Menos humo, pero no menos riesgo: el lado oscuro de los vapeadores en la salud que preocupa a los médicos
Mientras Massalin acelera su apuesta por productos “sin humo” tras el nuevo marco regulatorio, especialistas advierten que el vapeo sigue siendo adictivo.
El levantamiento de la prohibición sobre los vapeadores en Argentina abrió un nuevo escenario no solo para la industria tabacalera -con Massalin al frente de una estrategia millonaria de transformación- sino también para el sistema de salud. La nueva Disposición 2543/26 de la ANMAT crea un marco regulatorio que permite formalizar la comercialización de productos de nicotina de nueva generación, incluidos los cigarrillos electrónicos.
El cambio apunta a reemplazar un esquema prohibicionista que rigió durante 15 años por un sistema de control y fiscalización. Desde el Gobierno sostienen que la medida busca ordenar el mercado, reducir el consumo clandestino y ofrecer alternativas potencialmente menos dañinas para fumadores adultos.
Sin embargo, la discusión sanitaria está lejos de saldarse. Especialistas advierten que, aunque estos dispositivos puedan reducir algunos riesgos en comparación con el cigarrillo tradicional, están lejos de ser inocuos.

En ese sentido, el cardiólogo Sebastián Schanz, en diálogo con Infobae a las 9, planteó una preocupación central: “Como médicos tenemos una consigna número uno, que es evitar que haya nuevos consumidores de tabaco, de tabaquismo, fumadores. Pero se prueban distintas estrategias que buscan reducir el impacto, el daño que produce el tabaquismo, no tener nuevos fumadores, ayudar a los que ya fuman a que dejen”.
Efectos del vapeo en la salud: adicción, toxicidad y falta de evidencia a largo plazo
Uno de los principales puntos de alerta es la adicción. Aunque el vapeo elimina la combustión -principal responsable de muchas sustancias cancerígenas del cigarrillo tradicional- mantiene la presencia de nicotina, el componente que genera dependencia.
Schanz fue claro al respecto: “No puedo decir que esto es inocuo. Tengo que predecir que por lo menos es sumamente adictivo, porque la nicotina estimula nuestro centro de recompensa en el cerebro, libera dopamina y vamos a necesitar nuevamente nicotina”.
Además, el especialista explicó que, si bien los dispositivos electrónicos generan menos tóxicos, no están libres de riesgo: “En el calentamiento de los cigarrillos electrónicos, más o menos son doscientos grados centígrados. Hay una pirólisis muchísimo menor. Entonces, se generan menos sustancias tóxicas. Ahora, no es cero sustancias tóxicas”.
Otro punto crítico es la falta de evidencia a largo plazo. A diferencia del cigarrillo convencional -cuyos efectos fueron comprobados tras décadas de estudios-, los vapeadores aún no cuentan con suficiente información sobre su impacto sostenido en el tiempo.

“Para demostrar los daños del cigarrillo pasaron cincuenta años (…) y hoy es indiscutible el daño vinculado al cigarrillo”, recordó el cardiólogo, marcando la incertidumbre actual.
Jóvenes, percepción de riesgo y el desafío de la regulación
Más allá de la discusión técnica, uno de los focos de mayor preocupación es el crecimiento del consumo entre jóvenes. La percepción de que vapear es “menos dañino” o incluso inofensivo ha impulsado su adopción en ámbitos sociales.
Schanz advirtió sobre este fenómeno: “Todos presenciamos, fundamentalmente personas jóvenes, que se inician en el consumo del vapeo como si fuera algo inocuo, algo divertido, algo social, sin ningún tipo de control”.
En este contexto, el nuevo marco regulatorio busca establecer controles más estrictos sobre la composición de los productos y su comercialización. Según el especialista, la legalización puede ser una herramienta para ordenar el mercado: “El nuevo marco legal crea un marco regulatorio para controlar que no haya circuitos informales y también para pedir más control a la composición de esos productos”.
No obstante, el desafío es doble: evitar que los vapeadores funcionen como puerta de entrada a la adicción en nuevos consumidores y, al mismo tiempo, evaluar si realmente pueden cumplir un rol en la reducción de daños para fumadores adultos.
El debate recién comienza. Mientras la industria avanza con fuerza hacia un modelo “sin humo”, la ciencia todavía intenta determinar cuán saludable -o riesgoso- puede ser ese futuro.
Fuente: con información de Infobae















