La contaminación del aire, el ruido y el cambio climático aumentan el riesgo de infartos y enfermedades cardiovasculares
Cada vez más estudios muestran que la polución ambiental, el ruido intenso en las ciudades y las temperaturas extremas dañan el corazón. Especialistas debatieron el tema durante el Congreso Argentino de Cardiología.
Trabajar y dormir en ambientes ruidosos, respirar aire contaminado o estar expuesto a temperaturas extremas ya sea por frío o calor pueden dañar el corazón y las arterias.
Existe cada vez mayor evidencia científica de que las condiciones ambientales adversas como la contaminación y el cambio climático son factores de riesgo cardíaco tanto como la hipertensión, el sobrepeso y el colesterol elevado.
Los nuevos factores ambientales de riesgo cardiovascular fueron analizados durante el 52° Congreso Argentino de Cardiología, que se desarrolló del 14 al 16 de octubre en La Rural de Buenos Aires.

Hoy, los especialistas hablan de ‘exposoma’ al referirse al conjunto de exposiciones que una persona acumula durante su vida, incluso desde antes de nacer. Incluye el aire que respira, las sustancias con las que entra en contacto, las condiciones de vivienda, trabajo, alimentación y descanso.
“Muchas exposiciones se vuelven tan habituales que dejamos de registrarlas: el ruido que interrumpe el sueño, el humo que entra a la casa o el calor que soportamos durante la jornada laboral” , señaló el cardiólogo Nicolás Esteybar, director del Consejo de Cardio-Ecología de la Sociedad Argentina de Cardiología (SAC). “Preguntar por esas situaciones ayuda a entender cómo vive cada paciente y qué dificultades encuentra para cuidarse”, sostuvo el especialista y expositor en la Mesa de Ambiente y Riesgo Cardiovascular del Congreso de Cardiología.
El aire contaminado no solo daña los pulmones
“El corazón no vive separado del ambiente. Una persona puede controlar su presión, su colesterol y los demás factores de riesgo tradicionales, pero al mismo tiempo estar expuesta todos los días a aire contaminado, ruido o estrés sostenido”, advirtió el cardiólogo Koji Antonio Ishino, asesor del Consejo de Cardio-Ecología de la SAC.

“Incorporar estas condiciones a la prevención nos permite comprender mejor el riesgo y pensar medidas de protección tanto para cada persona en forma individual como para la comunidad en su conjunto”, destacó el médico durante su disertación en el Congreso Argentino de Cardiología.
De acuerdo a un estudio internacional publicado en el European Heart Journal, los factores estresantes ambientales —como la contaminación del aire y el ruido, la contaminación por sustancias químicas y plásticos, y los riesgos relacionados con el clima— contribuyen a una cifra estimada de entre 4 y 6 millones de las aproximadamente 20 millones de muertes anuales por enfermedades cardiovasculares (ECV) a nivel global.
En otras palabras, alrededor de una de cada cinco muertes cardiovasculares en todo el mundo es atribuible a exposiciones ambientales, lo que supera el impacto de otros factores de riesgo cardiovascular tradicionales.
La contaminación del aire no sólo afecta al sistema respiratorio sino también al sistema cardiovascular. Según la Organización Mundial de la Salud, el 99% de la población mundial respira aire contaminado , especialmente en los países de ingresos medios y bajos.
El informe State of Global Air 2025 atribuyó a la polución ambiental 7,9 millones de muertes durante 2023. El 86% correspondió a enfermedades no transmisibles, entre ellas enfermedades cardíacas, accidente cerebrovascular (ACV), diabetes y enfermedades respiratorias crónicas.
El tránsito, las industrias, la generación de energía, la quema de residuos y los incendios son las fuentes de polución más comunes. Dentro de las viviendas también influyen el humo de tabaco y el uso de leña o carbón que en muchos hogares se usa para calefaccionar, lo cual se ve agravado si no hay una ventilación adecuada.
Y aunque el fuego no sea visible, el humo de los incendios puede viajar grandes distancias y afectar a comunidades alejadas, especialmente a personas con enfermedades cardiovasculares o respiratorias.
