Benetton vendió 900.000 hectáreas y reabre el debate por la tierra

La venta de casi un millón de hectáreas que pertenecían al grupo italiano Benetton vuelve a poner en discusión la concentración de tierras en la Patagonia y el control de los recursos naturales por parte de grandes grupos económicos. Los nuevos compradores son empresarios vinculados con Adecoagro, compañía agroindustrial que tiene como accionista mayoritario a Tether, la firma detrás de la criptomoneda USDT. La operación se conoce en un momento en que el Gobierno de Javier Milei busca atraer inversiones millonarias para instalar megacentros de datos e infraestructura de inteligencia artificial en el sur argentino.

La transacción comprende dos sociedades, Compañía de Tierras Sud Argentino (CTSA) y Ganadera Cóndor, que reúnen aproximadamente 920.000 hectáreas distribuidas entre Buenos Aires, Río Negro, Chubut y Santa Cruz. El patrimonio incluye establecimientos ganaderos, producción agrícola, forestaciones, instalaciones industriales y más de 300.000 animales. El monto de la operación no fue informado públicamente.

La familia Benetton vendió cerca de 920.000 hectáreas en Argentina a empresarios vinculados con Adecoagro

Aunque la compra fue realizada por socios y directivos de Adecoagro a título personal y no por la compañía como sociedad, el vínculo empresarial adquiere relevancia por el control que Tether ejerce sobre la agroindustrial. La operación también vuelve a exponer una discusión histórica sobre la propiedad de grandes extensiones de territorio argentino, los conflictos con comunidades originarias y la capacidad del Estado para regular la concentración de tierras.

El cambio de propietarios se produce, además, mientras la Patagonia comienza a posicionarse como un destino atractivo para inversiones en infraestructura tecnológica. Las bajas temperaturas, la disponibilidad de terrenos y los recursos energéticos despertaron el interés de compañías internacionales que buscan instalar centros de datos para sostener el crecimiento de la inteligencia artificial.

No existen pruebas de que las tierras adquiridas a Benetton estén destinadas a esos emprendimientos ni de que ambas operaciones formen parte de una misma estrategia. Sin embargo, la coincidencia abre interrogantes sobre el control territorial, el acceso a los recursos y las condiciones bajo las cuales se desarrollarán las nuevas inversiones.

¿A quiénes vendió Benetton sus tierras en la Patagonia?

La familia Benetton concretó su salida del negocio agropecuario argentino después de 35 años de presencia en el país. La operación comprende la venta de Compañía de Tierras Sud Argentino y Ganadera Cóndor, dos sociedades que administran unas 920.000 hectáreas en cuatro provincias.

La distribución de las tierras refleja la magnitud de la operación. Cerca del 60% de la superficie se encuentra en Santa Cruz, el 33% en Chubut, el 5% en Río Negro y el 2% restante en Buenos Aires. Se trata de uno de los mayores patrimonios rurales privados del país.

Los establecimientos desarrollan principalmente actividades de ganadería ovina y bovina, producción de lana y carne, agricultura y explotación forestal. Entre sus activos se encuentran aproximadamente 260.000 ovejas y 22.000 vacunos. Cada año, unos 80.000 animales pasan por el proceso de esquila, que genera cerca de un millón de kilos de lana.

La actividad también incluye unas 10.000 hectáreas forestadas principalmente con pinos y establecimientos industriales. Entre ellos se encuentra el frigorífico Faimali, que cuenta con plantas procesadoras de cordero y liebre en Río Gallegos, Santa Cruz.

La adquisición fue encabezada por Mariano Bosch, presidente de Adecoagro, junto con otros socios y directivos vinculados con la compañía. Entre los empresarios relacionados con el grupo comprador aparecen el uruguayo Juan Sartori y Kyril Louis-Dreyfus. La conducción operativa de Compañía de Tierras Sud Argentino continuará a cargo de Agustín Dranovsky.

El cambio de propietarios no implica que Adecoagro haya adquirido directamente las sociedades. Los compradores participaron a título particular, aunque sus vínculos con la agroindustrial y la estructura accionaria de esta última son relevantes para comprender el alcance económico de la operación.

La historia de estas tierras, sin embargo, excede el reciente traspaso empresarial. Los antecedentes de Compañía de Tierras Sud Argentino se remontan a fines del siglo XIX, cuando capitales británicos comenzaron a concentrar grandes extensiones de territorio patagónico mediante concesiones y operaciones sobre tierras fiscales.

La sociedad, originalmente denominada The Argentine Southern Land Company, acumuló propiedades durante ese período. En 1991, el holding Edizione, perteneciente a la familia Benetton, adquirió la compañía por aproximadamente 50 millones de dólares, durante el gobierno de Carlos Menem.

Desde entonces, el grupo italiano consolidó uno de los mayores patrimonios rurales privados de Argentina. Su presencia también estuvo atravesada por conflictos territoriales con comunidades mapuches, que cuestionan los títulos de propiedad y reclaman el reconocimiento de sus territorios ancestrales.

La venta no resuelve esas disputas ni modifica por sí misma la situación jurídica de las tierras. Pero sí plantea una nueva discusión sobre la continuidad de los reclamos y la responsabilidad de los nuevos propietarios frente a los conflictos históricos.

A esto se suma el debate sobre la Ley 26.737 de Tierras Rurales, que establece restricciones a la titularidad extranjera. La normativa fijaba un límite del 15% de tierras rurales en manos de extranjeros a nivel nacional, provincial y departamental, además de otras restricciones vinculadas con la superficie y la nacionalidad de los compradores.

