Un estudio de la Red Interuniversitaria en Ambiente y Salud de la Región Centro (REDINASCE) identificó un grupo de departamentos del sur de Santa Fe y el sudoeste de Entre Ríos donde el riesgo de morir por cáncer entre niños, niñas y adolescentes fue 32% superior al del resto de la región.
La investigación analizó 2.415 muertes por cáncer de personas de 0 a 19 años ocurridas entre 2000 y 2019 en Córdoba, Santa Fe y Entre Ríos.
El trabajo, publicado en 2025 bajo el título “Ecoepidemiology of Child-Adolescent Cancer Mortality in Argentina”, identificó tres conglomerados espaciales estadísticamente significativos: dos de mayor riesgo y uno de menor riesgo. El grupo con un riesgo relativo de 1,32 se ubicó en el sur de Santa Fe y el sudoeste de Entre Ríos e incluyó los departamentos Belgrano, Caseros, Constitución, Iriondo, Rosario y San Lorenzo, en Santa Fe, y Victoria, en Entre Ríos.
En términos simples, esto significa que en ese conjunto de departamentos se registró un riesgo de mortalidad por cáncer 32% mayor que fuera de ese conglomerado durante el período analizado. El resultado fue estadísticamente significativo, con un valor de p inferior a 0,0001.
Arsénico y actividad agrícola bajo la lupa
Para analizar posibles factores ambientales asociados a esa distribución territorial, los investigadores estudiaron dos variables: la exposición de la población a niveles elevados de arsénico en el agua de consumo y la cantidad de hectáreas sembradas por habitante, utilizada como indicador indirecto de exposición comunitaria a agroquímicos. Para este último indicador se consideraron cinco cultivos principales: soja, maíz, girasol, sorgo y trigo.
Los resultados mostraron que el conglomerado de mayor riesgo presentaba una mayor proporción de población expuesta a niveles elevados de arsénico, que millones de argentinos podrían estar expuestos a niveles peligrosos, y una mayor cantidad de hectáreas sembradas por habitante durante el período 1980-1999. Sin embargo, los investigadores no encontraron diferencias estadísticamente significativas entre las zonas de mayor y menor riesgo en la superficie sembrada por habitante durante 2000-2019.
Este dato es relevante porque el estudio no permite atribuir directamente el exceso de mortalidad a los agroquímicos. Los autores señalan que la relación encontrada entre las variables ambientales y los grupos de riesgo abre hipótesis que requieren nuevas investigaciones.
De hecho, el trabajo plantea que la exposición agrícola correspondiente a 1980-1999 podría ser relevante para las muertes registradas posteriormente, debido a la posibilidad de períodos de latencia. En cambio, la ausencia de diferencias significativas en la actividad agrícola entre 2000 y 2019 no permite establecer una relación entre la exposición agrícola contemporánea y la mortalidad observada.
El arsénico aparece como otro factor de preocupación
La investigación también encontró una relación entre el riesgo de mortalidad y el porcentaje de población expuesta a niveles elevados de arsénico en el agua de consumo. Para definir la exposición, los investigadores utilizaron como referencia concentraciones superiores a 10 microgramos por litro, el valor establecido por la Organización Mundial de la Salud.
La Región Centro es, además, una de las zonas del país históricamente afectadas por la presencia de arsénico en el agua. Los investigadores ya habían trabajado sobre esta problemática en estudios anteriores que analizaron la relación entre mortalidad por cáncer, calidad del agua y superficies sembradas.
El análisis también permitió identificar un conglomerado con menor riesgo de mortalidad por cáncer infantil y adolescente. Se ubicó en el norte y noroeste de Córdoba e incluyó los departamentos Colón, Cruz del Eje, Ischilín, Punilla, Río Primero, Río Seco, Sobremonte, Totoral y Tulumba.
En ese territorio, el riesgo relativo fue de 0,57, es decir, significativamente inferior al registrado fuera del conglomerado.
Qué dice realmente el estudio
Uno de los principales límites de la investigación es su diseño ecológico. Los autores analizaron información agrupada por departamentos y compararon la distribución territorial de las muertes con variables ambientales. Por eso, los resultados permiten detectar asociaciones y formular hipótesis, pero no establecer que una determinada exposición haya provocado el cáncer en una persona.
“Las investigaciones ecológicas son análisis poblacionales exploratorios que, aun cuando no pueden indicar causalidad, son útiles para determinar correlaciones”, explican los autores, que plantean la necesidad de realizar estudios de campo en los departamentos involucrados y analizar la incidencia de las distintas patologías.
También señalan que sería necesario incorporar otras variables, como la calidad del aire, para profundizar las hipótesis.
El trabajo fue realizado por Laura De Gracia, Florencia Molinatti, Sergio Montico y Alejandro Oliva, investigadores de la Universidad Nacional de Rosario, la Universidad Nacional de Entre Ríos, el CONICET y REDINASCE. La investigación utilizó estadísticas oficiales de mortalidad de la Dirección de Estadísticas e Información de Salud (DEIS) y datos poblacionales para calcular los riesgos por departamento.