Cada 5 de mayo se conmemora el Día Internacional de la Celiaquía y durante todo el mes distintas organizaciones buscan visibilizar una problemática que afecta a una de cada 100 personas en el mundo: la intolerancia permanente al gluten. Según datos de ANMAT, se estima que 1 de cada 167 personas adultas son celíacas, mientras que en la niñez la prevalencia asciende a 1 de cada 79. Sin embargo, detrás de las campañas de concientización, pacientes y asociaciones denuncian que muchas compañías alimenticias continúan exponiendo a consumidores celíacos a riesgos evitables.
En Argentina, empresas masivas como Arcor, Molinos Río de la Plata, Nestlé, Mondelez International y Unilever comercializan cientos de productos que son consumidos diariamente por niños y adultos. Aunque muchas líneas cuentan con certificación “Sin TACC”, asociaciones de pacientes advierten que persisten problemas vinculados a la contaminación cruzada, cambios de formulación y etiquetados confusos.
“La presencia de gluten no siempre está claramente informada y eso genera un riesgo enorme para quienes padecen celiaquía”, remarcan desde organizaciones de pacientes que reclaman mayores controles sobre la industria alimentaria, a pesar de que en Argentina hay una Ley 26588 que declara de interés Nacional la atención médica, la investigación clínica y epidemiológica, la capacitación profesional en la detección temprana, diagnóstico y tratamiento de Enfermedad Celíaca.
La enfermedad celíaca provoca una reacción inmunológica al consumir gluten -proteína presente en trigo, avena, cebada y centeno- que daña el intestino delgado y puede derivar en anemia, osteoporosis, infertilidad, trastornos neurológicos y desnutrición. Aun así, especialistas sostienen que muchas empresas continúan priorizando la reducción de costos productivos antes que garantizar procesos completamente seguros.
Contaminación cruzada y etiquetado: las principales críticas a las empresas alimenticias
Uno de los mayores cuestionamientos apunta a la contaminación cruzada dentro de las plantas industriales. Aunque un producto no contenga gluten entre sus ingredientes, puede contaminarse durante el proceso de elaboración si comparte maquinaria o líneas de producción con alimentos que sí lo contienen.
Ese escenario genera incertidumbre constante entre consumidores celíacos, especialmente en productos ultraprocesados, golosinas, snacks, embutidos, caldos, helados y aderezos.
En los últimos años, distintos consumidores también denunciaron cambios repentinos en etiquetas y reformulaciones de productos que históricamente eran aptos y dejaron de serlo. El problema, aseguran asociaciones civiles, es que muchas veces las modificaciones pasan desapercibidas.
Además, remarcan que el acceso a productos certificados sigue siendo mucho más costoso que el de los alimentos convencionales. Según relevamientos realizados por Economía Sustentable, una canasta básica sin gluten puede costar hasta tres veces más que una tradicional.
Mes de la Celiaquía: por qué crece el debate sobre la responsabilidad empresarial
El Mes de la Celiaquía volvió a poner en discusión el rol de las grandes compañías alimenticias y la necesidad de reforzar controles estatales sobre la producción industrial.
Agrupaciones de pacientes exigen sanciones más severas para las empresas que incumplen normas de rotulado o presenten fallas en los procesos de elaboración. También reclaman campañas masivas de información para evitar diagnósticos tardíos, una situación frecuente en Argentina.
Mientras tanto, el debate crece: ¿Hasta qué punto las empresas están realmente comprometidas con la salud de las personas celíacas?