El tóxico invisible que vuelve a preocupar en Buenos Aires: el asbesto reabre el debate sobre la contaminación urbana

Miles de pasajeros que este lunes intentaron trasladarse por la Ciudad de Buenos Aires se encontraron con una postal habitual cuando el transporte público se paraliza: largas filas en las paradas de colectivos, demoras y estaciones cerradas. Sin embargo, detrás del paro que afectó a la línea C del subte aparece un problema mucho más complejo que una disputa laboral: la presencia de asbesto, un material considerado cancerígeno y cuya exposición prolongada puede generar graves consecuencias para la salud.

La medida de fuerza fue impulsada por los metrodelegados, quienes denunciaron que continúan circulando formaciones que deberían haber sido retiradas de servicio según acuerdos previos firmados con la empresa concesionaria.

Según explicaron los representantes gremiales, la interrupción del servicio responde a que “la empresa Emova no cumple con el acuerdo firmado en el acta del 31 de mayo de 2024 dónde los Nagoya 5000 con asbesto ya no estarían en circulación para esta fecha”.

El paro en la línea C del subte reavivó la preocupación por la presencia de asbesto en algunas formaciones y puso nuevamente en debate los riesgos de este contaminante invisible para trabajadores y pasajeros

El conflicto vuelve a poner bajo la lupa un contaminante que, a diferencia del humo o los residuos visibles, puede permanecer durante años en infraestructuras urbanas sin ser percibido por la población.

Qué es el asbesto y por qué preocupa su presencia en el subte de Buenos Aires

El asbesto -también conocido como amianto- fue ampliamente utilizado durante décadas en la fabricación de materiales industriales debido a su resistencia al calor, la corrosión y el desgaste. Sin embargo, numerosos estudios científicos demostraron posteriormente que sus fibras microscópicas pueden provocar enfermedades respiratorias severas e incluso distintos tipos de cáncer.

El principal problema es que se trata de un contaminante invisible. Las fibras liberadas al ambiente no pueden detectarse a simple vista y, una vez inhaladas, pueden permanecer durante años en el organismo antes de manifestar síntomas.

Por esa razón, organismos sanitarios de todo el mundo impulsaron restricciones o prohibiciones para su utilización y promovieron programas de remoción en edificios, medios de transporte e instalaciones industriales.

En Buenos Aires, la presencia de componentes con asbesto en algunas formaciones del subte se convirtió en un tema de debate público desde hace varios años, especialmente tras detectarse materiales contaminados en trenes adquiridos de segunda mano para distintas líneas de la red.

La discusión actual gira en torno a los plazos de retiro de esas unidades y a las condiciones de seguridad para trabajadores y usuarios mientras avanza el proceso de desasbestización.

Mientras los metrodelegados denuncian incumplimientos en el retiro de vagones con componentes contaminados, la empresa asegura que realiza controles permanentes y que las mediciones de calidad del aire se encuentran dentro de los parámetros considerados seguros para la salud

Contaminación del aire en espacios urbanos cerrados: qué dice la empresa

Frente a las denuncias sindicales, Emova emitió un comunicado en el que cuestionó la medida de fuerza y defendió las acciones implementadas para reducir los riesgos asociados al material.

“Ante el anuncio de una medida de fuerza por parte de un grupo de delegados para este lunes 1 de junio en la Línea C, Emova manifiesta su preocupación por este tipo de acciones sindicales que perjudican directamente a los usuarios”.

La empresa sostiene que desde 2018 desarrolla un programa integral para eliminar progresivamente los materiales con asbesto presentes en la red de subterráneos.

“La compañía ratifica que continúa trabajando desde 2018 en el plan integral de desasbestizado en todo el ámbito de la Red, incluida la flota Nagoya en la que se han realizado trabajos de oclusión de acuerdo a las normas existentes y en conformidad con los sindicatos, con aprobación de las autoridades laborales, la Agencia de Protección Ambiental del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires y SBASAU. Así consta en el convenio renovado hasta el 31 de julio ante la Secretaría de Trabajo de la Ciudad”, destaca el escrito.

La empresa también remarcó que mantiene controles permanentes sobre la calidad ambiental dentro de las instalaciones del subte.

“Asimismo, se continúa monitoreando que el ámbito del Subte cumple con las condiciones exigidas por las normas que regulan la seguridad en el trabajo en base a estándares científicos y técnicos”, manifestaron.

Como respaldo, señalaron que “Prueba de ello son las más de 5.000 mediciones realizadas sobre la calidad del aire en todas las áreas de trabajo del Subte que arrojan resultados muy por debajo de los considerados adecuados para la salud en su totalidad. Las mediciones se realizan constantemente y están a cargo de instituciones y laboratorios validados”.

Más allá de la disputa puntual, el caso vuelve a abrir una discusión más amplia sobre la contaminación urbana invisible y la calidad ambiental en los espacios que millones de personas utilizan cada día. En una época en la que la atención suele concentrarse en el cambio climático o la contaminación atmosférica visible, materiales como el asbesto recuerdan que algunos de los mayores riesgos para la salud pública pueden permanecer ocultos durante décadas bajo la infraestructura de las grandes ciudades.

Iván Mónaco: Periodista