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Poco saludables

La otra cara de Levité y Aquarius, aguas saborizadas con tanta azúcar como una gaseosa

Las marcas construyen una imagen de bebidas livianas e hidratantes, pero sus fórmulas incluyen azúcar, edulcorantes y múltiples aditivos.

Una mano sostiene una botella de plástico de color rosa claro que dice "AQUA RIUS" y tiene dos sellos hexagonales en la etiqueta. El líquido rosa se vierte de la botella en un vaso alto con hielo y una rodaja de pomelo. El vaso está sobre una mesa y detrás hay una pequeña maceta con una planta suculenta. Hay sillas de mimbre en el fondo desenfocado.

Las aguas saborizadas ocupan un lugar ambiguo en la oferta de bebidas: se presentan “más livianas” que una gaseosa, o como fuente de hidratación, pero tampoco son jugo ni agua simplemente.

Levité es la marca insignia del segmento en Argentina, creada por Danone a partir de Villa del Sur a fines de 2002, en plena crisis económica, y durante casi dos décadas fue líder indiscutido de la categoría. Llegó a concentrar el 45% del mercado en 2016 y, junto con su hermana Ser, el 48% del share en 2017. Hoy en día compite sobre todo con Aquarius, que tiene un perfil muy similar.

Un primer plano de estantes de supermercado bien iluminados, repletos de botellas de plástico de bebidas de colores
Por qué las aguas saborizadas Levité y Aquarius no son tan distintas a las gaseosas. Crédito: Economía Sustentable

¿De qué están hechas las aguas saborizadas? Al analizar la fórmula, sabor por sabor, la distancia con una gaseosa convencional es tan pequeña como las burbujas.

Qué saboriza el agua de estas marcas

Estos son los ingredientes declarados en el envase para tres sabores de Levité clásico, con azúcar:

  • Levité Pomelo: agua mineral natural, jugo de pomelo, JMAF (jarabe de maíz de alta fructosa), ácido cítrico, aromatizante pomelo, benzoato de sodio, sorbato de potasio, citrato de sodio, colorante caramelo IV, EDTA.
  • Levité Manzana: agua mineral natural, jugo de manzana, JMAF, vitaminas B9 y B12, ácido málico, citrato de sodio, polidextrosa, benzoato de sodio, sorbato de potasio, ácido cítrico, aromatizante, colorante caramelo IV, acesulfame K, sucralosa, EDTA.
  • Levité Naranja: agua mineral natural, jugo de naranja, JMAF, ácido cítrico, aromatizante naranja, aromatizante dulce, benzoato de sodio, sorbato de potasio, citrato de sodio, acesulfame K, sucralosa, glicósidos de esteviol, EDTA, amarillo ocaso, tartrazina.

En un rápido vistazo aparecen patrones. En Levité Pomelo persiste la fórmula original, endulzada con jarabe de maíz de alta fructosa en altas cantidades. En Levité Manzana y Naranja aparece la segunda fórmula, donde el JMAF convive con edulcorantes no calóricos (acesulfame K, sucralosa, y en naranja también esteviol). Esa combinación de dulzor real más dulzor artificial superpuesto maximiza la intensidad del sabor dulce percibido sin disparar tanto el aporte calórico ni, en algunos casos, el sello de exceso de azúcares.

Cuatro botellas de agua saborizada Villa del Sur Levité de 1,5 litros en fila (sabores manzana, pera, pomelo y naranja) sobre un fondo blanco con hojas verdes.
Levité es la marca insignia del segmento en Argentina, creada por Danone. Crédito: Levité

La fórmula que incluye edulcorantes es una apuesta estratégica de Levité, que presume de haber retirado 20.730 toneladas de azúcar de su portfolio en cinco años, enmarcado como parte de un compromiso con la “alimentación saludable”. El discurso hace énfasis en cuánta azúcar ya no hay, no en cuánta sigue habiendo hoy, ni tampoco en cómo la reemplaza. La realidad es que varios de los sabores de Levité sostienen un nivel de azúcar igual o superior al de un vaso de Coca Cola. Y aquellos que la redujeron conservan una cantidad tal como para necesitar de todas formas el sello negro de exceso, pero además sufrieron una reformulación a base de edulcorantes artificiales que no los hace, precisamente, más saludables.

“Que un producto contenga menos azúcar o calorías no significa que sea inocuo ni que su consumo habitual sea recomendable. Existe una cantidad importante de investigaciones que han estudiado distintos edulcorantes no nutritivos y han observado efectos deletéreos sobre la salud, dependiendo del compuesto, la dosis, la frecuencia y el tiempo de exposición”, aclara la licenciada en Nutrición (FBCB- UNL) y profesora de Biología, Andrea Altamirano Facino.

