La niebla suele asociarse con mañanas grises y baja visibilidad. Sin embargo, una nueva investigación sugiere que este fenómeno meteorológico es mucho más complejo de lo que se creía: algunas de sus diminutas gotas de agua funcionan como verdaderos ecosistemas microscópicos, donde las bacterias no solo sobreviven, sino que también se reproducen y ayudan a eliminar contaminantes del aire. El descubrimiento fue realizado por investigadores de la Universidad Estatal de Arizona y de la Universidad de Susquehanna, en Estados Unidos, y publicado recientemente en la revista científica mBio. Cómo se realizó el estudio de la niebla Hasta ahora, la comunidad científica sabía que las bacterias podían viajar suspendidas en la atmósfera. Lo que no estaba claro era si estos microorganismos permanecían activos una vez en el aire. El nuevo trabajo aporta evidencia de que, al menos dentro de ciertas gotas de niebla, las bacterias pueden alimentarse, multiplicarse y modificar procesos químicos atmosféricos. La niebla suele asociarse con mañanas grises y baja visibilidad. Para llegar a estas conclusiones, los científicos analizaron durante dos años 32 episodios de niebla de radiación en el estado de Pensilvania. Este tipo de niebla se forma durante la noche cuando la superficie terrestre se enfría y el aire cercano al suelo alcanza la saturación. Los investigadores recolectaron muestras antes de la formación de la niebla, durante el fenómeno y después de su disipación. Además, compararon las bacterias presentes en partículas secas del aire con aquellas que habitaban en el interior de las gotas. Los resultados sorprendieron incluso al propio equipo. Los análisis detectaron alrededor de un millón de señales genéticas bacterianas por mililitro de agua de niebla. Aunque menos del 1% de las gotas individuales contenían bacterias, la concentración total alcanzaba niveles comparables a los de ecosistemas acuáticos como lagos y océanos. Pero el hallazgo más llamativo fue otro: las bacterias no permanecían inactivas. Tras analizar distintos episodios, los científicos comprobaron que la cantidad de bacterias presentes en el aire después de la desaparición de la niebla era, en promedio, un 45% superior a la registrada previamente. En algunos casos, el incremento llegó al 90%. Las observaciones microscópicas mostraron además que las bacterias presentes en las gotas eran más grandes y que el número de células en proceso de división duplicaba al observado en partículas secas del aire. Un aliado inesperado contra la contaminación El estudio identificó al género bacteriano Methylobacterium como el predominante dentro de la niebla. Estos microorganismos, comunes en plantas y suelos, son capaces de alimentarse de compuestos simples de carbono. Uno de ellos es el formaldehído, un contaminante frecuente tanto en ambientes exteriores como interiores, asociado a irritaciones respiratorias y con un papel relevante en la química atmosférica. El estudio identificó al género bacteriano Methylobacterium como el predominante dentro de la niebla. Los investigadores observaron que las concentraciones de formaldehído disminuían rápidamente en presencia de estas bacterias. Cuando los microorganismos eran eliminados o filtrados en experimentos de laboratorio, la degradación del contaminante se ralentizaba de manera significativa. Según los autores, este proceso resultó aproximadamente 200 veces más rápido que el registrado previamente en el agua de las nubes. El hallazgo sugiere que estos microorganismos podrían desempeñar un papel hasta ahora desconocido en la eliminación natural de ciertos contaminantes presentes en la atmósfera.