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Informes

El clima y la calidad del aire están cada vez más unidos y afectan la salud, advierte la ONU

Los incendios extremos y las olas de calor agravan la contaminación del aire y sus efectos sobre la salud. Reducir ambos problemas podría generar hasta u$s 15 de beneficio por cada dólar invertido.

Panorama urbano de una ciudad parcialmente cubierta por una densa capa de niebla o smog, con montañas nevadas al fondo y una torre de telecomunicaciones en primer plano.

La contaminación del aire ya provoca millones de muertes prematuras cada año, pero el problema no termina en las emisiones de vehículos, industrias o viviendas. El calentamiento global está modificando las condiciones que determinan la calidad del aire y vuelve más peligrosos fenómenos como los incendios forestales y las olas de calor.

La advertencia surge de dos informes publicados por Naciones Unidas en el marco del Día Internacional del Aire Limpio. Los documentos analizan desde distintos enfoques la relación entre contaminación atmosférica y cambio climático, y plantean que ambas crisis deben enfrentarse de manera conjunta.

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El clima y la calidad del aire están cada vez más unidos y afectan la salud, advierte la ONU. Crédito: Archivo Economía Sustentable

El dato más contundente es sanitario: en 2025, la contaminación del aire exterior estuvo vinculada con 6,4 millones de muertes prematuras. A ellas se sumaron otros dos millones de muertes asociadas a la contaminación dentro de los hogares, de las cuales unas 300.000 correspondieron a niños.

Pero el impacto no se limita a las muertes. La contaminación atmosférica también estuvo relacionada con 5,5 millones de nuevos casos de asma infantil y dos millones de casos de demencia.

Incendios que empeoran el aire

Uno de los principales puntos de preocupación son los incendios forestales extremos. Según la Organización Meteorológica Mundial (OMM), estos eventos se triplicaron desde la década de 1990 y generan grandes cantidades de humo y partículas finas que pueden desplazarse cientos o miles de kilómetros.

En 2025, las concentraciones de PM2.5 —partículas capaces de penetrar profundamente en el sistema respiratorio— superaron los promedios históricos en zonas del norte de Canadá, Rusia, África centrooccidental y el noroeste de España, todas afectadas por incendios excepcionales.

El problema es que, mientras algunas políticas ambientales lograron reducir la contaminación proveniente de industrias y vehículos en Europa y América del Norte, la exposición al humo de los incendios continúa aumentando.

Y el humo puede tener un impacto mayor del que reflejan las estimaciones habituales. De acuerdo con uno de los informes, las muertes provocadas por la contaminación de los incendios podrían ser hasta un 93% superiores a las calculadas mediante modelos tradicionales.

Las olas de calor también contaminan

El aumento de las temperaturas genera otro efecto sobre el aire que respiramos. Durante las olas de calor se favorecen las condiciones para la formación de ozono a nivel del suelo, un contaminante que irrita y daña el sistema respiratorio.

El ozono troposférico también afecta la producción agrícola y puede generar nuevos riesgos para la salud en regiones que ya enfrentan temperaturas extremas.

Por eso, Naciones Unidas advierte que alcanzar las recomendaciones de la Organización Mundial de la Salud (OMS) sobre calidad del aire será cada vez más difícil si no se reducen al mismo tiempo las emisiones contaminantes y el calentamiento global.

La contaminación que viaja sin que la veamos

Los informes también ponen el foco en los aerosoles, partículas que pueden permanecer en la atmósfera y desplazarse a grandes distancias.

Entre ellas se encuentra el carbono negro, generado principalmente por procesos de combustión. Además de contribuir a la contaminación del aire, puede acelerar el derretimiento de la nieve y el hielo cuando se deposita sobre sus superficies y reduce su capacidad para reflejar la radiación solar.

columnas de humo con un paisaje del atardecer detrás
Los informes también ponen el foco en los aerosoles, partículas que pueden permanecer en la atmósfera y desplazarse a grandes distancias. Crédito: Archivo Economía Sustentable

A esta lista se suma otro contaminante cuyo impacto todavía no se conoce por completo: los microplásticos.

Las estimaciones incluidas en los informes hablan de 51 millones de toneladas de microplásticos presentes en la tierra y 22 millones en los océanos. Sin embargo, Naciones Unidas advierte que todavía existen importantes vacíos en su monitoreo y en la comprensión de sus efectos ambientales y sanitarios.

¿Hay posibilidades de solucionarlo?

Frente a este escenario, los informes también plantean una conclusión menos negativa: reducir la contaminación puede ser económicamente conveniente.

Un paquete de 25 medidas concentradas en seis sectores —energía, industria, transporte, agricultura, calefacción doméstica y gestión de residuos— podría evitar 144 millones de muertes prematuras hasta 2050, según las estimaciones del Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) y la Coalición por un Clima y Aire Limpio.

El beneficio no sería solamente sanitario. La implementación de esas medidas podría generar beneficios económicos equivalentes al 2,8% del PIB mundial en 2035, al 4,5% en 2050 y al 11,4% en 2100.

Incluso sin asignar un valor económico a las vidas salvadas, cada dólar invertido generaría unos cuatro dólares en beneficios. Al incluir también ese componente, la relación alcanzaría 15 dólares de beneficio por cada dólar invertido.

“No es un gasto, es una inversión”, sostuvo Inger Andersen, jefa del PNUMA.

Elliott Harris, responsable de la evaluación, resumió la magnitud del retorno esperado: “15 a 1 es un retorno que cualquier inversor querría. Cada año que retrasamos la acción nos cuesta 1,5 billones de dólares en beneficios que no volverán”.

Si las medidas ya existen y pueden generar beneficios económicos, el principal obstáculo no parece ser tecnológico.

Según Naciones Unidas, la fragmentación de las políticas públicas, la falta de coordinación entre organismos y las debilidades institucionales pueden demorar hasta ocho años la implementación de las medidas necesarias.

Fecha de publicación: 08/09, 7:33 pm