La “trampa” de la stevia que Chuker e Hileret venden como natural pero está llena de edulcorantes artificiales

La gran mayoría de los endulzantes de mesa que prometen stevia en las góndolas de mercados y almacenes tienen apenas rastros de stevia auténtica. Los glucósidos de esteviol, el activo endulzante que proviene de esa planta, aparecen rezagados en la lista de ingredientes, en cantidades mínimas.

Casi todos esos productos esconden, en realidad, edulcorantes artificiales como sucralosa, sacarina o ciclamato de sodio. No en una excepción aislada: es, prácticamente, la norma de la categoría.

Qué ingredientes contienen realmente los edulcorantes con stevia en Argentina

Encontrar un endulzante de mesa elaborado a base de stevia sin otros edulcorantes artificiales o azúcar es casi una misión imposible. Chuker “con Stevia” (de Merisant), uno de los edulcorantes líquidos más populares en las góndolas, declara en su lista de ingredientes: agua, ciclamato de sodio (INS 952) al 2,6%, sacarina sódica (INS 954) al 1,8%, ácido cítrico, benzoato de sodio, glicósidos de esteviol al 0,1% y sucralosa al 0,04%.

La stevia representa apenas el 0,1% de la fórmula, mientras que el ciclamato es 26 veces más abundante. La sacarina, 18 veces más. Es en rigor, un edulcorante a base de ciclamato y sacarina con una gota homeopática de stevia.

Chuker e Hileret promocionan productos con stevia, pero sus etiquetas muestran que las fórmulas también contienen edulcorantes artificiales como sucralosa, sacarina y ciclamato. (Crédito: Web)

Ledesma Stevia, el edulcorante en polvo de una de las azucareras más grandes del país, declara sacarosa (azúcar común), glicósidos de esteviol (2.717-2.760 mg/100g) y sucralosa (450 mg/100g), más ANAH (INS 551, un antihumectante). La proporción es algo menos escandalosa que en Chuker, pero la sucralosa ronda el 15-17% de lo que aporta la stevia, y el primer ingrediente de la lista (el que por ley debe ser el más abundante) es azúcar de mesa, en vez de un edulcorante no calórico.

Cañuelas Stevia, de Molino Cañuelas, es el caso más cargado de los tres: agua, ciclamato de sodio, sacarina sódica, acesulfame K, glicósidos de esteviol, sucralosa, ácido cítrico y benzoato de sodio. Cuatro edulcorantes distintos, tres de ellos sintéticos y ninguno declarado en cantidad, comparten frasco con la stevia, que aparece quinta en la lista, después del acesulfame K.

Si Chuker, Ledesma y Cañuelas son ejemplos elocuentes, Hileret es el que más pesa en el changuito promedio. Es la marca de edulcorantes más vendida de Argentina, producida por La Cumbre para la firma estadounidense Talentum. Hileret Stevia usa un envase de etiqueta verde, la misma codificación cromática de todas las demás para dar a entender un endulzante presumiblemente más natural, y declara en su versión líquida de 200 ml: agua, glicósidos de esteviol (3.700 mg/100 ml), sucralosa (590 mg/100 ml), sulfato de zinc, conservante (INS 211) y acidulante (INS 330). La proporción stevia-sucralosa es mejor que en Chuker o Cañuelas (la stevia efectivamente pesa más que la sucralosa en esta versión líquida), pero en la versión en polvo de Hileret Stevia la lista de ingredientes empieza directamente con “sacarosa” (azúcar) antes que los glicósidos de esteviol, y la sucralosa vuelve a aparecer sin cuantificar.

Se puede confirmar el detalle de estas fórmulas en las fichas de producto de las cadenas: Chuker 200 ml en Jumbo, Chuker en Open Food Facts, Ledesma Stevia en polvo en Jumbo, Cañuelas Stevia en Disco, ficha de Hileret Stevia en Open Food Facts, composición de las seis líneas de Hileret, explicada por la propia marca.

Efectos de la sucralosa, el ciclamato y la sacarina según la ciencia

El Código Alimentario Argentino no exige que un producto rotulado “con stevia” contenga stevia como ingrediente principal ni en una proporción mínima relevante: alcanza con que esté presente y declarada en la lista de ingredientes, en orden decreciente de peso, tal como señala la normativa general de rotulado. Ninguna resolución de CONAL o ANMAT obliga a expresar el porcentaje de cada edulcorante en el frente del envase, así que la palabra “Stevia” en letra grande y la hojita verde funcionan como reclamo publicitario legal, aunque la sustancia que efectivamente endulza sea otra. La ley regula el listado, pero no regula la proporción del engaño visual.

