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Consumo

Cuando el café puede enfermarte: los riesgos de los vasos térmicos de Starbucks, Havanna o Café Martínez

Un material presente en la mayoría de los vasos de café para llevar podría liberar microplásticos con las bebidas calientes y terminar en el ambiente durante décadas. Qué dicen los especialistas.

En Argentina, los vasos de café para llevar son en su gran mayoría de polipapel, una mezcla de papel, plástico, tintas y adhesivos. Su apariencia es benigna: lo que queda a la vista y al tacto es semejante a una cartulina, y transmite la sensación de una alternativa ecológica al antiguo vaso de plástico.

Los riesgos de los vasos térmicos de Starbucks, Havanna o Café Martínez.

Pero el polipapel se forma con una delgada capa interna de plástico -generalmente polietileno- adherida al papel: las capas ya no pueden separarse y a partir de allí aparecen los problemas. A priori, este diseño lo vuelve prácticamente imposible de reciclar, ya que el paso previo indispensable en cualquier proceso de reciclado es la separación de los componentes reciclables, como papel o plástico.

Las cadenas más importantes como Starbucks, Havanna o Café Martínez que ofrecen café para llevar, comparten el mismo material en sus vasos.

En la totalidad del mercado, el polipapel domina ampliamente la oferta de vasos descartables para café: casi el 60% de los vasos descartables para café que se venden en Mercado libre son de ese material, contra 17% de cartón y 10% de papel. Las tapas, por su parte, suelen ser de polipropileno o poliestireno, plásticos rígidos.

¿Es seguro? El debate científico

Como potenciales disruptores endócrinos, los plásticos están en el centro de un acalorado debate científico. En el caso del polietileno, un polímero muy estable, el problema no es tanto el material en sí mismo.

“La preocupación suele centrarse más en sustancias asociadas al material: aditivos, estabilizantes, antioxidantes, tintas, adhesivos, residuos de fabricación o contaminantes que pueden migrar desde el envase”, explica la doctora Sandra Maximino, especialista en salud hormonal y disruptores endocrinos. El riesgo no depende únicamente del polímero principal, sino del conjunto de compuestos presentes en el producto final.

Las cadenas más importantes como Starbucks, Havanna o Café Martínez que ofrecen café para llevar comparten el mismo material en sus vasos.

El problema son los microplásticos que se desprenden del objeto durante el proceso de uso, acarreando los otros compuestos. Un fenómeno que se multiplica al contener líquidos calientes. Las temperaturas entre 80 y 95 °C desencadenan la degradación del revestimiento plástico interno, liberando partículas a un ritmo superior. Este proceso se intensifica con la agitación, por ejemplo, al revolver la bebida.

“Lo que sí sabemos es que la temperatura favorece la migración de sustancias desde los envases hacia los alimentos o bebidas”, continúa Maximino.

Y suma: “Por eso, un líquido caliente como el café genera condiciones más propicias para la liberación de partículas y compuestos químicos que un alimento almacenado a temperatura ambiente. Pero la coherencia interna es fundamental para que la evidencia científica tenga sentido y se use con criterio. No tiene sentido demonizar el vaso térmico de papel si mis hábitos son de una exposición masiva y sin conciencia en cuanto a los disruptores endócrinos en general. Efectivamente, hay evidencia respecto de esos vasos de papel, pero hay que prestarles atención en el marco del conjunto de hábitos que sostenemos. La pregunta más relevante probablemente no sea cuál es peor, sino cuánto aporta cada uno a la exposición acumulada diaria”. Tan solo en la industria alimentaria, la exposición a estos microplásticos en contacto con comidas y bebidas calientes, por ejemplo en cadenas de comida rápida, es elevada.

No existe un umbral de ingesta considerado universalmente seguro para los microplásticos, porque justamente el riesgo es acumulativo. Maximino reflexiona: “Desde el punto de vista toxicológico, la exposición crónica siempre merece más atención que la exposición ocasional. La mayoría de las preocupaciones actuales respecto de microplásticos y disruptores endocrinos no surgen por exposiciones aisladas, sino por la suma de múltiples fuentes a lo largo de años”.

Las temperaturas entre 80 y 95 °C desencadenan la degradación del revestimiento plástico interno de los vasos.

No estamos expuestos a un único tipo de microplástico, sino a miles de partículas de distintos tamaños, composiciones y aditivos, además de mezclas con otros contaminantes ambientales. La multiplicidad de sustancias utilizadas en objetos de uso diario y la gran cantidad de exposiciones en la vida moderna aumentan la dificultad de obtener evidencia científica rotunda que discierna el impacto de cada uno de los materiales, además, considerando su acción acumulativa.

“Por eso, la tendencia científica actual es aplicar el principio de precaución mientras se generan datos más robustos. Cuanto menos plástico, ¡mejor! -continúa Maximino-. Especialmente, en poblaciones de riesgo: “Muchos expertos sostienen que las estrategias de reducción de exposición tienen mayor sentido precisamente en embarazadas, niños y personas con mayor vulnerabilidad endocrina, aun cuando persistan incertidumbres científicas sobre el riesgo exacto”.

