación de los límites también ocurre después de que la EPA revirtiera, en febrero de 2026, el denominado endangerment finding, la determinación de 2009 que establecía que los gases de efecto invernadero representaban una amenaza para la salud pública y que había servido como fundamento para distintas regulaciones climáticas federales.
Para los críticos de la política, el problema no se limita al dióxido de carbono. Una mayor dependencia del carbón puede incrementar otros contaminantes atmosféricos asociados con enfermedades respiratorias y cardiovasculares, mientras que el aumento de las emisiones dificulta los esfuerzos para reducir el calentamiento global.
La administración Trump, en cambio, sostiene que las normas eliminadas imponían costos excesivos al sector energético sin generar beneficios ambientales suficientes y que una mayor disponibilidad de electricidad permitirá reducir los costos para hogares y empresas.
La eliminación de límites a las emisiones abre un nuevo frente climático
La decisión también profundiza el enfrentamiento entre la política energética de Trump y las estrategias de reducción de emisiones impulsadas por administraciones anteriores.
La EPA no solo derogó la mayor parte de los requisitos establecidos en 2024, sino que presentó una propuesta para eliminar todos los estándares restantes de gases de efecto invernadero aplicables a las centrales eléctricas. Según el organismo, esto permitiría reducir otros costos de cumplimiento para las empresas.
La medida, además, podría quedar atrapada en una nueva disputa judicial. Estados y organizaciones ambientales ya cuestionan distintos retrocesos regulatorios de la Administración Trump, mientras que la eliminación de las normas climáticas enfrenta críticas por sus posibles efectos sobre la salud pública y el ambiente.
El Gobierno presenta el cambio como una estrategia para garantizar energía abundante y accesible. Pero para sus críticos, el supuesto ahorro inmediato puede trasladar parte de los costos hacia otros ámbitos, especialmente la salud pública, la contaminación atmosférica y los impactos asociados al cambio climático.
Así, mientras Washington busca recuperar el protagonismo del carbón y reducir la intervención ambiental del Estado, Estados Unidos vuelve a alejarse de las políticas destinadas a limitar las emisiones de sus centrales eléctricas. El costo ambiental de ese giro, sin embargo, no queda incluido en la cuenta de ahorro presentada por la Casa Blanca.