El Lago San Roque guarda bajo sus aguas más de un siglo de transformaciones ambientales provocadas por la actividad humana. Un equipo de investigadores de la Universidad Nacional de Córdoba (UNC) logró reconstruir parte de esa historia mediante el análisis de sedimentos extraídos del embalse, que permitieron identificar distintos momentos de degradación desde fines del siglo XIX hasta la actualidad.
El trabajo fue realizado por especialistas del GeolimnoLab, perteneciente al Centro de Investigaciones en Ciencias de la Tierra (Cicterra, Conicet-UNC), integrado por los investigadores Eduardo Piovano, Silvana Halac y Lucía Guerra, junto con las becarias Luciana Mengo e Ingrid Costamagna.
El proyecto también reunió especialistas de Ciencias de la Tierra, Física, Geografía, Arte e Ingeniería Química y recibió financiamiento del Programa Institucional y Multidisciplinar (Primar) de la Secretaría de Ciencia y Tecnología de la UNC.
El punto de partida de la investigación fueron los sedimentos del fondo del embalse. A través de distintas técnicas, los científicos analizaron el tamaño y las características de los granos, la cantidad de fósforo y otros componentes fisicoquímicos. También dataron las distintas capas mediante elementos radiactivos como plomo y cesio.
Según los investigadores, las muestras funcionan “como un libro“, en el que cada capa representa una etapa diferente de la historia ambiental del lago. El sedimento más antiguo analizado data de 1898, pocos años después de la inauguración del dique, que actualmente abastece de agua a aproximadamente el 70% de la ciudad de Córdoba.
Los análisis también permitieron identificar pigmentos fósiles asociados a la presencia de algas y cianobacterias y observar cómo fue cambiando su presencia a lo largo del tiempo.
A esta información se sumaron estudios geográficos, mapas, entrevistas, fotografías aéreas e imágenes satelitales para reconstruir la transformación del territorio en un radio de cinco kilómetros alrededor del lago y analizar el avance de la urbanización.
Contaminación del Lago San Roque y avance de la urbanización
La situación actual del San Roque está vinculada a un proceso de hipereutrofización, provocado por el exceso de nutrientes que llegan al sistema hídrico. Entre las causas identificadas aparecen la disposición de líquidos cloacales en los ríos y directamente en el lago, los desmontes, los incendios y el crecimiento urbano sin controles suficientes.
Este proceso incrementó la cantidad de materia orgánica y favoreció el crecimiento masivo de algas y la proliferación de cianobacterias, algunas de las cuales pueden representar un riesgo para la salud humana.
Los investigadores dividieron la historia ambiental del embalse en cuatro períodos. El primero se extiende desde 1898 hasta 1953 y está marcado por el llenado del lago y una fuerte influencia de los ríos. Durante esa etapa también se registró una importante presencia de sedimentos vinculada con la deforestación de la cuenca.
Entre 1953 y 1983, durante el segundo período, se produjo una ampliación del dique y aumentó significativamente el volumen de agua. En esta etapa comenzaron a registrarse las primeras floraciones de cianobacterias.
El cambio más significativo aparece entre 1983 y 2005, cuando los científicos detectaron un fuerte incremento del carbono orgánico y de los pigmentos asociados a organismos acuáticos.
“Acá se marca una clara aceleración del proceso de eutrofización provocado por el impacto humano”, señalaron los autores del trabajo publicado en la revista Anthropocene.
Para Joaquín Deon, integrante del equipo e investigador del Departamento de Geografía de la Facultad de Filosofía y Humanidades de la UNC, durante ese período se produjo una transformación profunda del territorio.
“Lo que se visibilizó en este período fue que los desmontes, los incendios, la urbanización con fines turísticos y residenciales junto a la disposición de aguas grises y cloacales contaminaron los cursos de agua tributarios del embalse y al lago en sí mismo, dejando un registro geológico para siempre”, señaló.
Deon también vinculó estos cambios con el concepto de Antropoceno, utilizado por numerosos especialistas para describir la influencia de la actividad humana sobre los procesos ambientales y geológicos.
“Aquí, en el lago San Roque, se ve claramente las huellas geográficas del Antropoceno, marcando el territorio para siempre desde la década de 1980 en adelante”, analizó.
El investigador destacó además la importancia de combinar información ambiental y social para comprender el deterioro del lago. “Integramos datos físicos y sociales para mostrar cómo los cambios en el uso de la tierra conformaron la muerte del embalse San Roque”, señaló Deon.
Hipereutrofización del Lago San Roque y proliferación de cianobacterias
La cuarta etapa identificada por los investigadores llega hasta la actualidad y está caracterizada por la profundización del proceso de eutrofización. En este período se detectó la liberación de fósforo acumulado en los sedimentos, un fenómeno que favoreció el desarrollo de grandes colonias de algas.
El informe describe que “el incremento crítico y sincronizado de la biomasa de algas en el embalse alcanza formalmente su actual estado de hipereutrofización, dominado por florecimientos masivos de cianobacterias nocivas”.
Los denominados “testigos”, muestras de barro extraídas del fondo del lago, también permitieron constatar el “continuo e insostenible ingreso de nutrientes derivado de las actividades antrópicas en la cuenca».
De esta manera, el fondo del San Roque funciona como un registro de más de 120 años de transformaciones ambientales. La investigación permitió identificar que el deterioro no responde a un único episodio, sino a un proceso acumulativo en el que las modificaciones del territorio tuvieron un papel central.
Frente a este escenario, los investigadores plantean que conocer la historia ambiental del lago puede contribuir a diseñar nuevas estrategias para recuperar su función ecosistémica y proteger una fuente de agua clave para Córdoba.
“Este tipo de investigaciones debe interpelarnos a todos en nuestras prácticas y hábitos. En nuestro caso lo hacemos desde la ciencia, pero también debemos hacer esfuerzos como sociedad para resguardar estos territorios. Al fin y al cabo las cuencas hídricas siguen abasteciendo de agua a la población y a los ecosistemas”, concluye el trabajo.