Detectan por primera vez bacterias resistentes a los antibióticos en personas sanas fuera de hospitales en Buenos Aires
Investigadores del Hospital Italiano hallaron bacterias multirresistentes en porteños sin factores de riesgo tradicionales. El descubrimiento enciende una alerta sobre la circulación comunitaria de estos patógenos.
La resistencia antimicrobiana (RAM) es considerada por organismos internacionales como una de las principales amenazas para la salud pública del siglo XXI. Hasta ahora, la circulación de bacterias resistentes a múltiples antibióticos estaba asociada principalmente a hospitales, clínicas y otros ámbitos sanitarios. Sin embargo, un estudio realizado por investigadores del Hospital Italiano de Buenos Aires acaba de aportar una evidencia preocupante: estas bacterias también circulan entre personas sanas que no se encuentran internadas ni presentan factores de riesgo evidentes.
Los resultados preliminares de la investigación fueron presentados durante el Congreso de la Sociedad Argentina de Infectología (SADI) y constituyen el primer registro de bacterias multirresistentes detectadas en habitantes sanos de la Ciudad de Buenos Aires fuera del ámbito hospitalario.
En la primera etapa del trabajo se analizaron 26 voluntarios y se detectó la presencia de estas denominadas “superbacterias” en tres casos, lo que representa una prevalencia inicial del 11,5%. Aunque se trata de una muestra reducida, los investigadores consideran que el hallazgo es relevante porque confirma una circulación comunitaria que hasta ahora solo se sospechaba.
La investigación continuará ampliando el universo de estudio hasta alcanzar 76 participantes y posteriormente 200, con el objetivo de determinar el verdadero alcance del fenómeno y comprender cuáles son los factores que favorecen su propagación.

Resistencia antimicrobiana: por qué preocupa la presencia de superbacterias en personas sanas
La principal preocupación de los especialistas radica en que estas bacterias pueden volver ineficaces tratamientos habituales frente a infecciones comunes.
Cuando una persona porta microorganismos resistentes en su organismo, especialmente en el intestino, los antibióticos convencionales pueden dejar de funcionar ante una infección urinaria, gastrointestinal o respiratoria, obligando a recurrir a tratamientos más complejos y costosos.
Felipe Huaier, infectólogo del Hospital Italiano y uno de los autores del estudio, explicó el cambio de paradigma que plantea este hallazgo.
“Hasta ahora creíamos que pacientes internados podían contagiarse una bacteria multirresistente. Ahora surge la posibilidad de que sólo por el hecho de ir de visita a un hospital o a un geriátrico te lleves un souvenir”.
Los antecedentes de los tres casos detectados permiten identificar algunas hipótesis que continúan bajo análisis. Uno de los portadores había cuidado a un nieto internado en un hospital, otro había visitado regularmente a un familiar en un geriátrico y el tercero practicaba natación en aguas abiertas.
Sin embargo, los investigadores advierten que todavía no es posible establecer relaciones causales definitivas ni identificar una fuente común de contagio.

“Observamos posibles asociaciones con factores ambientales y socioculturales, como viajes, contacto con aguas recreacionales y convivencia con mascotas, aunque aún no podemos establecer relaciones causales”, añade Huaier.
La investigación adopta el enfoque denominado “Una Salud” (One Health), que entiende que la salud humana está estrechamente vinculada con la salud animal y el ambiente, por lo que los fenómenos biológicos deben analizarse de manera integral.
El estudio que busca explicar cómo circulan las bacterias resistentes en la comunidad
El trabajo es liderado por especialistas en infectología, epidemiología y microbiología del Hospital Italiano y busca identificar las variables que podrían explicar la circulación comunitaria de bacterias resistentes.
Silvana Figar, investigadora del Conicet y una de las responsables del proyecto, señaló que “el objetivo principal del estudio es identificar las variables microbiológicas, socioculturales y ambientales asociadas a la portación comunitaria de enterobacterias productoras de betalactamasas de espectro extendido (BLEE), un indicador crítico de la circulación de bacterias resistentes”.
Y agregó: “Estos factores combinados podrían complejizar el tratamiento de infecciones comunes”.
Las bacterias productoras de BLEE representan una de las principales amenazas para la medicina moderna debido a su capacidad para neutralizar algunos de los antibióticos más utilizados.
“La producción de BLEE inhabilita el uso de antibióticos comunes (como las cefalosporinas de tercera generación), lo que limita las opciones para tratar infecciones urinarias o gastrointestinales cotidianas, incrementando los costos médicos y la mortalidad”, cierra Figar.
El perfil de la muestra inicial también aportó datos llamativos. El 77% de los participantes declaró consumir medicamentos sin prescripción médica y el 83% afirmó no consumir alimentos de origen orgánico. Además, un 30% presentó restos de glifosato en orina, una variable que los investigadores incorporaron como una posible hipótesis dentro del análisis, aunque todavía sin conclusiones definitivas.
Para profundizar el estudio, los especialistas continúan reclutando voluntarios adultos que residan en la Ciudad de Buenos Aires y que no hayan estado internados ni consumido antibióticos durante los últimos seis meses. También quedan excluidos el personal de salud, sus convivientes, personas inmunosuprimidas y mujeres embarazadas, con el fin de evitar sesgos en la muestra.
En cada participante se realizan análisis microbiológicos de materia fecal, mediciones de glifosato en orina y encuestas sobre hábitos de vida y entorno ambiental.
Un problema global que podría agravarse
La detección de estas bacterias en personas sanas se produce en un contexto mundial de creciente preocupación por la resistencia antimicrobiana.
Según una investigación publicada en la revista científica The Lancet, basada en estimaciones realizadas en 204 países, la resistencia bacteriana podría provocar 39 millones de muertes entre 2025 y 2050, lo que equivale a aproximadamente tres fallecimientos por minuto.
Los investigadores estiman que las muertes anuales atribuidas directamente a la resistencia antimicrobiana podrían aumentar un 67,5% para mediados de siglo, mientras que los fallecimientos asociados a este fenómeno crecerían un 74,5%.
“La resistencia bacteriana a los antimicrobianos se produce cuando las bacterias cambian, de forma que ya no responden a los medicamentos. De este modo, la gente muere de infecciones comunes como neumonía, infecciones del tracto urinario y diarrea, porque las bacterias se han vuelto resistentes al tratamiento”, explican los autores del estudio.
El hallazgo realizado en Buenos Aires refuerza la preocupación de la comunidad científica y abre una nueva etapa de investigación para comprender hasta qué punto las bacterias resistentes ya forman parte de la vida cotidiana fuera de los hospitales.















