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Alarma

El riesgo de darle a los chicos Nestum “Trigo y Miel” y el vacío legal en el Código Alimentario que advierten expertos

El producto contiene miel como segundo ingrediente en importancia. Expertos advierten que su incorporación contradice las recomendaciones que sugieren evitar azúcares añadidos durante los primeros años de vida.

El Nestum variedad “Trigo y miel”, lleva justamente eso: miel, el segundo ingrediente en cantidad dentro del paquete. La miel brinda un halo de salud al producto, transmitiendo una vaga sensación de algo sano y nutritivo para los bebés, al sustituir el endulzado con azúcar de mesa por otro ingrediente.

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Pero la realidad es que la miel aporta 6,4 gramos de azúcares añadidos cada 100 gramos, e introduce la miel como ingrediente, tratada de forma segura, pero a una edad en que el consenso pediátrico es prohibirla y aconsejar cero azúcar.

El riesgo de botulismo del lactante

El botulismo es una enfermedad grave, potencialmente mortal, causada por la toxina botulínica, una sustancia que produce la bacteria Clostridium botulinum. En adultos o niños mayores, la enfermedad sólo puede desarrollarse por vía alimentaria debido al consumo directo de alimentos que ya contienen la toxina. En bebés, las esporas de la bacteria pueden colonizar el intestino inmaduro y producir las toxinas que afectan el sistema nervioso.

El Nestum variedad “Trigo y miel”, lleva justamente eso: miel, el segundo ingrediente en cantidad dentro del paquete.

“El botulismo del lactante se da por una conjugación de factores: una inmadurez del sistema inmunológico, una mayor permeabilidad intestinal y el ph estomacal de los bebés que no llega a la acidez que tiene en adultos, permitiendo que la espora llegue intacta al intestino, donde puede desplegarse la enfermedad”, explica Ana María Caballero, pediatra con formación en puericultura, nutrición, estimulación temprana y crianza.

“El riesgo es mayor en menores de un año, pero en general se extiende la recomendación de limitar el consumo de miel hasta los dos años por si algún factor gastrointestinal no detectado, alguna enfermedad de ese orden puede empeorar el desarrollo de la enfermedad por toxina botulínica”.

La miel es un alimento muy propenso a transportar las esporas, y por eso se le presta atención especial en cuanto a botulismo en primera infancia. Tanto la miel cruda como la procesada representan el mismo riesgo para menores de 12 meses y así lo consideran el Código Alimentario Argentino y la Sociedad Argentina de Pediatría.

Un desafío del botulismo es que la pasteurización común, doméstica, no elimina el riesgo. Si bien el procedimiento destruye levaduras y bacterias vegetativas, no afecta a las esporas resistentes de Clostridium botulinum. En un producto que se presenta como sugerido “a partir de los 8 meses”, es decir, dentro del período de riesgo crítico de botulismo del lactante, ¿cómo se explica? Desde ya, Nestlé toma las medidas necesarias para prevenir la enfermedad.

Ana Caballero lo aclara. “La cocción casera de la miel no elimina la espora, pero existen tratamientos industriales de altas temperaturas (por encima de 120 grados, durante al menos 3 minutos) que sí la inactivan. El riesgo mayor, en realidad, es la confusión que se genera en el consumidor. Si se promociona un producto para bebés de 8 meses que lleva trigo y miel, puede extrapolarse que los mismos ingredientes de ese producto son válidos para la alimentación del bebé, de forma casera”. No hay ninguna referencia en el paquete de Nestum al botulismo ni al tratamiento efectuado sobre la miel para hacerla segura. El único comentario de la empresa sobre el tema se encuentra al pie de la página web dedicada al producto, en último lugar.

Código Alimentario Argentino (CAA), regulaciones y puntos ciegos

La Resolución Conjunta 136/2007 y 109/2007 incorporó al Capítulo V del CAA el Artículo 235 sexto, que establece: “En el rótulo de los envases de miel, deberá consignarse con caracteres de buen realce y visibilidad y en un lugar destacado de la cara principal, la siguiente leyenda: ‘No suministrar a niños menores de 1 año’.” Esta resolución obliga a rotular la miel, como producto, alertando al respecto, y señala expresamente que el riesgo aplica a “alimentos endulzados con ella”, pero la norma solo cubre la miel envasada. No exige a los fabricantes de alimentos con miel como ingrediente absolutamente nada: ninguna advertencia, ningún protocolo.

Adriana Contarini es Licenciada en Tecnología de alimentos e integrante de la Cátedra Libre de Soberanía Alimentaria (CALISA) de la Escuela de Nutrición de la UBA. Ante la disparidad de obligaciones, reflexiona: “Esto es una especie de vacío legal entre lo que el código estipula para el ingrediente solo, para la venta de miel en sí, que debe tener una leyenda obligatoria, y lo que se exige para productos elaborados con este ingrediente. Queda librado a criterio. Habría que ver si es correcto que se use en productos dedicados a edades tan tempranas… El riesgo es que empresas pequeñas copien formulaciones de empresas grandes como Nestlé sin tener las consideraciones que puede tener el Nestum. De todas maneras, me parece que el Código debería tener un apartado dedicado a hacer una recomendación de que los productos con miel lleven esa misma leyenda o no lleven miel”.

