Alertan que boom de importación de indumentaria usada puede derivar en basurales de ropa y fabricantes piden prohibirla
Crecen las importaciones de ropa usada en el país, mientras se desploma la industria textil en Argentina. La apertura a la importación de indumentaria usada y el ingreso récord de ropa usada generaron una fuerte caída de la producción nacional. Ambientalistas y fabricantes advierten sobre el riesgo de transformar al país en receptor de descartes textiles mientras aumentan los residuos de la moda.
En el desierto de Atacama, en Chile, se descartan más de 40.000 toneladas de ropa cada año. Montañas de prendas provenientes de Estados Unidos, Europa y Asia forman un paisaje tan impactante que se convirtió en uno de los símbolos mundiales del lado oculto de la moda rápida.
Argentina todavía está lejos de esa imagen. Pero algunos indicadores comienzan a encender señales de alerta. Mientras crece el ingreso de ropa usada y de prendas importadas, la industria textil local atraviesa una de las peores crisis de los últimos años: produce menos, emplea menos trabajadores y mantiene gran parte de sus máquinas apagadas.

Según datos de la Fundación ProTejer, a los que accedió Economía Sustentable, en marzo de 2026 la producción textil cayó 23,3% respecto del mismo mes del año anterior y acumula una contracción del 31,3% frente a 2023. En paralelo, las importaciones de ropa aumentaron un 79% y las de confecciones un 55%, alcanzando niveles récord históricos.
La pregunta que empieza a aparecer en el sector es si Argentina está fortaleciendo una economía circular genuina o si corre el riesgo de convertirse en un nuevo destino para los excedentes textiles que los países desarrollados ya no pueden absorber.
Hoy fardos, mañana residuos
Hace apenas unos años, la importación de ropa usada estaba prohibida en el país. Hoy los fardos llegan desde distintos países y se comercializan, con precios bajos, en ferias, locales y redes sociales, una situación que crece también debido a la pérdida del poder adquisitivo.
Economía Sustentable visitó un comercio de fardos de ropa usada en la zona oeste del Conurbano y su encargado, quien quiso mantener su identidad reservada, expresó: “Los fardos arrancan de los 100 a los 500 dólares. Hay diversas categorías, vienen de muchas marcas Zara, Calvin Klein. Hay ropa usada y ropa que se puso en un perchero y nunca se vendió. Con cinco fardos la gente ya se abre locales de ropa“.
Ingresos de Turquía y Dubai
La escena que grafica el empleado es una postal de lo que está sucediendo: la producción nacional se ve reemplazada por el ingreso de ropa importada a precios muy bajos. “Hay muchas quejas de que traemos basura, pero la empresa está certificada con el proceso de desinfección y recolección de la ropa. Con lo que entra y no sirve se hacen trapos de piso. Mucho viene de Turquía y Dubai“, explica el encargado del local, que semanas después de la nota fue clausurado.
Por su parte, Lucía Knorre, investigadora de Fundación ProTejer, en diálogo con Economía Sustentable, no coincide con esta mirada: “hoy por hoy el 85% de la ropa usada ingresa de la Aduana de Jujuy, proveniente de Chile. Se trata de ropa vieja, muy sintética, a precios que ningún productor puede igualar. Si bien hay países que piden certificados de higiene eso no sirve porque no terminan de evitar el daño ambiental y productivo que genera el ingreso de esa ropa.“
Es que a este escenario se suman más datos aportados por la Fundación ProTejer respecto a la crisis que transita la industria nacional textil:
- 22.156 empleos perdidos.
- 7 de cada 10 máquinas paradas.
- US$ 780 millones invertidos entre 2020 y 2023 que hoy están ociosos.
- Cambio de composición de importaciones (menos insumos, más ropa terminada).
Los impactos ambientales
Si bien la importación comenzó en 2024, debido a quejas de las Cámaras de Comerciantes se sumaron controles para reducir los impactos ambientales. Sin embargo, especialistas en residuos textiles advierten que no toda la ropa importada encuentra un nuevo uso. “Estamos ante un sistema que todavía carece de infraestructura para reciclar fibras textiles a gran escala“, aseguran desde los sectores ambientales.
“El único camino posible hacia la solución de este conflicto es volver a la prohibición del ingreso de ropa usada, como tienen todos los países tienen, salvo algunos de África y Chile. Hoy no hay un límite a esa importación y la única manera de erradicar el problema es ir a la raíz: que deje de ingresar. El modelo del fast fashion y ultra fast fashion está considerado un problema a gran escala, a nivel internacional que necesita de ciertos países donde volcar sus desechos y no queremos que eso siga sucediendo“, agrega Lucía Knorre.
Es válido aclarar que la ropa, en líneas generales, está hecha de derivados del plástico, con fibras de nylon, compuestos que tardan miles de años en degradarse y que son muy contaminantes al ambiente. Por ello, el paisaje de Atacama que parecía lejano, si no se toman las medidas adecuadas, puede convertirse en un posible futuro argentino.















