Cerraron el basural de Luján pero dejaron frenada la solución ambiental
La Quema dejó de recibir residuos después de décadas de contaminación, pero el proyecto para transformarlo en el Centro Ambiental Laudato Sí quedó paralizado con un 70% de avance.
El cierre del basural a cielo abierto La Quema, en Luján, puso fin a más de 50 años de disposición de residuos, pero no resolvió el problema ambiental que dejó detrás. El predio, considerado el basural a cielo abierto más grande del país, ocupa 12 hectáreas y hasta julio recibía unas 120 toneladas de residuos por día, mientras alrededor de 200 familias trabajaban allí.
Desde octubre de 2022 se habían iniciado obras para cerrar el basural y transformarlo en el Centro Ambiental Laudato Sí, un proyecto que contemplaba la gestión integral de residuos, educación ambiental y economía circular. Sin embargo, la obra alcanzó un 70% de avance y quedó paralizada en medio de distintas disputas judiciales.

Ahora, la Corte Suprema de Justicia de la Nación ratificó que el Estado nacional debe reanudar las obras de saneamiento de La Quema. El cierre del predio sin la finalización del proyecto deja abierta una incógnita sobre qué ocurrirá con la infraestructura inconclusa y con las familias que dependían del trabajo vinculado con la recuperación de residuos.
“En este caso, los fondos para la obra llegaban del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), pero, al verse interrumpida la obra, la plata se gastó en otra cosa, se licuó y el centro ambiental quedó como un elefante blanco: vacío y sin terminar”, detalló Ivo Botto, referente del Movimiento de Trabajadores Excluidos (MTE).
Botto, integrante de la rama cartonera del MTE, explicó que el proyecto había sido diseñado considerando las condiciones insalubres en las que trabajaban las personas que recuperaban materiales en el basural y con el objetivo de que el cierre no significara la pérdida de sus fuentes laborales.
“Ahora, con la construcción frenada, socialmente hay que dar una respuesta: frente a esta situación, existe la cooperativa como contención social y como posible organizadora del trabajo”.
Qué impacto ambiental dejó el basural de Luján
El cierre de La Quema no significa que los impactos ambientales desaparezcan. Una vez que deja de recibir residuos, el predio se convierte en un pasivo ambiental que requiere tareas de saneamiento y monitoreo para evitar que la contaminación existente continúe afectando el suelo, el agua y el aire.

“Los vecinos y los trabajadores, durante 50 años, resolvieron un problema que era responsabilidad del Estado. En el basural están expuestos a varios problemas de salud por manipular la basura o por vivir cerca. Además, ya tenemos contaminación acuífera porque antes era una tosquera; entonces sabemos que hay napas subterráneas de agua contaminadas”, sostuvo Botto.
Máximo Lanzetta, vocal del directorio de la Autoridad del Agua (ADA) de la Provincia de Buenos Aires (PBA), explicó que un basural que deja de funcionar pasa a considerarse un pasivo ambiental.
“Es un área que está afectada por algo que genera un impacto negativo y que no se puede modificar inmediatamente. En este caso, se ve afectada por la producción de gases de efecto invernadero, como el metano, que tiene 21 veces más poder de calentamiento que el dióxido de carbono. Estos gases son los que producen la combustión espontánea de basura y la contaminación ambiental”.
El impacto también alcanza a quienes trabajaron durante años en el predio. “El humo contamina los pulmones de todos los trabajadores del basural. Muchos tienen problemas respiratorios; otros, en la piel, como rosácea, sarpullido o granos por manipular la basura sin las herramientas ni los cuidados necesarios. En los alrededores, las problemáticas son varias. La principal es el consumo de agua, en la zona a la redonda del basural, que no tiene los niveles de purificación que debería tener. Se consume agua con metales en su interior, lo que a la larga genera un mal funcionamiento interno del cuerpo y enfermedades graves”, planteó Botto.
Lanzetta también puso el foco sobre uno de los principales riesgos ambientales asociados con la acumulación de residuos: los lixiviados.
“El problema importante son los lixiviados, líquidos que van drenando desde la basura al suelo y que afectan a las condiciones geológicas. Arrastran un conjunto de contaminantes, producto de la misma humedad de la basura o por efecto de la lluvia que cae en el predio y genera descomposición”.
Por eso, el cierre del basural constituye apenas una primera etapa del proceso. “Lo más indicado en estos casos es poder hacer un proceso de remediación y no agravar la situación. Acá, por ejemplo, dejar de alimentar el basural y congelar el ingreso de desechos ayuda, aunque no frena la situación ambiental, puesto que la contaminación que ya se hizo sigue reaccionando y haciendo su proceso”, explicó Lanzetta.
Qué propone el Centro Ambiental Laudato Sí
El proyecto del Centro Ambiental Laudato Sí fue pensado como una alternativa al funcionamiento de La Quema. A diferencia de un basural a cielo abierto, un centro ambiental permite concentrar distintas etapas de la gestión integral de residuos y desarrollar actividades vinculadas con la educación ambiental y la economía circular.
Uno de los componentes previstos es un relleno sanitario, una técnica de disposición final que busca reducir los riesgos de contaminación ambiental y proteger la salud pública.
La diferencia central con un basural está en el control de los residuos y en las condiciones de aislamiento del predio. Para construir un relleno sanitario se realiza una excavación y se impermeabiliza el suelo mediante capas de arcilla, plásticos especiales o membranas, con el objetivo de impedir que los líquidos contaminantes lleguen a las napas subterráneas.
También se contempla la recolección de gases producidos por la descomposición de los residuos, como el metano, y de los líquidos lixiviados para su posterior tratamiento. Los residuos son compactados mediante maquinaria pesada y cubiertos de manera sistemática.
La obra del centro ambiental, sin embargo, quedó inconclusa pese a haber alcanzado un 70% de avance. La decisión de la Corte Suprema de ordenar al Estado nacional que reanude el saneamiento vuelve a poner en discusión el futuro de un proyecto que buscaba cerrar definitivamente el ciclo del basural.
El desafío ahora no es solamente evitar que La Quema vuelva a recibir residuos. También implica remediar el pasivo ambiental existente y definir qué sucederá con una obra pensada para reemplazar un modelo de disposición que durante décadas expuso a trabajadores, vecinos y al ambiente a sus consecuencias.















