La aparición de una aparente “isla” frente al Faro de Punta Mogotes sorprendió a vecinos, turistas y pescadores durante los primeros días de agosto en Mar del Plata. Sin embargo, no se trata de una nueva porción de tierra ni de un fenómeno geológico reciente: lo que quedó expuesto fue parte de la Restinga del Faro, una formación rocosa que habitualmente permanece sumergida.
La estructura se encuentra a unos 500 metros de la costa y se hizo visible debido a una marcada bajante del nivel del mar. Las imágenes rápidamente circularon por redes sociales y despertaron la curiosidad de quienes desconocían la existencia de este sector de la costa marplatense.
Más allá del impacto visual del fenómeno, la aparición de la restinga también permite observar de manera excepcional un ambiente de gran importancia ecológica. El área forma parte de un sistema geológico que se extiende bajo el océano Atlántico y constituye un hábitat para distintas especies marinas.
Restinga del Faro en Mar del Plata y su valor ecológico
Según investigaciones citadas por el Conicet, la Restinga del Faro forma parte de los promontorios del sistema de Tandilia que continúan bajo el océano Atlántico. Está compuesta por rocas muy antiguas, conocidas como ortocuarcitas de la Formación Balcarce, que resistieron millones de años de erosión.
La plataforma rocosa ocupa una superficie superior a los siete kilómetros cuadrados y tiene un importante valor ambiental. Debido a su relevancia geológica y faunística, fue declarada reserva natural protegida por la provincia de Buenos Aires.
El sector también alberga cuevas y cavernas sumergidas y funciona como hábitat de numerosas especies marinas. Además, es considerado un sitio de importancia para la conservación de tiburones, rayas y mamíferos marinos.
La exposición temporal de estas rocas no implica que haya aparecido una nueva isla frente a Mar del Plata. Se trata de una formación que forma parte del paisaje submarino de la región y que, bajo determinadas condiciones, puede quedar parcialmente al descubierto.
Por qué apareció la isla frente a Punta Mogotes
La bajante excepcional fue producto de la combinación de diferentes factores naturales. A las mareas astronómicas, determinadas principalmente por la influencia de la Luna y el Sol, se sumaron condiciones meteorológicas que favorecieron el descenso temporal del nivel del mar.
Cuando los vientos soplan desde tierra hacia el mar, especialmente desde el oeste o el noroeste, pueden desplazar el agua superficial mar adentro. Si este fenómeno coincide con una bajamar natural, el descenso se vuelve mucho más pronunciado y permite que queden expuestos sectores que normalmente permanecen cubiertos.
El mecanismo es contrario al que ocurre durante una sudestada, cuando los vientos empujan el agua hacia la costa y provocan una elevación del nivel del mar.
Sin embargo, la posibilidad de observar la Restinga del Faro más cerca de la superficie no significa que sea seguro intentar llegar hasta ella. Entre la costa y la formación existen canales profundos, corrientes, rompientes y rocas sumergidas que pueden ser difíciles de detectar desde tierra.
Además, la marea puede subir rápidamente y volver a cubrir sectores que poco antes parecían secos y transitables. Por eso, organismos de seguridad y especialistas recomiendan evitar acercamientos en kayak o a pie.
La Prefectura Naval Argentina recomienda navegar dentro de los 200 metros de la costa, utilizar chaleco salvavidas con silbato y contar con sistemas de comunicación protegidos del agua. La Restinga del Faro se encuentra a una distancia superior a esa referencia, lo que aumenta el riesgo para quienes intenten alcanzarla en kayak.
A los peligros propios de las corrientes y las rocas se suma la temperatura del agua durante el invierno. Según datos del INIDEP, en agosto la superficie del mar ronda los 10 °C, una condición que puede provocar un fuerte choque térmico y afectar rápidamente la capacidad física de una persona que caiga al agua.
La aparición de la Restinga del Faro ofrece así una imagen excepcional de un paisaje que normalmente permanece oculto bajo el Atlántico. Pero también deja al descubierto la importancia de preservar un ecosistema de alto valor ambiental y de evitar que la curiosidad por el fenómeno termine convirtiéndose en un riesgo para quienes intenten acercarse demasiado.