Qué son los disruptores endocrinos y dónde se encuentran a diario
Estas sustancias químicas capaces de alterar el sistema hormonal están presentes en latas de comida, cosméticos, textiles y utensilios de cocina. Qué dice la ciencia sobre su impacto y cómo minimizar la exposición en el hogar.
En los últimos años, el término “disruptores endocrinos” pasó de los laboratorios científicos al debate público sobre salud, consumo y medio ambiente. Se trata de un grupo diverso de compuestos químicos sintéticos que tienen la capacidad de imitar, bloquear o alterar el funcionamiento natural de las hormonas del cuerpo humano, afectando procesos clave como el metabolismo, el sueño, el desarrollo y la salud reproductiva.
A diferencia de otros contaminantes cuyo efecto es inmediato, los disruptores endocrinos actúan en dosis muy pequeñas y a través de una exposición acumulativa y constante.

De hecho, un estudio de la Universidad de Santiago de Compostela publicado en la Revista Española de Endocrinología Pediátrica destaca que estas sustancias forman parte determinante del ambioma —el entorno ambiental que interactúa con la genética— y advierte sobre su capacidad de alterar la función hormonal desde las etapas más tempranas del desarrollo.
Por eso, los especialistas en epidemiología y salud ambiental ponen el foco en identificar cuáles son los objetos, envases y alimentos cotidianos donde se concentran con mayor frecuencia.
Latas de conserva y envases con Bisfenol A (BPA)
El Bisfenol A es uno de los disruptores endocrinos más estudiados del mundo. Se utiliza habitualmente en la fabricación de plásticos policarbonatos y en las resinas epoxi que recubren el interior de las latas de alimentos y bebidas para evitar que el metal se corroa.

Estudios de la Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) y de diversas agencias de salud advierten que el BPA puede migrar desde el revestimiento metálico hacia el alimento, especialmente en productos ácidos como salsas de tomate, legumbres en conserva o bebidas carbonatadas. Aunque muchos fabricantes comenzaron a etiquetar sus envases como “Libres de BPA”, en varios casos han sido reemplazados por bisfenoles alternativos (como BPS o BPF) que presentan comportamientos químicos muy similares.
Cosméticos y cuidado personal: ftalatos y parabenos
El baño y la rutina de higiene personal son otra vía frecuente de contacto. En la industria cosmética, los ftalatos se utilizan para fijar las fragancias sintéticas en perfumes, desodorantes, cremas y champúes, mientras que los parabenos actúan como conservantes para evitar la proliferación de bacterias y hongos.
Tanto los ftalatos como determinados parabenos pueden ser absorbidos a través de la piel. Diversas investigaciones médicas han asociado la exposición continua a estos compuestos con alterations en la función tiroidea, problemas metabólicos y modificaciones en los niveles de estrógenos y testosterona.
Utensilios antiadherentes y envases: las sustancias “eternas” (PFAS)
Las sustancias perfluoroalquiladas y polifluoroalquiladas (PFAS) son una familia de miles de químicos sintéticos muy resistentes al calor, al agua y a la grasa. Se encuentran habitualmente en el recubrimiento antiadherente de sartenes y ollas desgastadas, en envoltorios de comida rápida resistentes al aceite y en telas impermeables.
Conocidas popularmente como “químicos eternos” debido a que no se degradan fácilmente en la naturaleza ni en el cuerpo humano, los PFAS han sido catalogados por organismos internacionales como potentes disruptores del sistema endocrino e inmunitario.
Tickets de compra y papel térmico
Un punto de exposición poco conocido pero diario ocurre en el comercio minorista. El papel térmico utilizado en los recibos de supermercados, cajeros automáticos y posnets suele estar recubierto con Bisfenol A o BPS libre para permitir la impresión mediante calor.

Al manipular estos tickets, el compuesto se transfiere a los dedos y puede ser absorbido a través de la piel, un fenómeno que se amplifica si previamente se utilizó crema de manos o alcohol en gel.
Claves para reducir la exposición en el hogar
Si bien resulta imposible eliminar por completo el contacto con estas sustancias en el mundo moderno, los especialistas sugieren adoptar una serie de hábitos preventivos para reducir la carga diaria en el organismo:
- Priorizar recipientes de vidrio o acero: Utilizar contenedores de vidrio o acero inoxidable para almacenar alimentos y evitar recalentar comida en recipientes plásticos.
- Cocinar con hierro o acero inoxidable: Reemplazar progresivamente las sartenes de teflón que presenten rayaduras o desgaste en su superficie antiadherente.
- Preferir alimentos frescos: Consumir frutas, verduras y legumbres frescas o secas por sobre las opciones enlatadas de consumo diario.
- Revisar etiquetas de cosmética: Optar por productos de cuidado personal etiquetados como “libre de parabenos”, “sin ftalatos” o formulados con fragancias naturales.
- Digitalizar comprobantes: Pedir la factura o ticket por correo electrónico o evitar la manipulación excesiva de los recibos de papel térmico.
Informarse y modificar gradualmente estos hábitos cotidianos no busca generar alarma, sino fomentar decisiones de consumo más conscientes. Asumir un rol activo dentro del hogar es el primer paso para minimizar la exposición a estos contaminantes invisibles y proteger la salud hormonal a largo plazo.















