El “efecto Airbnb”: por qué existe el sobreturismo y cómo construir un modelo responsable

En los últimos años, el concepto de overtourism o sobreturismo pasó de ser una advertencia académica a una realidad cotidiana en decenas de ciudades del mundo. El término describe la situación en la que el volumen de visitantes supera la capacidad física, ambiental y social de un territorio, deteriorando tanto la experiencia del turista como la calidad de vida de los residentes locales.

Contrario a la idea de que la saturación urbana responde a un único factor, la ciencia económica y ambiental coincide en que el problema es estructural. Durante décadas, la gestión del sector se enfocó casi exclusivamente en batir récords de arribos y promocionar destinos, omitiendo que el turismo no opera en un espacio vacío, sino que consume agua, energía, transporte, vivienda, patrimonio y espacio público.

Cuando la llegada de viajeros crece de forma exponencial sin un ordenamiento previo, los costos sociales y ambientales —congestión, inflación local, pérdida del comercio de cercanía, contaminación y sobreexplotación de recursos— terminan siendo absorbidos por la propia comunidad anfitriona.

La concentración masiva de visitantes en centros urbanos tensiona la infraestructura y la convivencia con los residentes.

De la promoción sin control a la gestión del territorio

El colapso de los destinos consolidados y emergentes demuestra que el turismo no puede seguir funcionando como una actividad comercial desregulada. Para evitar la degradación del patrimonio y la pérdida de identidad de las ciudades, se vuelve urgente un cambio de paradigma basado en la planificación estratégica:

  • Planificación integral y límites de capacidad: Los municipios deben definir techos de carga física y ambiental para determinar cuántos visitantes puede absorber un espacio en un momento dado sin destruir su entorno ni expulsar a su población.
  • Gobernanza participativa: Articular políticas entre las áreas de turismo, urbanismo, ambiente, movilidad y vivienda, incluyendo activamente la voz de los vecinos en la toma de decisiones sobre el uso del espacio público.
  • Superar la métrica del volumen: Dejar de medir el éxito turístico únicamente por la cantidad de pernoctaciones o pasajeros ingresados, e implementar indicadores integrados que evalúen la huella ecológica, la calidad del empleo generado y el bienestar de los residentes.
El turismo responsable prioriza la descentralización de los flujos turísticos y la protección del patrimonio natural y cultural.

Hacia un turismo responsable: el rol del viajero y el retorno local

Frente a la crisis de los modelos extractivos, cobra fuerza el concepto de turismo sustentable y regenerativo. Este enfoque busca que la actividad turística no solo reduzca su impacto negativo, sino que deje un saldo positivo e integral en el destino.

Un modelo de viaje responsable requiere el compromiso de todos los actores del sistema:

  1. Diversificación geográfica y temporal: Fomentar la llegada de visitantes fuera de las temporadas pico y promover circuitos turísticos alternativos para descentralizar la presión sobre los centros históricos o áreas naturales protegidas.
  2. Consumo con impacto positivo: Priorizar el comercio local, los productores regionales y los prestadores de servicios comprometidos con el empleo digno y la protección ambiental.
  3. Respeto por la dinámica comunitaria: Fomentar en los viajeros la empatía hacia el estilo de vida, la cultura y los recursos básicos de las comunidades que los reciben.

La economía del turismo del siglo XXI exige dejar de ver al territorio como un escenario de consumo masivo para empezar a gestionarlo como un recurso escaso que debe preservarse para las futuras generaciones.

Julieta Dorta: Periodista especializada en SEO y en tendencias