El Paraná agoniza: la depredación y la contaminación vacían uno de los ríos más importantes del país
La drástica caída en la cantidad de peces capturados dejó al descubierto una crisis ambiental que ya no puede ocultarse. Sobrepesca, contaminación y falta de controles aceleran el deterioro del ecosistema del Paraná.
El Río Paraná atraviesa una de las crisis ambientales más profundas de las últimas décadas. Lo que durante años fue símbolo de abundancia pesquera y biodiversidad hoy exhibe señales alarmantes de agotamiento. La reciente evidencia quedó expuesta en uno de los eventos de pesca deportiva más importantes de la Argentina, donde miles de embarcaciones navegaron durante horas y apenas lograron capturar una cantidad mínima de ejemplares.
Las cifras impactaron incluso a los propios protagonistas del sector. En una competencia que reunió a unas 1400 lanchas, apenas se registraron 121 surubíes capturados, un derrumbe que encendió las alarmas entre pescadores, ambientalistas y autoridades provinciales.
La comparación con años anteriores deja en evidencia la magnitud del deterioro. En 2024, bajo condiciones excepcionales por la crecida del río, se habían extraído más de mil ejemplares. Hoy, el panorama es completamente distinto y muchos apuntan a un problema estructural que combina depredación, contaminación y falta de políticas coordinadas entre provincias.

Sobrepesca y frigoríficos: las principales amenazas que vacían el Paraná
Durante el evento, organizadores y pescadores intentaron explicar la abrupta caída en la cantidad de peces. Mencionaron factores climáticos puntuales, bajas temperaturas, agua turbia y la influencia de la luna llena. Sin embargo, detrás de esas explicaciones coyunturales aparece una preocupación más profunda: cada vez hay menos peces en el Paraná.
Entre los principales responsables señalados aparecen los frigoríficos que realizan pesca indiscriminada mediante grandes redes para exportación y producción de subproductos, los pescadores furtivos, el uso de espineles y la falta de controles interestatales eficientes.
También quedó bajo discusión el rol de los llamados “malloneros”, trabajadores que utilizan extensas redes para capturar distintas especies y que muchas veces terminan integrando cadenas de comercialización masiva.
Juan Galimberti, inspector de la Dirección de Recursos Naturales de Corrientes, resumió el problema: “Hace daño el mallonero como el pescador deportivo. Si bien sigue habiendo gran cantidad de pescado, es cierto también que Santa Fe, Entre Ríos, Chaco tienen la pesca comercial permitida. Corrientes es la provincia que más tiene controlado esto”.
Además, agregó: “El que ejerce la actividad de la pesca deportiva es un poco más consciente y está más comprometido con la causa. Por eso, la Fiesta Nacional del Surubí es el lugar ideal para seguir promoviendo el cuidado de nuestro río”.
El reconocido pescador deportivo Pablo Di Santi, histórico impulsor de campañas ambientales sobre el Paraná, expresó su preocupación frente al escenario actual: “Esta situación me da mucha tristeza, porque yo amo el río, amo la pesca. Esto está mal. Estoy indignado, pero no resignado, porque sigo sosteniendo que estamos a tiempo”.
Y añadió: “Desde hace varios años que yo vengo hablando del tema. Pasa que ahora la fiesta habla con números, que son preocupantes. Y no es solo en la Fiesta del Surubí, sino que en la mayoría de los eventos cada vez se pesca menos”.

Contaminación y destrucción del hábitat: el otro drama silencioso del río
La crisis del Paraná no se limita únicamente a la sobrepesca. El deterioro ambiental del hábitat aparece como otra amenaza clave para la supervivencia de las especies.
Uno de los problemas más graves es la disminución de los cardúmenes de sábalo, especie fundamental para la cadena alimentaria del río. El sábalo funciona como alimento principal de grandes peces como el dorado y el surubí, además de cumplir un rol esencial en el equilibrio ecológico al filtrar sedimentos y restos orgánicos.
“Sin sábalos, el río se muere de hambre”, repiten quienes conocen el funcionamiento del ecosistema del Paraná.
A esto se suma el impacto de la contaminación por efluentes cloacales y residuos urbanos que llegan diariamente a la cuenca.
El director de Recursos Naturales de Corrientes, Agustín Portela, advirtió: “Queremos transmitir que hay que cuidar el hábitat. El pescado es una parte ínfima de lo que es la cuenca del Paraná. El hábitat se está deteriorando por la contaminación. La cantidad de ciudades que tiran sus efluentes cloacales crudos al Río Paraná y al Uruguay es importante y eso contamina”.
Desde el gobierno correntino aseguran que realizan patrullajes constantes y aplican multas elevadas para combatir la pesca ilegal. Sin embargo, denuncian falta de controles y recursos en provincias vecinas.
“Los frigoríficos son un problema, porque ponen una red de un centímetro por un centímetro y todo va a parar a la producción de balanceado para gatos, para perros”, sostuvo Portela.
Falta de controles y tensiones políticas: la disputa por el futuro del río
El Paraná atraviesa varias provincias y también conecta con Paraguay, lo que convierte su protección en un desafío político e interjurisdiccional. Mientras Corrientes impulsa un modelo basado en pesca deportiva y controles más estrictos, otras provincias mantienen habilitada la pesca comercial a gran escala.
Las diferencias regulatorias generan conflictos permanentes y dificultan cualquier estrategia coordinada de preservación ambiental.
“Los problemas que nosotros tenemos hoy en Goya y en Esquina son por los malloneros de Santa Fe, que pasan a aguas correntinas a pescar”, denunció Portela.
Desde la organización del evento también reconocen las limitaciones para controlar una problemática que excede ampliamente a un municipio.
El presidente de la Comisión Municipal de Pesca (COMUPE) de Goya, Raúl Eduardo González Vilas, admitió: “A veces es muy complicado divisar a los pescadores furtivos, porque son extensiones muy grandes y se hace difícil el control”.
Detrás de la caída de peces, el Paraná empieza a mostrar algo mucho más profundo: el desgaste de un ecosistema clave para la biodiversidad, la economía y la identidad cultural del litoral argentino.
Fuente: con información de Tiempo Argentino















