El costo oculto de la inteligencia artificial: crecen los conflictos por agua, energía y territorio alrededor de los centros de datos
El avance acelerado de la IA dispara la construcción de data centers en América Latina, pero también multiplica las tensiones ambientales y sociales por el consumo eléctrico.
La expansión global de la inteligencia artificial ya empieza a mostrar una contracara cada vez más visible: el impacto ambiental y social de los centros de datos que sostienen su funcionamiento. Mientras empresas tecnológicas aceleran inversiones para alimentar sistemas de IA capaces de procesar enormes volúmenes de información, en distintos países de América Latina crecen los conflictos vinculados al consumo energético, el uso de agua y la presión sobre los territorios donde se instalan estas infraestructuras digitales.
Un estudio que desarrolla la Relatoría Especial sobre Derechos Económicos, Sociales, Culturales y Ambientales de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) advierte que las tensiones relacionadas con la infraestructura digital ya aparecen en prácticamente todos los países del continente.

Consumo energético de la inteligencia artificial: por qué los data centers preocupan a especialistas
Los centros de datos-también conocidos como data centers- son instalaciones que almacenan, procesan y distribuyen información de manera permanente. Allí funcionan servidores, sistemas de refrigeración y equipos de conectividad que permiten operar plataformas de streaming, redes sociales, servicios en la nube y, cada vez más, aplicaciones de inteligencia artificial generativa.
El problema es que estas instalaciones requieren enormes cantidades de energía eléctrica y agua para mantenerse operativas las 24 horas del día. Según datos de la Agencia Internacional de Energía, los data centers consumen actualmente entre el 1,5% y el 2% de toda la electricidad mundial, y las proyecciones indican que esa demanda podría duplicarse hacia 2030 impulsada principalmente por el crecimiento de la inteligencia artificial.
En América Latina, Brasil, México y Chile concentran la mayor cantidad de centros de datos vinculados al procesamiento de información y servicios asociados a IA. Sin embargo, el crecimiento de estas infraestructuras empieza a generar cuestionamientos ambientales en regiones donde ya existen problemas deacceso al agua, estrés energético o disputas territoriales.
Uno de los puntos más sensibles es el sistema de refrigeración. Los servidores generan grandes cantidades de calor y necesitan mecanismos permanentes de enfriamiento para evitar fallas. En muchos casos, eso implica el uso intensivo de agua potable o industrial, un recurso que en varias regiones latinoamericanas ya enfrenta escenarios de escasez y sequías prolongadas.

Impacto ambiental de los centros de datos: agua, territorio y conflictos sociales
Especialistas en ambiente y derechos digitales advierten que el avance de la inteligencia artificial podría profundizar desigualdades territoriales si las inversiones tecnológicas no incorporan criterios de sostenibilidad ambiental y acceso equitativo a los recursos.
Además, la expansión de los data centers también incrementa la presión sobre las redes eléctricas nacionales. La demanda energética de estas instalaciones puede equivaler al consumo de ciudades enteras, lo que obliga a ampliar infraestructura eléctrica y acelerar inversiones en generación energética.
El debate ya comenzó a trasladarse a gobiernos, organismos internacionales y comunidades locales. Mientras las grandes compañías tecnológicas presentan a la inteligencia artificial como el motor económico de la próxima década, crece la discusión sobre quién absorbe el costo ambiental de sostener esa revolución digital.
Porque detrás de cada consulta hecha a una IA, cada imagen generada o cada sistema automatizado, existe una infraestructura física gigantesca que consume agua, energía y territorio a una escala mucho mayor de la que perciben los usuarios.















