Falta solo cuatro años para cumplir con el plazo de la Agenda 2030 y muchos países todavía están lejos de cumplir los compromisos de reducción de emisiones que asumieron en el Acuerdo de París. Al mismo tiempo, los costos económicos de los fenómenos meteorológicos extremos como El Niño siguen en aumento.
Así lo advirtió la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE) en su informe The Climate Action Monitor 2026, donde analiza la evolución de las emisiones, los riesgos climáticos y las políticas públicas de sus países miembros y socios.
Uno de los principales hallazgos del documento es la distancia entre los objetivos climáticos y los resultados alcanzados. Según las estimaciones del organismo, tanto los países miembros como los socios de la OCDE permanecen fuera de la trayectoria necesaria para cumplir sus compromisos de reducción de gases de efecto invernadero para 2030.
El análisis compara las emisiones registradas en 2024 con una trayectoria lineal que permitiría alcanzar los objetivos nacionales en 2030. En el caso de los países miembros de la organización, las emisiones se encontraban un 4% por encima del nivel compatible con sus compromisos. Entre los países socios, la brecha era mayor: alcanzaba el 10%, equivalente a unos 2.000 millones de toneladas de dióxido de carbono equivalente (CO₂e).
La OCDE atribuye parte de esta diferencia al crecimiento económico y al aumento de la demanda energética en los países socios, entre los que se encuentra la Argentina, junto con Brasil, China, India, Indonesia, Perú y Sudáfrica, entre otros.
El organismo advierte que, sin una aceleración significativa de las políticas de reducción de emisiones, muchos gobiernos corren el riesgo de incumplir objetivos que están cada vez más cerca. También señala que alcanzar las metas nacionales no garantiza por sí solo el cumplimiento del Acuerdo de París, ya que la ambición de los compromisos actuales todavía resulta insuficiente para limitar el calentamiento global.
Argentina, entre los países más expuestos a la sequía agrícola
El informe también pone el foco en la vulnerabilidad de los sistemas productivos frente al cambio climático. OCDE identifica a la Argentina y Brasil entre los países socios más expuestos a la sequía agrícola. La explicación combina dos factores: el peso de las exportaciones de alimentos en sus economías y el deterioro de las condiciones de humedad del suelo en las zonas agrícolas.
La advertencia tiene especial relevancia para la Argentina por la importancia de la producción agropecuaria y las exportaciones de alimentos en su economía. Una mayor exposición a la sequía puede afectar los rendimientos de los cultivos, los ingresos del sector y la disponibilidad de productos en los mercados internacionales.
La OCDE señala que las alteraciones climáticas en países clave para la producción de alimentos pueden extender sus consecuencias más allá de las fronteras nacionales, con efectos sobre los precios internacionales y la seguridad alimentaria.
Cabe destacar que si bien el documento incluye a la Argentina entre los países más expuestos a este riesgo, no presenta para el país un desglose de indicadores específicos equivalente al que desarrolla para Brasil. Por eso, no corresponde trasladar a la Argentina las cifras brasileñas sobre humedad del suelo o exposición al calor.
Cuánto cuestan los fenómenos extremos
El informe de OCDE también pone cifras al impacto económico de la crisis climática. Según datos de Munich Re citados en el reporte, las pérdidas económicas anuales promedio asociadas a desastres relacionados con el clima pasaron de US$101.200 millones durante el período 1994-1998 a US$249.100 millones entre 2021 y 2025.
La diferencia representa un incremento del 146% en términos ajustados por inflación, considerando los países miembros y socios de la organización.
El aumento responde tanto a la mayor frecuencia e intensidad de los fenómenos meteorológicos extremos como al crecimiento del valor de los bienes y activos expuestos a sus consecuencias. Las olas de calor, las inundaciones, las sequías y los incendios forestales afectan la infraestructura, las viviendas, la actividad productiva y los sistemas de transporte, energía y abastecimiento de agua.
La exposición a temperaturas extremas también genera consecuencias sanitarias. El relevamiento de la base internacional EM-DAT, que abarca 220 países, registró cerca de 336.500 muertes asociadas a olas de calor entre 2000 y 2026 y prevenirlas puede ser rentable, según la OMS. La cifra representa casi el 20% de los fallecimientos vinculados con desastres durante ese período. La OCDE advierte que el número podría estar subestimado por las dificultades para identificar y atribuir las muertes relacionadas con el calor.
Las emisiones globales, en aumento
Otro de los puntos que destaca el documento es que las emisiones mundiales de gases de efecto invernadero continúan creciendo, pese a los avances en eficiencia energética y la expansión de fuentes de energía con menores emisiones.
En 2024, las emisiones globales alcanzaron aproximadamente 51.000 millones de toneladas de CO₂ equivalente, un 7% más que en 2015, año en que se adoptó el Acuerdo de París.
La evolución, sin embargo, fue diferente según el grupo de países. Mientras las emisiones de los miembros de la OCDE disminuyeron un 11% desde 2015, las de los países socios aumentaron un 12% durante el mismo período.
El organismo también advierte sobre la falta de alineación entre los objetivos de mediano y largo plazo. Aunque 122 países y la Unión Europea ya adoptaron metas de emisiones netas cero, que en conjunto abarcan alrededor del 80% de las emisiones territoriales, más del 20% de las emisiones nacionales todavía queda fuera de esos compromisos.