Azúcares añadidos

Más allá del botulismo, el agregado de miel representa una forma de amenaza cotidiana a la salud infantil. La miel es azúcar añadido, tanto en términos regulatorios como nutricionales: no es un azúcar intrínseco del cereal, y esa distinción es importante.

La OMS recomienda evitar el azúcar añadido en dietas infantiles hasta los 23 meses (y siguiendo sus pautas, también lo hace la SAP), y se incluye a la miel explícitamente como una fuente de azúcar libre en sus recomendaciones. Su consumo cotidiano afecta la salud dental de los niños y deteriora la microbiota intestinal, Según la Asociación Americana del Corazón, existen pruebas sólidas que vinculan los azúcares añadidos con mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares en niños, y deben evitarse en menores de 2 años.

El agregado de miel representa una forma de amenaza cotidiana a la salud infantil.

En el envase de Nestum y en su discurso promocional, la miel parece una virtud o una ventaja: “endulzado únicamente con miel”, se subraya, como si la ausencia de azúcar refinada fuera un diferencial positivo. “De acuerdo a la evidencia, sabemos que no deberíamos incorporar azúcares antes de los dos años de vida y especialmente no dentro de productos ultraprocesados como éste”, explica Ana Caballero. “A partir de los dos años se podría consumir miel en preparaciones, porque el riesgo biológico disminuye, pero no deja de ser un azúcar y si se incorpora debe hacerse con esa consideración presente”.

Qué más tiene Nestum

El ingrediente principal de todos los sabores de la marca es la harina. Puede variar el cereal protagonista: en el caso del Nestum con miel, es harina de trigo refinada, lo que implica un cereal con el salvado y el germen removidos. La cantidad de fibra es baja (1 g por porción).

El ingrediente principal de todos los sabores de la marca es la harina.

Entonces, ¿sería una buena opción nutricional para la etapa de alimentación complementaria? Responde la doctora Caballero: “No es un alimento recomendable cuando su composición es esencialmente de harinas refinadas, genera picos de glucosa que aumentan la secreción de insulina y eso tiene un efecto metabólico, a largo plazo, de aumento de almacenamiento de grasa, resistencia a la insulina y alteración del ciclo de hambre y saciedad. Esos picos de glucosa hacen que rápidamente se vuelva a tener hambre y fomentan el picoteo entre comidas. Son alimentos con escasa fibra alimentaria y afectan a flora intestinal directamente. Por otro lado, son alimentos blandos y homogéneos, que cuando una familia los elige se suelen dar por mucho tiempo, todos los días, y genera un desafío extra en el aprendizaje de masticar y tragar, por ausencia de texturas variadas. Como el sabor también es siempre es exactamente el mismo, la integración sensorial y desarrollo de una relación completa con las texturas y sabores se puede ver impedida u obstaculizada. Es importante entender que aunque no tengan un agregado de azúcar, como este sabor con miel,las harinas refinadas generan un aumento considerable de la glucosa semejante al de comer azúcar”.

Además, el producto contiene aromatizante (vainillina), y se promociona fortificado con un cóctel de vitaminas y minerales, especialmente prometiendo cerca de la mitad del requerimiento de hierro diario. Consultada al respecto, la pediatra Ana Caballero comenta: “El agregado de aromatizantes o saborizantes como la vainillina no es aconsejable en la ventana de inicio de la alimentación complementaria, un momento donde es esencial la variedad de sabores y texturas donde el impacto sensorial no se vea alterado innecesariamente. Lo que se busca en esta etapa es que conozcan y exploren todos los sabores y texturas posibles, para disminuir el riesgo de selectividad alimentaria posterior.”.

“Por otro lado, cuando un alimento fortificado con hierro se prepara con el añadido de leche, ya tenemos que saber que su absorción no va a ser la esperada. En Argentina la anemia en la primera infancia es un gran problema de salud pública por el bajo consumo de alimentos ricos en hierro y el alto consumo de lácteos. Preparar un alimento fortificado con leche es lo contrario de lo que necesitamos. El efecto en los padres suele ser de descansar en que a través de ese preparado el niño recibe el hierro que necesita, y eso suele estar lejos de lo real”, suma.

Sin sellos ni advertencias

Aún con azúcar agregado, pobre en fibras y capaz de detonar otros potenciales problemas de ser consumido cotidianamente en la dieta de bebés de menos de dos años, Nestum no lleva sellos de advertencia. La Ley 27.642 de Etiquetado Frontal exime a los alimentos formulados para chicos: el artículo 2° de la ley excluye explícitamente a los “alimentos para lactantes y niños pequeños” de su ámbito de aplicación. La lógica es que esos productos están sujetos a una regulación nutricional específica —el Código Alimentario Argentino para alimentos infantiles— que, en teoría, ya garantizaría su adecuación.

El resultado práctico es que un producto que debería tener parámetros todavía más rigurosos según la evidencia científica actual –por ejemplo, cero azúcar agregada- puede exhibirse en góndola sin ningún sello negro, con un simpático osito azul en el paquete.

Fecha de publicación: 18/06, 1:48 pm