Fuerte denuncia contra Nestlé y Danone: alertan que están alimentando a los bebés con contaminantes plásticos
Un estudio de Greenpeace International encontró microplásticos y disruptores endocrinos en los purés de frutas Gerber (Nestlé) y Happy Baby Organics (Danone). La evidencia sugiere que los bebés están expuestos rutinariamente a microplásticos y sustancias químicas al consumir alimentos empaquetados en pouch.
En muchos países, los frascos de vidrio prácticamente desaparecieron de las góndolas de comida para bebés. Fueron reemplazados por los pouches, bolsitas de plástico con tapa a rosca pensadas para que el bebé succione directamente. Estas bolsitas dominan hoy el mercado mundial de envases para alimentos infantiles y son el packaging que más crece — con una tasa anual del 8.18% proyectada hasta 2031. La industria los comercializa como una opción conveniente y saludable: etiquetas con leyendas como “sin BPA”, “sin pesticidas” u “orgánico” construyen una imagen de inocuidad que, al tratarse de un envase plástico, podría no ser del todo exacta. Eso es precisamente lo que acaba de denunciar Greenpeace International.
Los pouches de Nestlé y Danone contienen microplásticos y químicos sin declarar

Nestlé y Danone concentran juntas el 40% del mercado global de alimentos para bebés. En un informe publicado el último mes, Greenpeace International advierte que estas marcas no pueden garantizar que la comida de sus bebés esté libre de contaminantes.
El informe Tiny Plastics, Big Problem: The Hidden Risks of Plastic Pouches for Baby Food presenta los resultados del análisis de dos purés en pouch -uno de Gerber (Nestlé) y otro de Happy Baby Organics (Danone)- llevado a cabo por el laboratorio independiente SINTEF Ocean, de Noruega:
- Se detectaron más de 5.000 partículas de plástico en cada pouch de Gerber; en los de Happy Baby Organics, más de 11.000. Esto equivale a 270 (Gerber) y 495 (Happy Organics) microplásticos por cucharadita.
- Se identificaron 83 sustancias químicas asociadas al plástico en todas las muestras, incluyendo un potencial disruptor endocrino, el 2,4-di-tert-butilfenol (2,4-DTBP), en los purés de Gerber.
Si bien el estudio no puede probar de manera definitiva que los microplásticos y las sustancias químicas provengan del packaging, la coincidencia entre los compuestos hallados en el alimento y los presentes en el envase -cuya capa interna, en contacto directo con el contenido, es de polietileno- sugiere que el envase es una fuente probable. Ninguna de estas sustancias está declarada en las etiquetas.
Los contaminantes plásticos amenazan la salud de los bebés
Los bebés no son adultos pequeños. Sus sistemas nervioso, inmunológico y endocrino están en pleno desarrollo, lo que los hace especialmente vulnerables a contaminantes como los microplásticos y los químicos del plástico. Y si bien aún es escasa la evidencia de relaciones causales directas, cada vez hay más datos sobre cómo la exposición temprana a estos contaminantes afecta la salud.

Por ello, la Asociación Americana de Pediatría recomienda optar por el vidrio para las comidas de bebés. Por su parte, Francia aprobó en 2025 una ley que prohíbe el uso de envases plásticos en comedores escolares y guarderías. Sin embargo, la regulación específica sobre microplásticos en envases de alimentos infantiles sigue siendo prácticamente inexistente a nivel global.
La ausencia de regulación específica no equivale a ausencia de riesgo. Greenpeace International es explícita al respecto: Nestlé y Danone, al igual que el resto de las empresas que comercializan alimentos infantiles en envases plásticos flexibles, no han demostrado que sus productos sean seguros. Mientras esa demostración no exista, la carga de la prueba no debería recaer sobre los bebés que los consumen.
Por: Marina Alejandra González Besteiro, divulgadora científica en Lena