Ocurre que el aire contaminado contiene gases, partículas microscópicas y material particulado fino que llega a los pulmones y desencadena inflamación y alteraciones en los vasos sanguíneos y la coagulación. “La exposición persistente puede contribuir al deterioro de las arterias y sumarse a otros factores de riesgo cardiovascular, aun cuando no provoque tos u otras molestias inmediatas”, advirtió el cardiólogo Esteybar.
El ruido persistente del tránsito, los aviones o las actividades industriales también afecta la salud cardiovascular. Cuando interfiere con el sueño o provoca respuestas repetidas de alerta, compromete el descanso del organismo, al punto que la propia Sociedad Europea de Cardiología incluyó la protección frente al ruido nocturno como parte de la prevención cardiovascular.
En un documento también firmado por la Sociedad Americana del Corazón, cardiólogos y especialistas internacionales recomendaron la creación de espacios silenciosos dentro de las ciudades de mayor flujo turístico y de tránsito como medidas de prevención. Entre otras propuestas, sugirieron la creación de micro oasis silenciosos, como podrían ser patios verdes con jardines verticales, barreras sonoras o implementar zonas de “ruido blanco” natural con implementación de fuentes de agua.
Microplásticos en sangre, un riesgo mayor
De acuerdo al informe “Plásticos, Salud y Perturbadores Endocrinos”, muchos aditivos plásticos de uso cotidiano interfieren en el funcionamiento hormonal. Estos compuestos “contribuyen a generar diferentes tipos de cáncer, diabetes, daños en los riñones, el hígado y la tiroides, desórdenes metabólicos, impactos neurológicos, inflamación y alteraciones en la fertilidad”, señala el trabajo elaborado por la Sociedad Mundial de Endocrinología e IPEN, una red internacional de organizaciones que promueve la eliminación de plásticos y contaminantes químicos.
En cuanto a su impacto en la salud cardiovascular, un estudio publicado en 2024 en The New England Journal of Medicine detectó microplásticos en placas extraídas de arterias carótidas de pacientes operados. Su presencia se asoció con más infarto, ACV o muerte durante el seguimiento, aunque aún no existe suficiente evidencia científica para asegurar que esas partículas hayan causado los eventos cardíacos.
El cambio climático aumenta el riesgo cardiovascular al intensificar las olas de calor, elevar la contaminación del aire y provocar fenómenos meteorológicos extremos. “Estos factores incrementan el trabajo del corazón, deshidratan el organismo y alteran la presión arterial, multiplicando las crisis cardíacas e infartos”, señala un meta-análisis (una revisión de más de 400 investigaciones clínicas) publicado en JAMA Cardiology.
Los datos muestran una relación directa entre fenómenos meteorológicos extremos y la aparición de episodios agudos cardíacos tales como infartos, accidentes cerebrovasculares, trastornos del ritmo cardíaco, muertes por enfermedad cardiovascular y aumento de las consultas en las guardias y servicios de emergencia cardíaca.
Estos hallazgos coinciden con las conclusiones de un informe sobre Ambiente, Cambio Climático y Salud Cardiovascular realizado por investigadores de la Universidad de Buenos Aires donde se señala que “las tasas de mortalidad aumentan progresivamente cuando la temperatura se sitúa por encima o por debajo de los 20-25 grados C°”.
La evidencia científica respecto del impacto de los factores ambientales en la salud es cada vez mayor y al mismo tiempo los especialistas coinciden en que mejorar el aire, reducir el ruido y crear entornos saludables requiere decisiones que exceden la voluntad individual.
Por esto, durante el Congreso Argentino de Cardiología, los expertos locales se sumaron a la Declaración Conjunta de las principales sociedades internacionales de cardiología, quienes reclaman a los Estados implementar políticas de transporte limpio, espacios verdes y control del ruido, entre otras medidas. “Desde la SAC venimos trabajando para hacer conocer los riesgos ambientales para la salud cardiovascular y poder minimizarlos. La prevención necesita recomendaciones posibles de cumplir y entornos que acompañen”, remarcó el cardiólogo Esteybar.















