A casi tres décadas de su lanzamiento, Nordelta todavía tiene una parte importante de su desarrollo por delante. El masterplan de Eduardo Costantini en Uruguay busca completar las etapas previstas de su masterplan y proyecta pasar de los aproximadamente40.000 habitantes actuales a unos 84.000 residentes.
Pero esa expansión quedó atravesada por una discusión que ya no se limita al negocio inmobiliario y que se vincula a cuánto más puede crecer una ciudad levantada sobre un territorio de humedales profundamente transformado.
Para intentar avanzar, Nordelta presentó ante la Municipalidad de la localidad bonaerense de Tigre un Estudio de Impacto Ambiental Acumulativo (EIAA) que analiza las consecuencias producidas durante casi tres décadas y propone medidas de manejo para las áreas que todavía no fueron consolidadas.
Se trata de un paso considerado determinante para el avance o no de la iniciativa ya que existen restricciones judiciales sobre nuevas urbanizaciones, movimientos de suelo, rellenos, drenajes y modificaciones de costas o cuerpos de agua que reduzcan superficie vegetal en esos sectores.
Además, la presentación del estudio no significa que esas obras hayan quedado autorizadas sino que el documento forma parte del procedimiento que deberá establecer bajo qué condiciones ambientales podría continuar el desarrollo.
En este sentido, el próximo viernes 21 de agosto se debatirá la propuesta durante una audiencia pública en Tigre en la cual se discutirán tanto las conclusiones aportadas por el dueño de Nordelta como las objeciones de organizaciones ambientalistas y vecinos.
Qué es el Estudio de Impacto Ambiental que presentó Nordelta en Tigre
Si durante el encuentro no existen objeciones y se completa el plan previsto, Nordelta tendrá más del doble de los habitantes que posee actualmente.
Cabe recordar que la ciudad comenzó a comercializarse en 1999 sobre aproximadamente 1.800 hectáreas de Tigre y terminó convirtiéndose en uno de los mayores desarrollos urbanos privados de la Argentina.
Consultatio, la compañía fundada por Costantini, mantiene una participación del 49,99% en Nordelta S.A. y el proyecto continúa figurando dentro de la información corporativa como un desarrollo en construcción.
El masterplan fue creciendo mediante barrios cerrados, edificios, colegios, centros comerciales, oficinas, espacios deportivos, servicios e infraestructura urbana articulada alrededor de lagunas artificiales.
Pero el proyecto original no se agotó y la evaluación presentada ahora sostiene que la terminación de desarrollos en áreas ya modificadas podría resultar, en términos generales, compatible con la capacidad del sistema urbano-lagunar siempre que se apliquen medidas permanentes de manejo, monitoreo y mejora ambiental.
Esa conclusión pertenece al estudio impulsado por el propio emprendimiento y deberá superar ahora el análisis de las autoridades y la participación pública.
Cómo afecta al humedal del río Luján la expansión de la ciudad de Costantini
Una particularidad del nuevo análisis presentado por Nordelta es que no estudia solamente el efecto de una obra determinada sino que busca reconstruir el impacto acumulado de las intervenciones realizadas desde el nacimiento de esta ciudad.
Entre las modificaciones identificadas aparecen rellenos y movimientos de suelo, eliminación de sectores de vegetación, impermeabilización de superficies, construcción de lagunas artificiales, cambios sobre el arroyo Las Tunas, reducción de ambientes palustres y pajonales y alteraciones en la conectividad de los hábitats.
Uno de los números más sensibles es el Índice de Estado Ecosistémico de 0,24 incluido en la evaluación. El indicador no significa que actualmente quede apenas un 24% de la superficie original del humedal ya que la metodología intenta establecer el estado de las funciones ecológicas respecto de una situación de referencia y, por lo tanto, no puede convertirse directamente en cantidad de hectáreas conservadas.