¿Qué repercusiones hay en el etiquetado frontal, bajo la Ley 27.642, de estos sabores? El sabor Pomelo, sin edulcorantes en su fórmula, obtiene todo su dulzor del azúcar: 71 kcal y 16 g de azúcares por vaso (200 ml), superando el umbral de exceso de calorías y de azúcares, y por eso lleva ambos octógonos. El sabor Limonada también los lleva. El sabor Manzana, con edulcorantes incorporados, reduce a 38 kcal y a 8 g de azúcares por vaso: no alcanza a activar el octógono de “exceso en calorías”, pero sí conserva el de “exceso en azúcares” por el aporte de JMAF. Además, suma el rectángulo negro de advertencia por contener edulcorantes (“no recomendado en niños/as”). El sabor Naranja replica el patrón de Manzana, con azúcar y edulcorante combinados, y la particularidad de sumar dos colorantes azoicos (amarillo ocaso y tartrazina) que no aparecen en pomelo ni manzana.

Levité vs. gaseosa: la comparación que la marca evita

Cuadro comparativo de Levité vs. gaseosa.
Levité vs. gaseosa: la comparación que la marca evita. Crédito: Economía Sustentable

Levité Pomelo tiene más calorías y más azúcar por vaso que un vaso de Coca-Cola. No es un caso aislado ni una anomalía de un solo sabor: Aquarius Naranja, de Coca-Cola, tiene 63 kcal y 15 g de azúcares por vaso —prácticamente en línea con la propia Coca-Cola clásica— y encima suma un tercer exceso que la gaseosa no tiene: 94 mg de sodio, con su correspondiente octógono. La compañía que fabrica la gaseosa más asociada al “exceso” fabrica, con otra marca y otro empaque, un agua saborizada que iguala su perfil calórico y lo supera en sodio.

“No considero que un agua saborizada como Aquarius o Levité sea una opción más saludable que una gaseosa como Coca-Cola”, concluye Altamirano. “Desde el punto de vista nutricional, en muchos casos son productos muy similares: ambos pueden aportar cantidades importantes de azúcares libres, tienen nulo aporte de proteínas, grasas o fibra y, en términos generales, ofrecen muy poco valor nutricional más allá del aporte energético proveniente de los azúcares. Por eso, sí considero serio decir que determinadas aguas saborizadas y gaseosas se parecen mucho desde lo nutricional. El hecho de que una bebida sea presentada como “agua”, tenga un sabor frutal o no sea carbonatada no modifica sustancialmente su composición nutricional”.

Los aditivos más cuestionados

Los aditivos, colorantes y conservantes de Levité son legales y están dentro de la normativa vigente en Argentina. Pero varios tienen historial de controversia.

  • Colorante caramelo IV (INS 150d): presente en pomelo y manzana, es el mismo tipo de colorante que se usa en las gaseosas cola. Su proceso de fabricación con amoníaco y sulfitos puede generar 4-metilimidazol (4-MEI), clasificado como carcinógeno probable en estudios con animales, lo que llevó a California a exigir etiquetado de advertencia bajo la Proposición 65 cuando la exposición supera 29 microgramos diarios. Coca-Cola y Pepsi reformularon su colorante para el mercado de California en 2012, extendiendo el cambio después a todo Estados Unidos. El Código Alimentario Argentino autoriza el uso del Caramelo IV (proceso sulfito-amonio) dentro de los límites internacionales estándar. Los niveles de 4-MEI varían mucho según la marca y el lote, y el riesgo real depende de la dosis y frecuencia de consumo, no de la sola presencia del ingrediente.
  • Benzoato de sodio (INS 211) y colorantes azoicos (amarillo ocaso, tartrazina): el estudio de Southampton (McCann et al., 2007), publicado en The Lancet, encontró una asociación pequeña pero estadísticamente significativa entre el consumo de mezclas de colorantes artificiales más benzoato de sodio y un aumento de hiperactividad y déficit de atención en niños de la población general. La EFSA revisó el estudio en 2008 y confirmó un efecto “pequeño” pero con inconsistencias entre grupos de edad y entre las distintas mezclas evaluadas, sin poder aislar la contribución de cada aditivo individual. La conclusión regulatoria en la Unión Europea fue exigir una leyenda de advertencia (“puede tener efectos negativos sobre la actividad y la atención de los niños”) en los productos con esos colorantes, algo que la normativa argentina no replica.
  • JMAF (jarabe de maíz de alta fructosa): una forma de azúcar derivada del maíz, utilizada en gran parte de las gaseosas locales, con perfil metabólico discutido. La literatura señala que el consumo prolongado de fructosa en altas cantidades estimula la lipogénesis en el hígado y se lo asocia como corresponsable de la esteatosis hepática no alcohólica. Buena parte de esa evidencia proviene de estudios en animales o de consumo muy alto: el problema es que, con una dieta cada vez más llena de alimentos ultraprocesados, lo que hace unas décadas la ciencia consideraba un consumo elevado de estas sustancias se está volviendo el nivel habitual de ingesta, obligando a reconsiderar el grado de alarma.