¿Por qué los distintos elaboradores caen en el mismo mecanismo engañoso y eligen fórmulas con edulcorantes artificiales? La respuesta corta siempre es dinero: vender lo más posible invirtiendo lo mínimo, según explica Adriana Contarini, Licenciada en Tecnología de alimentos. “Las mezclas de edulcorantes que organiza la industria siempre se hacen por dos motivos: la primera siempre es el costo. Y la segunda es la palatabilidad. Las mezclas logran un perfil de dulzor y de off flavors (los sabores residuales, los resabios que te dejan en la boca) que son más agradables. También hay una cuestión de funcionalidad: hay edulcorantes que resisten temperatura de cocción, por ejemplo, y otros no. El aspartamo no puede superar los 40 grados o pierde su poder endulzante”.

La industria combina stevia con otros endulzantes por razones de costo, sabor y estabilidad, mientras la normativa permite utilizar la palabra “stevia” sin exigir una proporción mínima de este ingrediente. (Crédito: Hileret)

El extracto de stevia de calidad (con alto contenido de rebaudiósido A, el glucósido menos amargo) cuesta varias veces más por unidad de dulzor que la sucralosa. De hecho, el proceso comienza con una planta ya manipulada genéticamente, señala Contarini, para reducir el perfil amargo. “Recién después se hace la extracción para depurar los rebaudiósidos, el componente más dulce.” El ciclamato de sodio, por su parte, es de los edulcorantes sintéticos más baratos que existen, motivo por el cual durante décadas fue la base de las gaseosas light producidas en países donde estaba permitido.

La stevia sin refinar tiene un regusto difícil para el paladar masivo. Deja un final amargo, con notas a regaliz, que buena parte del público no tolera bien en dosis altas. Para lograr un producto “que sepa a azúcar” sin ese regusto, la industria mezcla stevia con sucralosa o sacarina, que aportan un dulzor más limpio y ayudan a enmascarar la nota amarga —una estrategia de formulación bien documentada, que combina, además, sustancias con perfiles de dulzor distintos para simular mejor la curva sensorial del azúcar. Además, es logísticamente más simple combinarla. Los edulcorantes sintéticos son extremadamente estables al calor, se disuelven de forma predecible y no varían de lote a lote como puede variar un extracto vegetal. Para una industria que produce millones de unidades, esa previsibilidad reduce costos de control de calidad y reformulación.

Usar ciclamato, sucraolosa o sacarina y poner apenas una pizca de stevia permite a la industria dos cosas a la vez: bajar el costo de producción y capturar el atractivo comercial de la palabra “stevia”, sin sacrificar volumen de venta.

Cómo identificar la stevia pura al leer los ingredientes de un endulzante

La stevia se instaló en el imaginario colectivo como la salida natural, una hoja directo de una planta, sin procesamiento químico, sin calorías y apta para diabéticos. Nada de contraindicaciones. Frente a un consumidor cada vez más atento a los ultraprocesados, el mismo público que lee las advertencias del octógono negro de la Ley 27.642, la palabra “stevia” funciona como una luz verde.

Los glucósidos de esteviol, el principio activo de la hoja de Stevia rebaudiana, no son metabolizados por el cuerpo humano de la misma manera que el azúcar: no elevan la glucemia ni la insulina de forma significativa, no aportan calorías y, a diferencia del ciclamato y la sacarina, nunca estuvieron bajo sospecha de genotoxicidad ni de asociación con cáncer u otras enfermedades. Su aprobación en el Código Alimentario Argentino (Resolución Conjunta 86/2012 y 273/2012) se fundamentó, además, en su consumo tradicional y ancestral en la región, donde la planta es nativa. Su gran limitación es sensorial —el regusto amargo en dosis altas— y esa limitación es, justamente, la que las marcas resuelven agregando sucralosa o ciclamato en vez de perfeccionar la extracción o aceptar un producto más caro. “Siempre un edulcorante natural va a ser más caro que un endulzante artificial”, explica Adriana Contarini. “Los edulcorantes químicos son muy baratos. El proceso que se hace para refinar la stevia y quitarle sus matices más amargos es mucho más costoso que incorporar edulcorantes artificiales.”