El Gobierno de Milei intentó derogar esas limitaciones mediante el artículo 154 del DNU 70/2023. Sin embargo, el 9 de octubre de 2026, la Corte Suprema suspendió provisoriamente los efectos de esa disposición y restableció la vigencia de las restricciones mientras continúa la discusión judicial.

El fallo no resolvió definitivamente la constitucionalidad del decreto, pero volvió a colocar los límites a la propiedad extranjera en el centro del debate. En este contexto, la concentración de grandes superficies rurales y la identificación de quienes ejercen su control económico adquieren una importancia particular.

¿Qué relación tiene Tether con la compra de tierras en la Patagonia?

Uno de los aspectos más relevantes de la operación es el vínculo de los compradores con Adecoagro y, a través de esta compañía, con Tether. La empresa tecnológica se convirtió en accionista mayoritaria de la agroindustrial en abril de 2025 y, para septiembre de ese año, controlaba el 74,7% de sus acciones.

Tether es la compañía emisora de USDT, una de las principales monedas estables del mercado de criptomonedas. Este activo digital busca mantener una cotización equivalente a un dólar y se utiliza para realizar transferencias, operar en plataformas financieras y conservar valor dentro del ecosistema cripto.

Su estrategia de expansión no se limita al mercado financiero. La empresa comenzó a ampliar sus inversiones hacia sectores de la economía real, entre ellos agricultura, energía, infraestructura y tecnología.

La adquisición de Adecoagro representa un movimiento importante dentro de esa estrategia. La agroindustrial desarrolla actividades en Argentina, Brasil y Uruguay, con negocios vinculados con la producción de granos, arroz, leche, azúcar, etanol y energía.

En Argentina, la compañía también participó junto con la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA) en la adquisición de Profertil durante 2025, una de las principales productoras de fertilizantes del país.

Sin embargo, es importante distinguir las relaciones societarias: Tether controla Adecoagro, pero no compró directamente las tierras de Benetton. La adquisición fue realizada por empresarios vinculados con la agroindustrial a título personal. Por lo tanto, no corresponde afirmar que Tether sea la propietaria directa de las 920.000 hectáreas.

La compañía de criptomonedas también aparece vinculada con otro negocio que generó cuestionamientos en Estados Unidos. En marzo de 2026, una investigación de Bloomberg reveló que Tether había otorgado un préstamo por un monto no informado a Dynasty Trust A, un fideicomiso que beneficia a los cuatro hijos de Howard Lutnick, actual secretario de Comercio del gobierno de Donald Trump.

El préstamo se produjo en un período cercano a la transferencia de la participación accionaria que Lutnick tenía en Cantor Fitzgerald, la firma financiera que dirigió durante más de tres décadas, hacia fideicomisos familiares.

La relación tiene un antecedente comercial: Cantor Fitzgerald mantiene vínculos con Tether y participa en la administración de activos y reservas asociados con USDT.

La operación despertó cuestionamientos sobre posibles conflictos de intereses. En abril de 2026, los senadores estadounidenses Elizabeth Warren y Ron Wyden solicitaron documentación y explicaciones tanto a Lutnick como a la compañía de criptomonedas para conocer las condiciones del préstamo y sus posibles implicancias.

Los pedidos de información no prueban que haya existido un soborno ni que el funcionario haya intervenido en decisiones para beneficiar a Tether. Sin embargo, exponen una relación financiera que generó preocupación por los vínculos entre el sector cripto y el entorno político de Estados Unidos.

La operación reabre el debate sobre la concentración de tierras y el control de los recursos naturales en la Patagonia en manos extranjeras

En paralelo, la Patagonia se convirtió en un territorio de interés para otra actividad que requiere grandes inversiones y acceso a recursos estratégicos: los centros de datos destinados a inteligencia artificial.

El Gobierno de Milei busca posicionar a Argentina como un destino para estas instalaciones, que necesitan grandes superficies, electricidad, sistemas de refrigeración y conectividad. La región ofrece temperaturas relativamente bajas, disponibilidad de energía eólica y otras fuentes renovables, además del acceso al gas de Vaca Muerta.

Entre los proyectos anunciados se encuentra Stargate Argentina, una iniciativa impulsada por OpenAI y Sur Energy que contempla una inversión potencial de hasta 25.000 millones de dólares y una capacidad de 500 megavatios. También se presentó un proyecto de la empresa polaca Green Capital para desarrollar un centro de datos en Chubut, con una inversión anunciada de largo plazo.

Sin embargo, varios de estos emprendimientos todavía se encuentran en etapas iniciales y dependen de financiamiento, acuerdos comerciales e infraestructura para concretarse.

El crecimiento de esta industria también plantea interrogantes ambientales. Los centros de datos necesitan un suministro eléctrico constante y pueden requerir importantes volúmenes de agua para refrigeración, dependiendo de la tecnología utilizada. Su instalación puede generar presión sobre las redes energéticas y los recursos hídricos, especialmente en territorios donde existen otras actividades productivas y comunidades que dependen de ellos.

La coincidencia entre la venta de las tierras de Benetton y el interés internacional por desarrollar infraestructura tecnológica no demuestra que exista una conexión comercial entre ambos procesos. Tampoco hay información que permita vincular a los nuevos propietarios de las sociedades agropecuarias con los proyectos de centros de datos.

Iván Mónaco: Periodista