Grupo Eurnekian proyecta un nuevo aeropuerto cerca de Punta del Este entre dos lagunas protegidas y se abre un debate ambiental
El proyecto, liderado por Corporación América Airports, prevé construir una terminal internacional cerca de la localidad de José Ignacio. La advertencia de científicos y organizaciones.
La localidad José Ignacio está unos 40 kilómetros al este de Punta del Este, sobre la costa del departamento uruguayo de Maldonado.
Si desde esa zona se continúa hacia el este por la Ruta 10 se llega a Laguna Garzón, ubicada sobre el límite entre Maldonado y Rocha, donde, antes de llegar a Laguna de Rocha, Corporación América Airports (CAAP), la compañía aeroportuaria del grupo fundado por Eduardo Eurnekian, proyecta construir un nuevo aeropuerto internacional.
- Corporación América Airports (CAAP), del grupo Eurnekian, proyecta construir un nuevo aeropuerto internacional cerca de José Ignacio, entre las lagunas Garzón y de Rocha, para ampliar la infraestructura aérea de uno de los principales corredores turísticos de Uruguay.
- El proyecto generó un debate ambiental porque el terreno elegido se encuentra entre dos áreas protegidas con humedales, pastizales y ambientes costeros que albergan numerosas especies de aves y otros animales.
- El Ministerio de Ambiente clasificó la iniciativa en la categoría C, que exige un estudio de impacto ambiental completo, mientras 55 organizaciones y expertos del CURE cuestionan el emplazamiento y advierten sobre posibles efectos en los ecosistemas, el paisaje y las comunidades locales.
La ubicación explica tanto el interés comercial como el debate ambiental que rodea a la iniciativa si se tiene en cuenta que la terminal acercaría la aviación privada y ejecutiva a José Ignacio y extendería hacia Rocha la infraestructura aérea de un corredor turístico con fuerte presencia argentina.

La empresa ya opera Laguna del Sauce, el aeropuerto que atiende a Punta del Este que, según datos del Ministerio de Turismo uruguayo, el 67% de los vuelos que recibe procede de la Argentina.
En el caso de la posible nueva terminal, el debate surge por el lugar seleccionado ya que los terrenos se encuentran en la franja comprendida entre Laguna Garzón y Laguna de Rocha, dos áreas protegidas con humedales, pastizales y ambientes costeros utilizados por aves residentes y migratorias.
Qué significa la categoría C de impacto ambiental
En este sentido, investigadores del Centro Universitario Regional del Este (CURE), de la Universidad de la República, sostienen que ambas lagunas están ecológicamente conectadas y plantean reparos sobre la instalación de una terminal aérea en ese corredor.

El Ministerio de Ambiente elevó además las exigencias para la iniciativa al clasificar al aeropuerto en la categoría C, correspondiente a proyectos que pueden producir impactos ambientales negativos significativos, por lo cual estableció que deberá atravesar un estudio de impacto ambiental completo.
A esos planteos se sumaron 55 organizaciones ambientales, sociales y vecinales, que reclaman comparar el sitio seleccionado con otras posibles localizaciones.
En paralelo, la Intendencia de Rocha abrió el procedimiento para cambiar la clasificación de las aproximadamente 209 hectáreas elegidas, actualmente consideradas suelo rural.
Se trata de un trámite territorial distinto de la evaluación que deberá realizar el Ministerio de Ambiente antes de decidir si autoriza la construcción del aeropuerto.
La discusión sobre el emplazamiento comienza con las características de las dos áreas protegidas.
Según el Ministerio de Ambiente, Laguna de Rocha constituye un sitio de alimentación, nidificación y descanso para grandes concentraciones de aves acuáticas y alberga más de 220 especies residentes y migratorias como cisnes de cuello negro, flamencos, garzas, chorlos, gaviotas y gaviotines.
En el caso de Laguna Garzón también conserva ambientes de laguna, dunas, pastizales y bosques costeros y la información oficial identifica allí especies prioritarias para la conservación, entre ellas la gaviota cangrejera, el playerito canela, el flamenco austral, el chorlo pampa y el playerito rabadilla blanca.
Los investigadores del CURE pusieron el foco en la conexión entre esos ambientes y el planteo de los expertos de esta universidad se basa en que las lagunas no deben analizarse como espacios aislados porque las aves utilizan diferentes zonas para alimentarse, descansar y reproducirse y se desplazan entre los humedales, la costa y otros ambientes cercanos.
Los reparos abarcan además los posibles efectos del ruido, la iluminación nocturna, la transformación de hábitats y las modificaciones sobre el paisaje.
También plantean que el impacto territorial no puede evaluarse únicamente sobre las hectáreas ocupadas por la pista y las instalaciones debido a que las operaciones y las trayectorias de las aeronaves alcanzan un área más extensa.
Por otra parte, el Ministerio de Ambiente registra en esos ecosistemas ñandúes, carpinchos, lobitos de río, reptiles y anfibios, además de que en Laguna de Rocha existe una comunidad de pescadores artesanales vinculada desde hace décadas con recursos como camarón, cangrejo azul y distintas especies de peces.
El efecto del aeropuerto en la fauna costera
Como parte del mismo proceso, la Dirección Nacional de Aviación Civil e Infraestructura Aeronáutica (DINACIA), el organismo encargado de regular y supervisar la aviación civil uruguaya, había propuesto inicialmente una clasificación ambiental menos exigente para la iniciativa.
Pero el Ministerio de Ambiente adoptó otro criterio y determinó que corresponde la categoría C, clasificación que implica que el proyecto puede generar impactos ambientales negativos significativos y obliga a realizar un estudio de impacto ambiental completo antes de obtener una autorización.
La evaluación no quedará limitada a la biodiversidad si se tiene en cuenta que, entre los aspectos cuya incorporación reclaman las organizaciones aparecen la fauna, la hidrología, la hidrogeología, la meteorología, el ruido, la topografía, las características geotécnicas y la seguridad operacional.
Sobre este tema, un informe publicado en julio de pasado por el Ministerio de Ambiente, con participación de otros organismos públicos y de la Universidad de la República, identificó las lagunas costeras como ambientes prioritarios para la biodiversidad y los servicios ecosistémicos y registró presiones vinculadas con cambios en el uso del suelo, expansión urbana, actividades productivas, nutrientes y contaminantes.
Al mismo tiempo, el grupo de 55 organizaciones ambientales, sociales y vecinales difundió una declaración conjunta sobre el proyecto.
Entre las firmantes aparecen Fundación Lagunas Costeras; Conservación de Especies Nativas del Uruguay (COENDU); Red Unión de la Costa; Asociación Uruguaya de Guardaparques; Karumbé y Fauna Libre Uruguay, además de entidades de Rocha y Maldonado.
Las organizaciones aclararon que no rechazan la construcción de un aeropuerto en Rocha ni una mejora de la conectividad del departamento pero concentran sus objeciones en el sitio seleccionado y reclaman que, antes de consolidarlo, se realice una comparación objetiva con otras posibles localizaciones.
Uno de sus principales argumentos coincide con la cuestión señalada por los investigadores del CURE que sostienen que aves acuáticas, costeras y migratorias se trasladan regularmente entre Laguna Garzón y Laguna de Rocha y que esos movimientos pueden atravesar el espacio aéreo donde se desarrollarían las operaciones.

A partir de esa situación identifican un doble riesgo ya que, por un lado, advierten sobre posibles efectos sobre la biodiversidad y los movimientos de fauna entre ambos ecosistemas y por otro, plantean un problema de seguridad aeronáutica por eventuales colisiones entre aves y aviones.
Para comparar localizaciones alternativas las organizaciones proponen considerar la distancia respecto de áreas protegidas y humedales, los movimientos de aves, la meteorología, la topografía, las condiciones del suelo, la accesibilidad, los servicios disponibles y la seguridad operacional.
También reclaman estudios sobre fauna, hidrología, hidrogeología y ruido y piden además acceso público a los expedientes y estudios técnicos y participación de científicos, vecinos, sectores productivos y entidades sociales antes de que se adopte una decisión definitiva.
En este sentido, la Liga de Fomento de José Ignacio trasladó sus cuestionamientos al Ministerio de Turismo y planteó preocupaciones por los sobrevuelos, el ruido, la contaminación lumínica y las modificaciones del paisaje.
El proyecto de la pista que divide posiciones dentro del Estado
Las diferencias sobre el emplazamiento alcanzaron también a las autoridades uruguayas ya que, desde el sector aeronáutico, el director de la DINACIA, Alejandro Trujillo, sostuvo que la existencia de aves no determina por sí misma la inviabilidad de una terminal y mencionó los aeropuertos de Carrasco y Laguna del Sauce como ejemplos donde ese riesgo forma parte de la gestión operacional.
En el mismo sentido, el intendente de Rocha, Alejo Umpiérrez, respaldó la iniciativa ya que si bien reconoció que la ubicación “quizás no” sea la ideal, consideró que es buena, y mencionó antecedentes internacionales de aeropuertos que funcionan en territorios ambientalmente sensibles.
Por su parte, el ministro de Ambiente, Edgardo Ortuño, tomó una posición diferente y se manifestó a favor de estudiar localizaciones alternativas antes de cerrar una decisión.
Será precisamente su cartera la que deberá evaluar los estudios y determinar si el sitio elegido puede recibir la autorización ambiental y, en ese caso, bajo qué condiciones.
Frente a los cuestionamientos, la posición pública de Corporación América Airports se expresa a través de la política ambiental que declara para sus operaciones.
En Uruguay, la empresa afirma que busca desarrollar su actividad de manera sostenible y respetuosa del ambiente, cuidar el uso de los recursos y gestionar su impacto sobre las comunidades.
De hecho, en sus reportes de sustentabilidad se resaltan los planes de biodiversidad, ruido, emisiones, energía, agua y residuos, que además forman parte de los temas incluidos en esa estrategia.
Mientras continúa la discusión ambiental, la Intendencia de Rocha abrió el 11 de agosto pasado otro procedimiento necesario para que el proyecto pueda avanzar.
El reporte involucra a las aproximadamente 209 hectáreas seleccionadas que están clasificadas actualmente como suelo rural y que por eso necesitan cambiar de categoría para admitir el uso aeroportuario.
La administración departamental puso a consideración pública un Programa de Actuación Integrada Abreviado que propone transformar esas tierras en suelo suburbano con un período previsto para recibir aportes que permanece abierto hasta el 8 de septiembre próximo.
El proyecto contempla una pista de aproximadamente 1.350 metros de longitud por 30 metros de ancho, con posibilidad de extenderla hasta unos 1.600 metros.
La terminal estaría orientada principalmente a aeronaves pequeñas y medianas, aviación privada y ejecutiva y vuelos turísticos, y sumaría una sala de pasajeros, hangares, estacionamientos e instalaciones complementarias.
Los terrenos están frente a Las Garzas, un desarrollo inmobiliario impulsado originalmente por el empresario argentino Eduardo Costantini.
Esa franja costera quedó mejor conectada con José Ignacio desde la inauguración, en 2015, del puente circular sobre Laguna Garzón, diseñado por Rafael Viñoly, que une Maldonado con Rocha.
Un aeropuerto “primo” al de Punta del Este
El proyecto de Rocha tiene una relación directa con una de las operaciones que Corporación América Airports ya desarrolla en Uruguay en Laguna del Sauce, la terminal de Punta del Este.
En este sentido, la Ley 20.446 facultó al Poder Ejecutivo a ampliar el objeto de esa concesión y adjudicar al mismo concesionario la construcción, conservación y explotación del futuro aeropuerto.
La norma habilitó además una prórroga de hasta 25 años para la concesión de Laguna del Sauce, contados desde la finalización del contrato vigente.
De todos modos, la extensión no es automática y sólo puede otorgarse después de una evaluación técnica y económica que detalle las obras, las inversiones y el cronograma previstos para Rocha.

Además, el nuevo contrato y su prórroga quedan vinculados a la ejecución completa y en plazo de las obras comprometidas para Rocha, su puesta en funcionamiento y el cumplimiento de las inversiones contempladas en la evaluación.