Sustitutos cuestionables

Ciclamato de sodio (INS 952). Es el más cuestionado de los tres. Fue prohibido en Estados Unidos desde 1970 tras estudios en ratas que lo asociaron a cáncer de vejiga, y sigue vedado allí pese a revisiones posteriores. Es legal en Argentina, la Unión Europea y gran parte de Latinoamérica, con una ingesta diaria admisible (IDA) de 11 mg por kg de peso corporal fijada por organismos internacionales, pero la controversia nunca se cerró del todo: la OMS lo desaconseja específicamente en embarazadas y niños por su potencial cancerígeno y mutágeno a dosis por encima de lo recomendado. Hay antecedentes de la controversia regional y una ficha técnica alarmante en Aditivos Alimentarios sobre el E952.

Sacarina sódica (INS 954). El edulcorante sintético más antiguo, utilizado desde 1879. También cargó, desde los años 70, con la sospecha de cáncer de vejiga en modelos animales, aunque estudios epidemiológicos posteriores en humanos no confirmaron ese vínculo de forma consistente, lo que llevó a que EE.UU. la sacara de su lista de sustancias cancerígenas en 2000. Lo que sí sostiene la evidencia más reciente es un efecto sobre el metabolismo de la glucosa: estudios en animales y en humanos muestran que la sacarina puede alterar la microbiota intestinal y producir intolerancia a la glucosa, es decir, exactamente el efecto metabólico que se supone debería evitar quien elige un edulcorante en primer lugar.

Sucralosa (INS 955). Es la que más literatura reciente y más controversia acumuló en los últimos tres años. Es una molécula organoclorada, entre 385 y 650 veces más dulce que el azúcar. Estudios de 2023 de la North Carolina State University y la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill identificaron que, al digerirse, la sucralosa genera un metabolito llamado sucralosa-6-acetato que resultó genotóxico (capaz de dañar el ADN) en ensayos con células humanas, y que además aumenta la permeabilidad intestinal, dejando pasar sustancias de desecho a la sangre. El estudio completo se publicó en el Journal of Toxicology and Environmental Health, Part B. Un ensayo aleatorizado publicado en marzo de 2025 en Nature Metabolism encontró que, a diferencia del azúcar, la sucralosa aumenta el flujo sanguíneo en el hipotálamo y la sensación de hambre, sugiriendo que el cerebro no registra el dulzor sin calorías de la misma manera y responde comiendo más después. Otro estudio de 2022 en Microorganisms halló que, incluso en dosis por debajo de la IDA permitida, la sucralosa altera el equilibrio de la microbiota intestinal (con un aumento de tres veces en Blautia coccoides y una caída de Lactobacillus acidophilus) y se asocia a elevaciones significativas de glucosa e insulina tras una carga de azúcar.

Existen revisiones (algunas financiadas por la industria) que sostienen que la sucralosa no es mutagénica y que no hay evidencia sólida de alteración de la microflora intestinal. La discusión científica sigue abierta y polarizada.

Lo que dice la OMS

En 2023 la Organización Mundial de la Salud publicó una guía específica sobre edulcorantes sin azúcar (Use of non-sugar sweeteners) que recomienda, de manera condicional pero explícita, no usar ningún edulcorante no calórico —sea stevia, sucralosa, sacarina o ciclamato— como estrategia para bajar de peso o prevenir enfermedades no transmisibles, y aclara que estos edulcorantes “no son factores dietéticos esenciales y no tienen valor nutricional”. La recomendación alcanza a niños, adultos y mujeres embarazadas y en lactancia. La evidencia en población infantil y gestante es más limitada que en adultos, pero los estudios observacionales disponibles encontraron asociaciones entre el consumo de edulcorantes durante el embarazo y mayor riesgo de asma y alergias en la descendencia, además de una función cognitiva más pobre en los hijos. En niños en particular, la falta de necesidad nutricional de estos productos sumada a que habitúan el paladar a una intensidad de dulzor que vuelve menos atractivas las frutas y otras opciones naturales es motivo suficiente de cautela, más allá de que no se hayan detectado a la fecha efectos agudos graves en los estudios de corto plazo disponibles.

Buscar con lupa

Quien busca stevia y quiere evitar sucralosa, sacarina o ciclamato tiene una sola manera confiable de lograrlo: dar vuelta el envase, ignorar la tapa, y buscar que el único edulcorante en la lista de ingredientes diga “glucósidos de esteviol” o “extracto de stevia”, sin acompañantes.

Natalia Kiako: