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Impacto ambiental

Un grupo de estudiantes crearon una solución para evitar contaminar litros de agua con el aceite arrojado por las cañerías

El proyecto busca darle una segunda vida a un residuo doméstico que puede generar graves daños ambientales cuando se descarta de manera incorrecta.

Lo que para muchos hogares termina en la pileta de la cocina puede convertirse en un problema ambiental de gran escala. El aceite de cocina usado es uno de los residuos domésticos más difíciles de gestionar y, cuando se arroja por el desagüe, puede contaminar miles de litros de agua, además de generar obstrucciones en las redes de alcantarillado.

Frente a esta problemática, un grupo de estudiantes de Ingeniería Química de la FES Zaragoza de la UNAM decidió buscar una alternativa. Así nació Es-Pumita, un jabón biodegradable elaborado a partir de aceite de cocina usado.

La iniciativa combina investigación, educación ambiental y economía circular para transformar un residuo contaminante en un producto de uso cotidiano. Para los estudiantes, el objetivo no es solamente desarrollar un nuevo artículo de limpieza, sino demostrar que un desecho doméstico puede convertirse en un recurso si recibe el tratamiento adecuado.

Estudiantes de la UNAM transformaron aceite de cocina usado en un jabón biodegradable para evitar que este residuo termine contaminando el agua

Aceite usado y contaminación del agua

El descarte incorrecto del aceite comestible representa un riesgo para los sistemas de agua y saneamiento. Se estima que un solo litro de aceite arrojado por el fregadero puede contaminar hasta miles de litros de agua.

El problema no termina allí. El aceite puede acumularse en las cañerías, provocar obstrucciones en las redes de alcantarillado, dificultar el funcionamiento de las plantas de tratamiento y contribuir a la aparición de anegamientos.

Cuando llega a ríos, lagos u otros cursos de agua, además, forma una película sobre la superficie que dificulta la oxigenación. Esto puede afectar directamente a los organismos acuáticos y alterar los ecosistemas.

Para evitar que el residuo termine en el sistema cloacal, los estudiantes desarrollaron un circuito de recolección en centros educativos y polos gastronómicos. De esta manera, lograron recuperar decenas de litros de aceite usado cada semana que, de otro modo, podrían haber sido descartados de manera incorrecta.

El material recolectado no puede utilizarse directamente. Antes de transformarlo en jabón, debe atravesar distintas etapas de tratamiento para retirar impurezas, restos sólidos, humedad y olores.

El aceite pasa primero por un proceso de filtrado y limpieza. Una vez acondicionado, comienza la etapa de saponificación, una reacción química en la que el aceite se combina con agentes alcalinos para producir sales de ácidos grasos.

El resultado es un jabón de alta biodegradabilidad que puede utilizarse como alternativa a determinados productos de limpieza tradicionales.

“El proyecto demuestra cómo un residuo cotidiano puede transformarse en un artículo de utilidad masiva, fomentando la educación ambiental y el compromiso ciudadano con una sustentabilidad real”, destacan los impulsores de la iniciativa.

El proyecto combina economía circular, educación ambiental y participación comunitaria para convertir un desecho doméstico en un recurso útil

Cómo convertir aceite usado en jabón biodegradable

La propuesta desarrollada por los estudiantes se basa en un principio central de la economía circular: extender la vida útil de los materiales y evitar que aquello que se considera un residuo termine directamente en el ambiente.

El proceso comienza con la recuperación del aceite utilizado en cocinas y establecimientos gastronómicos. Luego se eliminan los contaminantes y residuos que podrían afectar el proceso químico.

Una vez purificado, el aceite se utiliza como materia prima para la saponificación. La reacción permite obtener un producto que vuelve a introducir ese residuo en un circuito productivo en lugar de enviarlo al sistema de desagües.

El proyecto también tiene una dimensión social. La recolección requiere la participación de instituciones educativas, comercios y ciudadanos, por lo que el desarrollo del jabón funciona además como una herramienta para generar conciencia sobre la manera en que se descartan los residuos cotidianos.

El impacto buscado es, así, triple. En términos ambientales, se evita que el aceite llegue a cursos de agua y napas subterráneas. En el plano social, se promueven hábitos de consumo y descarte más responsables. Y desde una perspectiva económica, se transforma un pasivo ambiental en un producto con utilidad concreta.

La experiencia de Es-Pumita muestra que la economía circular no necesariamente requiere grandes infraestructuras para comenzar. También puede surgir en un aula, a partir de un problema cotidiano y de estudiantes capaces de convertir un residuo contaminante en una nueva materia prima.

Fecha de publicación: 10/08, 6:16 am