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Orgullo nacional

Una startup argentina desarrolla colorantes textiles con bacterias para reducir la contaminación

Protiva apuesta por reemplazar los tintes derivados del petróleo mediante pigmentos obtenidos por fermentación bacteriana. El desarrollo busca ofrecer una alternativa más sustentable para una de las industrias con mayor impacto ambiental.

Cada prenda de vestir esconde una historia que pocas veces llega al consumidor. Detrás de los colores que tiñen remeras, jeans o camperas existe un proceso industrial que consume grandes cantidades de agua, energía y productos químicos, además de generar efluentes contaminantes. Frente a ese escenario, una startup argentina decidió explorar un camino diferente: producir colorantes textiles a partir de bacterias.

Se trata de Protiva, una empresa biotecnológica fundada por jóvenes científicos e ingenieros que desarrolla pigmentos naturales mediante fermentación bacteriana. La propuesta apunta a reemplazar los colorantes sintéticos derivados del petróleo por una alternativa capaz de reducir el impacto ambiental sin modificar los procesos industriales existentes.

“La idea apareció casi por casualidad”, recuerda Gonzalo Pulka, ingeniero textil y uno de los fundadores de la startup. Según explicó, el proyecto comenzó cuando uno de los cofundadores visitó una planta de tratamiento de efluentes de una cooperativa textil y quedó impactado por el nivel de contaminación generado por el proceso de teñido. “Ahí surgió la pregunta: ¿no debería existir una forma más limpia de producir colorantes?”.

Colorantes textiles con bacterias: la innovación que busca transformar la industria

A diferencia de los tintes convencionales, que en su mayoría provienen de derivados del petróleo, Protiva utiliza microorganismos capaces de fabricar pigmentos de manera natural mediante un proceso de fermentación.

“Es un proceso muy parecido a una fermentación”, explica Pulka. “Trabajamos con bacterias que producen los pigmentos dentro de un sistema cerrado, lo que reduce significativamente el impacto ambiental.”

Uno de los principales desafíos de los colorantes naturales ha sido históricamente la escala de producción. Mientras los pigmentos obtenidos de plantas, flores o insectos requieren grandes volúmenes de materia prima, la fermentación bacteriana permite producir cantidades industriales de manera más eficiente.

“Con las bacterias resolvemos justamente ese inconveniente. Podemos producir grandes cantidades mediante fermentación, haciendo que el proceso sea viable para la industria”, señala.

Para lograrlo, el equipo trabaja con bacterias extremófilas, microorganismos capaces de sobrevivir en ambientes hostiles como la Puna argentina y el desierto de Atacama.

“Trabajamos con bacterias extremófilas”, cuenta Pulka. “Son microorganismos acostumbrados a soportar radiación solar muy intensa, temperaturas extremas y condiciones químicas muy agresivas. Es justamente la resistencia que necesitamos para que los pigmentos soporten luego los procesos industriales“.

Hasta el momento, Protiva logró aislar más de un centenar de bacterias y avanzar en el desarrollo de un pigmento marrón destinado inicialmente a estampados textiles. El objetivo, sin embargo, es construir una paleta completa de colores biobasados que pueda sustituir progresivamente a los tintes tradicionales.

“La industria funciona mezclando colores primarios. Nuestro desafío es construir una paleta completa que permita obtener cualquier color utilizando pigmentos biobasados”, explica.

Biotecnología argentina: el desafío de escalar una solución sustentable

Uno de los aspectos centrales del proyecto es que los nuevos pigmentos puedan incorporarse sin que las empresas deban modificar su infraestructura productiva.

“La idea es que una tintorería pueda utilizar nuestros pigmentos exactamente igual que los actuales. Que no tenga que cambiar máquinas, formulaciones ni procesos productivos. Si queremos que la adopción sea rápida, la transición debe ser sencilla”.

Aunque la empresa todavía se encuentra en etapa de crecimiento, ya realizó sus primeras pruebas comerciales junto a marcas de moda sustentable y ahora busca ampliar su producción.

Recién en octubre de 2024, tras recibir una inversión inicial de GridX, los cuatro fundadores pudieron dedicarse exclusivamente al emprendimiento. Actualmente buscan una nueva ronda de inversión por US$1,7 millones para fortalecer el equipo, aumentar la capacidad productiva y expandirse hacia mercados internacionales como India, uno de los mayores productores textiles del mundo.

“La biotecnología necesita tiempo y mucho capital”, explica Pulka. “No es como desarrollar una aplicación informática. Acá trabajamos con organismos vivos y hay procesos biológicos que simplemente no pueden acelerarse”.

Hoy, el laboratorio donde funciona Protiva todavía conserva el espíritu de sus comienzos. La empresa desarrolla gran parte de su investigación en una habitación de la casa de uno de sus fundadores. “Somos una verdadera startup de garage”, dice Pulka.

Pese a que ya existen iniciativas similares en otros países, el emprendedor considera que la creciente competencia refleja una necesidad cada vez más evidente de la industria.

“El mercado es enorme y la necesidad también. Si cada vez aparecen más empresas trabajando en este tema, significa que la industria realmente necesita cambiar.”

Con una tecnología inspirada en microorganismos capaces de sobrevivir en algunos de los ambientes más extremos del planeta, Protiva busca demostrar que el futuro de los colorantes textiles podría depender menos del petróleo y más de la biotecnología.

Fecha de publicación: 02/07, 10:34 am