Un problema ambiental y sanitario

En Argentina, el consumo de café ronda en 1 kilo por persona por año, equivalente a unas 200 tazas anuales por persona, según datos del Instituto Nacional de la Yerba Mate y la Cámara Argentina del Café.

A nivel global se utilizan entre 250 y 300 mil millones de vasos descartables por año. En Argentina, proporcionalmente al consumo de café citado, esto equivaldría a unos 1.615 millones de vasos descartables anuales. Ese cálculo es impreciso y se basa en estimaciones, porque no hay números oficiales sobre la cantidad de descartables efectivamente utilizados. Menos del 1% de estos recipientes se recicla efectivamente, y la gran mayoría termina en rellenos sanitarios, quemas a cielo abierto, basurales o directamente en el ambiente.

En Argentina, el consumo de café ronda en 1 kilo por persona por año, equivalente a unas 200 tazas anuales por persona.

Se lee con frecuencia que los materiales plásticos tardan más de quinientos años en degradarse, pero eso no es exactamente así. Ana Carolina Ronda es Bioquímica y doctora en Bioquímica, profesora de Oceanografía en la Universidad Nacional del Sur e investigadora del Conicet.

Lo explica con más precisión: “Cuando un residuo plástico llega al ambiente, por efecto principalmente de rayos UV, de los vientos, de la meteorización, el material se va a fragmentar en pedacitos cada vez más y más pequeños. Para las grandes macromoléculas “naturales”, como las proteínas y los carbohidratos, existen enzimas específicas capaces de cortar sus enlaces y degradarlas. Pero los plásticos son macromoléculas de monómeros unidos artificialmente y no existen en la naturaleza enzimas específicas capaces de cortar esos enlaces. Por eso, en su lugar, las partículas se fragmentan en partículas cada vez más pequeñas pero no llegan a descomponerse del todo. En la literatura vas a encontrar que un plástico puede llegar a “vivir” en el ambiente por quinientos años, pero esto es imposible de comprobar porque el plástico ni siquiera tiene esa edad, es un material de aproximadamente ciento veinte años. Ese tiempo que se estima que llevaría en degradarse es un tiempo calculado que se basa en la incapacidad de la naturaleza para cortar esos enlaces químicos”.

Ronda estudia la presencia de contaminación con plástico en los océanos y sus consecuencias sobre los ecosistemas. “Hemos encontrado microplásticos (o mejor dicho, partículas antropogénicas en un sentido más amplio) en todos los ambientes y matrices… agua de mar superficial, profundo, en el fondo marino, en las costas y en organismos, desde los microscópicos hasta los delfines y pingüinos, pasado por una gran variedad de peces y bivalvos. Hoy sabemos que están, que existen, que no hay un lugar en este planeta donde no estén, desde los grandes centros urbanos, hasta los lugares más prístinos, aunque aún desconocemos el impacto real que tiene sobre la salud de los ecosistemas y la salud humana”, sumó la especialista.

El polietileno es uno de los hallazgos más frecuentes en el ambiente. En la industria alimentaria está muy presente junto con otros polímeros, formando parte de los envases envoltorios, bolsas, films, recubrimientos. “La industria alimentaria es una fuente muy importante de contaminación por plásticos que terminan en los mares y los océanos”, aclara Ronda. Y agrega: “Pero la industria textil está pesando también: la mayor parte es a partir de fibras sintéticas y el lavado de la ropa libera a los cuerpos de agua millones de microfibras sintéticas. Sin duda el polietileno es parte de todos estos tipos de microplásticos, aunque no el único polímero sintético”.

El polietileno es uno hallazgos más frecuentes en el ambiente.

“Muchos de los efectos de estas partículas se deben a que van absorbiendo sobre su superficie otros contaminantes del ambiente, lo que pueden hacerlas aún más tóxicas. Por eso es muy difícil evaluar el impacto real. Con los plásticos “más grandes” las evidencias son más físicas y visibles: bloqueo del tracto gastrointestinal, enredos, asfixia. Pero con las partículas más pequeñas es más complejo, porque ya hay efectos tóxicos: pueden atravesar las membranas biológicas, interfiriendo en los procesos biológicos. En una de las especies de peces que estudiamos, observamos que su alimentación se ve alterada, lo que puede afectar su crecimiento y desarrollo. También encontramos cambios en la estructura de los tejidos, en una especie de mejillón y señales de daño en macromoléculas importantes para el funcionamiento normal de las células”.

Cadenas de café, incómodas

En un contexto de inquietud creciente sobre los múltiples perjuicios ambientales que acarrean los vasos de polipapel, y de su potencial como disruptores endócrinos, Starbucks anunció compromisos de transición hacia vasos reutilizables en 2022. La filial argentina confirmó que avanzaría con medidas similares a las de Estados Unidos: los vasos desechables seguirían disponibles, pero para 2025 los clientes tendrían más opciones para usar un vaso reutilizable en cada visita y el objetivo sería eliminar los vasos descartables para 2030.

A la fecha no hay evidencia de que esa transición se haya concretado masivamente en Argentina. Los vasos de polipapel siguen siendo el estándar operativo en ésa y prácticamente todas las cadenas de café para llevar.

Fecha de publicación: 26/06, 2:55 pm