Aun con esa salvedad, resulta significativo porque es la propia evaluación presentada por el emprendimiento la que cuantifica el grado de modificación del sistema natural.
El área está integrada ecológicamente al sistema de humedales del Delta inferior del Paraná, el río Luján y el Río de la Plata, ambientes que almacenan y regulan agua, amortiguan inundaciones, retienen sedimentos y sostienen biodiversidad.
En este sentido, la organización Greenpeace viene advirtiendo que los desarrollos inmobiliarios como Nordelta, realizados sobre el Delta mediante rellenos, terraplenes y endicamientos pueden fragmentar estos ecosistemas y alterar su funcionamiento hidrológico.
Por qué creció la población de carpinchos en Nordelta según el Conicet
Nordelta forma parte de una transformación territorial de dimensiones mayores, a tal punto que un relevamiento realizado por Fundación Humedales contabilizó 543 urbanizaciones cerradas construidas o proyectadas sobre el Delta del Paraná y sus planicies de inundación.
Una parte importante de esa superficie se concentra en los Bajíos Ribereños y la cuenca del río Luján y la importancia ambiental de ese proceso radica en que los efectos de cada intervención no necesariamente terminan en los límites de un emprendimiento.
Para Greenpeace, cursos de agua, planicies de inundación y superficies de absorción forman sistemas conectados por lo cual la organización reclama un inventario de humedales, ordenamiento territorial y mayores restricciones para las actividades económicas en las áreas que necesitan especial protección.
La Fundación Humedales, por su parte, trabaja sobre la conservación de la integridad ecológica del Delta y los impactos acumulativos producidos por las modificaciones territoriales.
Un debate entre desarrolladores y ambientalistas
En junio de este año, apenas dos meses antes de la presentación del estudio, Costantini participó de una mesa dedicada específicamente a discutir desarrollo urbano y sustentabilidad, organizada por el IAE Business School.
La convocatoria reunió a desarrolladores inmobiliarios, intendentes, científicos, especialistas, vecinos y representantes de organizaciones proteccionistas y ambientales.
Entre ellas participaron Fundación Humedales, Fundación Vida Silvestre Argentina, Ecodefensa Nordelta, Callejero Casa Quiere, Fundación Zorba y La Voz de los Carpinchos.
El encuentro puso frente a frente a actores con diagnósticos e intereses diferentes alrededor de una cuestión que ahora adquiere consecuencias concretas: cómo compatibilizar el desarrollo urbano con la preservación de las funciones ambientales de territorios sensibles.
La participación personal de Costantini también mostró hasta qué punto la cuestión ambiental pasó a formar parte de la agenda alrededor del proyecto inmobiliario que creó.
Entre las organizaciones más críticas se destaca La Voz de los Carpinchos, con su referente Silvia Soto, quien cuestiona la propuesta de crear un corredor biológico sobre el arroyo Las Tunas y sostiene que medidas ambientales planteadas anteriormente todavía no alcanzaron el grado de ejecución anunciado.
También reclama que antes de nuevas intervenciones se recuperen sectores ya degradados. En el caso de la ONG Callejero Casa Quiere, que también estuvo representada en la mesa de junio, llevó el conflicto al terreno judicial promoviendo una acción contra Nordelta que terminó derivando en restricciones para intervenciones capaces de afectar el hábitat de los carpinchos y otras especies.
En el caso de las organizaciones nacionales como Greenpeace, agregan una mirada más amplia al vincular la conflictividad ambiental de Nordelta con el avance inmobiliario sobre humedales del Delta y la consecuente fragmentación de los hábitats. En En el caso de la Fundación Humedales, pone el foco en la necesidad de preservar las funciones ecológicas del sistema.
El plan para recuperar parte de las funciones perdidas
La respuesta de Nordelta aparece en su Plan de Gestión Ambiental en donde promete, por ejemplo, desarrollar una reserva y corredor biológico de aproximadamente 42 hectáreas sobre el arroyo Las Tunas, buscando establecer conexiones entre el Lago Central, el Canal Aliviador y el Delta.
