Bahía Blanca produce plástico a gran escala y ahora encuentra microplásticos en su estuario
Una investigación inédita detectó micropartículas en el agua, los sedimentos y el 86% de las ostras analizadas. El hallazgo se conoce en una ciudad atravesada por la industria petroquímica y con empresas dedicadas a producir y transformar materiales plásticos, aunque el estudio no atribuye la contaminación a compañías específicas.
La contaminación por microplásticos dejó de ser una amenaza lejana para convertirse en una presencia comprobada en el estuario de Bahía Blanca y las playas de la región. Una investigación realizada durante varios años detectó estas partículas en el agua, los sedimentos y organismos vivos, con una presencia particularmente extendida entre las ostras que habitan el área.
El estudio fue realizado por Maialen Ardusso como parte de su tesis de doctorado en Biología, denominada “Microplásticos: contaminantes emergentes en ambientes costeros del Sudoeste Bonaerense”, bajo la dirección de las doctoras Melisa Fernández Severini y Natalia S. Buzzi.

“Los datos confirman que la contaminación por estas partículas de uso humano está ampliamente distribuida en estos ambientes costeros”, señaló Ardusso.
Uno de los datos más contundentes surgió del análisis de 1100 ostras de la especie Magallana gigas: 946 contenían al menos un microplástico, lo que representa el 86% de los ejemplares estudiados. La presencia fue registrada en todos los sitios y estaciones del año, lo que evidencia una exposición extendida de estos organismos a las micropartículas.
El resultado adquiere especial relevancia porque las ostras son organismos filtradores. Se alimentan extrayendo partículas del agua y permanecen adheridas al fondo marino o a rocas, por lo que la contaminación que acumulan guarda una relación directa con las condiciones del ambiente en el que viven.
“Las mayores concentraciones se encontraron en las branquias en comparación con el sistema digestivo. Justamente por ese motivo elegí las ostras, porque al alimentarse filtrando grandes cantidades de agua, están continuamente expuestas a lo que contengan. Además, al no desplazarse grandes distancias, la presencia de microplásticos en sus tejidos se relaciona con las condiciones del ambiente donde viven. Son organismos muy útiles y usados a nivel mundial para estudiar la contaminación en ambientes costeros”, resumió la investigadora.
Microplásticos en el estuario de Bahía Blanca
Las partículas encontradas no responden a un único tipo de residuo. Los análisis identificaron materiales sintéticos asociados a residuos de envases plásticos, telgopor y bolsas; materiales semisintéticos provenientes, por ejemplo, del acetato de celulosa de prendas textiles; y materiales naturales como el algodón.
“Los análisis mostraron que estas micropartículas provenían de materiales sintéticos (residuos de envases de plástico, telgopor, bolsas), semisintéticos (acetato de celulosa de prendas textiles) y naturales (como el algodón), lo que evidencia que la contaminación está compuesta por distintos tipos de materiales de origen humano. Las descargas de aguas residuales sin tratar parecen ser una fuente importante de MPs”.
Las fibras fueron las partículas más frecuentes y, en la mayoría de los sitios, tuvieron un tamaño de entre 0,5 y 1,5 milímetros. Los colores predominantes fueron negro, transparente y azul.
El punto más preocupante apareció en la zona media del estuario. Allí se registraron las mayores concentraciones de microplásticos, precisamente en un sector que recibe efluentes de aguas residuales sin tratar provenientes de la ciudad.
Ardusso explicó que “las concentraciones más altas de MPs se detectaron en la zona media del estuario, un sitio que recibe efluentes de aguas residuales sin tratar de la ciudad. El 44,21% fueron de 0.5 a 1.5 mm mientras que el 40,21% eran de menos de 0.5 mm”.
En el agua se registraron 10 partículas de microplásticos por litro, mientras que en los sedimentos se detectaron 370 partículas por kilogramo.

El análisis de la superficie de los microplásticos también detectó distintos elementos químicos, entre ellos carbono, oxígeno, silicio, aluminio, potasio, calcio, cloro, titanio, hierro, fósforo y azufre.