Aquarius, el mismo libreto con otro autor

Aquarius (Coca-Cola) sigue el mismo patrón que Levité: agua, jugo de fruta, azúcar, JMAF, aditivos de conservación y acidez, y en algunos sabores vitaminas agregadas (niacina/B3 y piridoxina/B6 en el sabor pera, frente a B9/B12 en Levité manzana). El sabor pera contiene tartrazina como colorante, el mismo aditivo señalado en el estudio de Southampton. Según los datos relevados, todas las variantes de Aquarius llevan octógono de exceso de azúcar y de calorías, y la de naranja suma además el de exceso de sodio. La diferencia de packaging y de discurso de marca (Aquarius se apoya más en la asociación directa con hidratación deportiva) no se traduce en una diferencia sustancial de fórmula frente a Levité.

Una imagen liviana construida sin ligerezas

“Una parte importante de la percepción de que las aguas saborizadas son más saludables o “livianas” está construida por el marketing”, reflexiona Altamirano. “Las empresas desarrollan estrategias muy eficaces para asociar estos productos con conceptos como naturalidad, hidratación, bienestar, frutas y un estilo de vida saludable”. Levité no dice ser literalmente “saludable”, una palabra que está regulada y fácil de objetar. En cambio, construye su imagen con un vocabulario más difuso: hidratación, liviandad, jugo de frutas, natural. El propio sitio de la marca la describe como una alternativa “rica, liviana y natural” para quienes buscan hidratarse con buen sabor, hecha con agua mineral Villa del Sur y jugo de frutas de distintas regiones del país. Es un discurso centrado en la función (hidratar) en contraste con la composición real del producto (agua con jarabe de maíz de alta fructosa, saborizantes y conservantes).

Ese mismo discurso se traduce en gráfica: la comunicación de Levité insiste en la necesidad de reforzar la hidratación, apela reiteradamente al jugo de frutas como ingrediente ancla y suele acompañarse de imaginería de platos de comida moderado o con vegetales, frutas frescas enteras y estética “natural” que no tiene correlato directo con lo que hay dentro de la botella.

“El problema está también en cómo se construye el mensaje alrededor de estos productos”, reflexiona Altamirano. “Una bebida puede tener una imagen asociada a la hidratación, contener una pequeña proporción de jugo de frutas, no presentar sello de exceso de calorías, y aun así no constituir una opción nutricionalmente saludable para el consumo habitual. No deberíamos confundir una estrategia de marketing con una característica nutricional. Que una bebida se venda como una alternativa “más saludable” no significa necesariamente que lo sea”.

Un capítulo aparte merece el micrositio propio de la marca, “¿Sabés qué estás tomando?”, donde Levité explica el sistema de sellos de advertencia de la Ley 27.642. Ahí despliega su argumento más elaborado: sostiene que parte del azúcar de sus productos proviene del jugo de fruta, “ingrediente esencial de la receta”, y que, aunque la ley igual lo clasifica como azúcar agregada, conviene “no quedarse” solo con el sello como criterio de decisión. El argumento es técnicamente correcto (la ley no distingue el origen del azúcar) pero su función retórica es relativizar el octógono negro frente al propio consumidor, en la misma página donde la marca se presenta como aliada de la información nutricional.

Qué diferencia real hay entre una Levité y una gaseosa cola

Entre un agua saborizada convencional como Levité y una gaseosa cola, la diferencia verificable se reduce a la gasificación, la cafeína, la fracción de jugo de fruta y a lo sumo, en el caso de Aquarius, las vitaminas agregadas. El resto de la arquitectura —azúcar o alguna forma de azúcar y edulcorante, colorante caramelo IV, conservantes tipo benzoato de sodio y sorbato de potasio, acidulantes— es esencialmente la misma familia de aditivos que sostiene una gaseosa convencional. Y en algunos de los sabores más populares (Pomelo y Limonada), el perfil calórico y de azúcar de Levité supera al de la Coca-Cola, una bebida que la categoría de “aguas saborizadas” nació, en el imaginario del consumidor, para sustituir.

Fecha de publicación: 17/09, 8:15 am