También propone cambios sobre bordes de lagunas, retiro de determinados alambrados y boyeros, incorporación de rampas y pasos para animales, recuperación de vegetación palustre y monitoreos de agua, biodiversidad y conectividad.
El esquema parte de un territorio ya modificado y apunta a recuperar parcialmente determinadas funciones ecosistémicas y reducir los efectos de las futuras intervenciones.
Es decir, no ofrece devolver las 1.800 hectáreas a su estado original, sino determinar qué capacidad ambiental conserva el sistema después de casi tres décadas de transformación y qué nivel adicional de intervención puede admitir.
Los científicos ponen el foco en las zonas todavía libres
La evidencia científica suma un elemento particularmente relevante para las tierras pendientes a través de estudios realizados por investigaciones del CONICET sobre los carpinchos.
Uno de esos trabajos explica que los Bajíos Ribereños forman parte del hábitat natural de la especie y que la urbanización modificó profundamente ese ambiente.
Los especialistas señalaron que lagos, canales y espacios verdes terminaron funcionando como refugios dentro de un paisaje donde disminuyeron otras alternativas de hábitat.
De hecho, un informe técnico elaborado por María José Corriale, Martín Iglesias y Andrés Arenas, registrado por el CONICET, estudió la aptitud del hábitat del carpincho dentro de Nordelta y encontró un dato especialmente relevante para la expansión actual.
Las áreas no desarrolladas presentan los ambientes de mayor aptitud para la especie y eran utilizadas con mayor intensidad.
A partir de ese diagnóstico, los investigadores recomendaron definir zonas prioritarias de conservación y medidas capaces de mitigar los efectos del aumento de la densidad humana y de nuevas transformaciones.
Los carpinchos como el síntoma más visible
Otro trabajo publicado por Diego Ríos, investigador del CONICET y la UBA, y Regina Ruete, de la UBA, analizó la relación entre infraestructura, humedales y carpinchos en Nordelta y sostuvo que las obras hidráulicas posibilitaron la expansión de urbanizaciones cerradas sobre los humedales de Tigre.
Según el documento, los carpinchos no invadieron posteriormente un territorio urbano que les era ajeno sino que la ciudad avanzó sobre un ambiente que formaba parte de su distribución natural.
El informe contabilizó 803 carpinchos durante los relevamientos de 2025, frente a los 266 registrados en 2021, un aumento que instaló una discusión dentro del propio Nordelta.
Mientras algunos vecinos reclamaron medidas frente a lo que consideran una superpoblación, las organizaciones proteccionistas rechazaron alternativas de control y reclamaron mayor protección del hábitat.
En este sentido, el informe de Nordelta identifica además cómo la infraestructura condiciona el desplazamiento de los ejemplares. Cercos, tablestacados, calles y fragmentación de ambientes pueden interrumpir corredores y obligarlos a circular por sectores donde aumenta el riesgo de accidentes.
De allí surgen algunas de las propuestas de rampas, pasos de fauna y corredores biológicos incluidas en el plan ambiental. El conflicto con los animales terminó funcionando así como la manifestación más visible de un problema diferente como son las consecuencias de superponer una ciudad en crecimiento con las dinámicas naturales de un humedal.
Qué se juega Nordelta en la audiencia ambiental
La audiencia pública prevista para este viernes 21 de agosto, entre las 13 y las 18, será el primer gran examen público del estudio.
Organizaciones, especialistas y ciudadanos podrán plantear observaciones sobre el diagnóstico ambiental, el sistema hídrico, la biodiversidad, las medidas de recomposición y las condiciones para futuras intervenciones.
La instancia contribuirá a determinar qué exigencias ambientales deberá cumplir Nordelta para continuar desarrollando las áreas todavía no consolidadas.