“El análisis de la superficie de los MP detectó diversos elementos como Carbono (C); Oxígeno (O); Silicio (Si); Aluminio (Al); Potasio (K); Calcio (Ca) y Cloro (Cl), Titanio (Ti), Hierro (Fe), Fósforo (P) y Azufre (S), lo que indica la presencia de posibles contaminantes en la columna de agua”, agrega en la tesis.
El hallazgo se produce además en una ciudad fuertemente vinculada a la industria petroquímica. Bahía Blanca concentra un importante entramado industrial dedicado a la producción y transformación de materiales plásticos. Entre las grandes compañías instaladas en el Polo Petroquímico se encuentran Dow Argentina, productora de polietileno, y Unipar, que produce PVC. A su vez, el Parque Industrial reúne empresas dedicadas a la fabricación de productos plásticos, envases y embalajes. Sin embargo, la investigación no atribuye la presencia de microplásticos específicamente a estas empresas ni establece que el Polo Petroquímico sea responsable de la contaminación detectada.
El plástico circula entre Bahía Blanca, Monte Hermoso y Pehuen Có
El estudio incluyó muestras tomadas en distintos puntos del sistema costero: Puerto Cuatreros, Parque Marítimo Almirante Brown, Ingeniero White, Isla Zuraita, Villa del Mar, Isla Bermejo, Puerto Rosales, Punta Ancla, Pehuen-Có y Monte Hermoso.
Los muestreos fueron realizados durante dos años, entre 2021 y 2023, con el objetivo de analizar la dinámica de los microplásticos en diferentes estaciones y ambientes. Se estudiaron tanto el agua y los sedimentos como la acumulación de partículas en ostras.
Las muestras fueron analizadas en laboratorios del Grupo de Investigación de Química en Ambientes de Transición del IADO, dependiente de la UNS-CONICET. Para reducir el riesgo de contaminación externa, el agua fue recolectada durante la marea alta utilizando botellas de vidrio previamente acondicionadas y luego filtrada.
Los filtros fueron examinados mediante lupa estereoscópica para identificar, contabilizar y caracterizar las partículas. Una selección fue sometida además a técnicas espectroscópicas para determinar su composición.
La investigación también permite advertir que el problema no queda limitado a los lugares donde se originan los residuos. Las corrientes, el oleaje y el movimiento de los sedimentos pueden trasladar las micropartículas de un ambiente a otro.
“Los resultados muestran que el estuario de Bahía Blanca y las playas de Monte Hermoso y Pehuen Có forman un sistema costero conectado, donde las micropartículas pueden desplazarse entre distintos ambientes y acumularse de manera diferente según las características de cada sitio y la época del año. Esto significa que la contaminación no depende únicamente de las fuentes locales, sino también de procesos naturales, como las corrientes, el oleaje y la dinámica de los sedimentos, que favorecen el transporte de estas partículas a lo largo de la costa”, agregó.
La presencia de microplásticos tampoco se limita necesariamente a las ostras. La cantidad que puede incorporar cada especie depende de factores como su alimentación, el hábitat y sus características biológicas.
En relación con otros animales, como cangrejos o tortugas, Ardusso sostuvo que “la presencia y cantidad de microplásticos puede variar según la especie, su alimentación, el hábitat que ocupa y otros factores. Lo que sí muestran estos resultados es que los microplásticos están disponibles en el ambiente y pueden ser incorporados por los organismos”.
Para la investigadora, uno de los principales aportes del trabajo radica precisamente en haber integrado distintos componentes del ecosistema.
“Los ambientes costeros, como estuarios y playas, se han posicionado como puntos críticos de estos contaminantes, recibiendo aportes tanto de vías terrestres como marinas. Sin embargo, los estudios que integran el análisis en matrices abióticas y bióticas, incluyendo organismos biomonitores, y escalas espaciotemporales, siguen siendo escasos, especialmente en países de Sudamérica, como Argentina. Por eso, este estudio es único, porque incluye agua, sedimentos y bivalvos”, contó.
El trabajo, que demandó cerca de cinco años, pone así cifras sobre una contaminación que durante mucho tiempo resultó difícil de dimensionar. Ya no se trata solamente de residuos plásticos visibles en una playa o de envases que llegan al agua: una parte de esos materiales se fragmenta, permanece en el ambiente y puede terminar incorporada por organismos que forman parte del ecosistema costero.