De concretarse bajo esas condiciones, la empresa sumaría una terminal orientada principalmente a la aviación privada y turística más cerca de José Ignacio y la costa de Rocha y podría prolongar la concesión del aeropuerto que actualmente atiende a Punta del Este.
Corporación América Airports, uno de los mayores operadores aeroportuarios del mundo
En la actualidad, Corporación América Airports es uno de los principales operadores privados de aeropuertos del mundo y tiene a Martín Eurnekian como CEO.
La compañía es parte del grupo empresario desarrollado por Eduardo Eurnekian, quien ingresó al negocio en 1998 con la concesión en aquel momento de 33 aeropuertos argentinos.
Sin embargo, ahora opera 52 aeropuertos en seis países de América Latina y Europa y durante el 2025 movilizó 86,7 millones de pasajeros, según los últimos datos anuales informados por la propia compañía.
Su red se distribuye entre Argentina, Brasil, Uruguay, Ecuador, Armenia e Italia, a los cuales busca incorporar Irak a partir de participar de un consorcio con la compañía local Amwaj International que en noviembre del año pasado fue seleccionado para operar el Aeropuerto Internacional.
El proyecto prevé una asociación público-privada de largo plazo para modernizar la infraestructura y desarrollar una nueva terminal.
También fue seleccionado en Angola un consorcio integrado por CAAP, Mota-Engil y Bestfly para operar, administrar y mantener el nuevo Aeropuerto Internacional Dr. António Agostinho Neto de Luanda.
Qué dice la empresa sobre los cuestionamientos ambientales de la nueva pista
La posición ambiental que Corporación América Airports expone públicamente forma parte de una estrategia que abarca toda su red.
La empresa define la sustentabilidad como uno de los componentes de su identidad corporativa y establece entre sus pilares la gestión responsable de la huella ambiental de sus aeropuertos.
En Uruguay, Aeropuertos Uruguay, la operación local de CAAP, afirma que desarrolla iniciativas destinadas a “mitigar, prevenir y compensar” el impacto ambiental de sus actividades.
La compañía fijó como objetivo alcanzar la neutralidad de carbono en 2050 y combina para ello medidas sobre emisiones, consumo energético y utilización de fuentes renovables.
La filial informó una reducción del 20% de la huella de carbono de sus aeropuertos y 116,69 toneladas de residuos reciclados durante 2024.
Su política incluye además separación y recuperación de residuos, eficiencia energética, reducción del consumo de recursos y medidas vinculadas con la gestión del agua.
Como ejemplo de estas políticas, la empresa cita al aeropuerto de Carrasco, en Montevideo, que cuenta con una planta solar fotovoltaica que recibió el Premio Nacional de Eficiencia Energética otorgado por el Ministerio de Industria, Energía y Minería.
La terminal posee además el nivel 2 del programa Airport Carbon Accreditation, desarrollado por Airports Council International para medir y reducir las emisiones de los aeropuertos, mientras Laguna del Sauce alcanzó el nivel 1.
La gestión ambiental incluye también el agua y los efluentes, con iniciativas para recuperar agua y condensados, disminuir consumos y reducir el empleo de productos químicos.

En materia de residuos desarrolla programas de clasificación, reutilización y reciclado de distintas corrientes generadas por las terminales y los servicios asociados.
También la biodiversidad ocupa un lugar específico dentro de la estrategia ambiental global de CAAP y es identificada entre los asuntos que deben ser gestionados en la relación entre los aeropuertos y los ecosistemas que los rodean.
Otro punto incluido en la política corporativa es el ruido como parte de los impactos ambientales propios de la actividad aeroportuaria que deben ser administrados, junto con las emisiones, el consumo de recursos y los efectos vinculados con la infraestructura.
La compañía tiene además un antecedente particular en Ecuador. A través de su subsidiaria Ecogal opera el aeropuerto Seymour, en la isla Baltra, que sirve a Galápagos y que fue desarrollada con sistemas de eficiencia energética, ventilación e iluminación natural, aprovechamiento de agua y reutilización de materiales.















