Las denominadas flotas fantasma (shadow fleet) son buques petroleros o metaneros que aprovechan vacíos legales para transportar hidrocarburos de países bajo sanciones internacionales. Según expertos en marina civil, esta modalidad representa un peligro extremo ya que opera bajo un entramado jurídico falso de empresas pantalla, lo que garantiza que no habrá responsables ni indemnizaciones ante un accidente.
El riesgo es físico y administrativo: son embarcaciones muy viejas y, en muchos casos, con diseño de monocasco, tecnología prohibida tras desastres como el del Prestige. Además, realizan peligrosos transbordos de carga en alta mar, lo que aumenta la probabilidad de filtraciones o derrames de gran escala cerca de costas vulnerables.
Amenaza en zonas de guerra
En el actual contexto bélico, estos buques se han vuelto objetivos militares estratégicos. En el Mar Negro, la ofensiva contra mercantes rusos eleva el riesgo de que un error de cálculo provoque la explosión de un petrolero cargado. Casos recientes, como una mancha de combustible de 40 kilómetros en las costas rusas o el metanero Arctic Metagaz a la deriva, demuestran que la amenaza es real.
El fantasma de una nueva marea negra
Organizaciones como Greenpeace advierten que los daños podrían superar desastres históricos. Simulaciones recientes muestran que eventuales vertidos en el Mar Báltico podrían destruir reservas naturales en cuestión de horas. El gran problema es la opacidad de los armadores; si ocurre una tragedia, el país afectado no cobrará indemnizaciones por la dificultad de identificar quién debe pagar legalmente.
La falta de control en las costas
Especialistas cuestionan la falta de controles más estrictos en corredores críticos como el Estrecho de Gibraltar, Finisterre o Canarias. Ante este escenario, la recomendación es acelerar la transición energética para reducir la dependencia del petróleo y fortalecer la vigilancia internacional sobre estos buques peligrosos que navegan al margen de la ley.