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Greenwashing textil

Adidas, Nike y Zara venden ropa de poliéster reciclado que no es tan ecológica como parece

Las grandes marcas difunden sus líneas de ropa con rPET como un gesto ecológico. Pero según la evidencia, ese plástico terminaría contaminando igual o más.

Plano en detalle y de cerca de una tela sintética calada de color beige o gris claro, con pequeños orificios o poros uniformes tipo malla

Patagonia, Nike, Zara, H&M, Adidas: todas usan el mismo recurso. El poliéster reciclado, que proviene casi siempre de botellas de PET descartables, es parte del marketing verde más promocionado en indumentaria deportiva y urbana. Es fácil de entender, se puede mostrar en una etiqueta y se apoya en una imagen que genera empatía instantánea: la de la botella flotando en el océano.

Adidas es un caso ejemplar. En enero de 2020, la compañía anunció que ese año más de la mitad del poliéster de sus productos sería reciclado y se comprometió a usar solo poliéster reciclado en toda su gama para 2024, con la meta declarada de frenar la contaminación de los océanos, según AFP vía FashionNetwork.

Captura de pantalla de la tienda en línea de Adidas con la sección "Productos con Poliéster Reciclado". Muestra cuatro artículos deportivos: la camiseta alternativa de Boca Juniors, un shorts negro de running para mujer, la camiseta alternativa de River Plate y la camiseta titular de la Selección Argentina
En la página oficial de Adidas en Argentina hay varios productos con poliéster reciclado. Crédito: ADIDAS

Desde 2015, la marca trabaja además con la organización Parley for the Oceans en líneas que incluyeron camisetas de clubes como Real Madrid y Bayern Múnich. En septiembre de 2020, lanzó las zapatillas Clean Classics y presentó Primegreen como una serie de materiales con un mínimo de 50% de contenido reciclado. No es la única: H&M, Puma y Patagonia cambiaron casi todo su uso de poliéster virgen por reciclado, alegando motivos de sostenibilidad, según The Ecologist.

Poliéster reciclado de botellas y los límites del reciclaje textil

El PET de una botella descartable es un caso de reciclaje que funciona, porque las botellas son uniformes y se recolectan en grandes volúmenes. Son fáciles de limpiar, recuperar libres de otras sustancias y que también se ve en los estudios sobre la conversión de plástico PET en alimentos. Esa lógica se rompe cuando el plástico se convierte en fibra textil.

Las botellas se trituran, se funden, se hilan, se tiñen, se mezclan con otras fibras y se cosen. Según la Textile Exchange, hasta el 99% del poliéster reciclado proviene de botellas plásticas, mientras que el reciclaje de textil a textil representa menos del 1% de la oferta.

Fotografía de primer plano de varias botellas de plástico pet transparente con tapas azules, apiladas y listas para su reciclaje.
El PET de una botella descartable es un caso de reciclaje que funciona, porque las botellas son uniformes y se recolectan en grandes volúmenes. Crédito: Canva

El “reciclado” de la mayoría de la ropa deportiva es, en rigor, un solo uso adicional. Un envase que podía volver a ser aprovechado en múltiples reciclados, pasa a ser una prenda que casi nunca vuelve a ser prenda. La industria del PET textil reconoce la dificultad: reciclar textiles es más complejo que reciclar envases por la variedad de materiales, tratamientos superficiales, tinturas, recubrimientos y estampados, y por la posible presencia de sustancias tóxicas, según Argus Media. A eso se suman las mezclas con elastano, muy comunes en calzas y ropa de entrenamiento, que según los especialistas complican el reciclaje de textil a textil.

Por qué es un plástico frágil en el lavarropas

Todo textil sintético suelta microfibras al lavarse. Un análisis famoso de la UICN estimó que ese lavado explica cerca del 35% de los microplásticos primarios que llegan a los océanos (Boucher y Friot, 2017, resumido en Scientific Reports). “Microplásticos primarios” se refiere aquellos que se liberan ya como partículas pequeñas, no a todo el plástico del mar.

Ana Carolina Ronda, bioquímica y doctora. en Bioquímica, también profesora de oceanografía en la Universidad Nacional del Sur, explica que en Argentina ya existe una cantidad importante de investigaciones que documentan la presencia de microplásticos en aguas y sedimentos de distintos ambientes acuáticos, tanto continentales como marinos. “En muchos de estos estudios, las microfibras aparecen como una de las formas predominantes de microplásticos, llegando incluso a representar más del 90 % de las partículas identificadas en algunos ambientes. Esto pone de manifiesto la importancia de investigar las fuentes de contaminación asociadas a los materiales textiles”, suma.

Captura de pantalla de un catálogo en línea de Nike que muestra dos chaquetas cortavientos de materiales reciclados: a la izquierda, una modelo usa una chaqueta deportiva de manga larga color rosa oscuro Nike Tempo con gafas de sol; a la derecha, un modelo viste una chaqueta cortavientos Nike Windrunner en tonos crema y azul.
La página de Nike también vende prendas con poliéster reciclado. Crédito: Nike

“Las microfibras que se desprenden durante el lavado pueden ingresar a los sistemas de tratamiento de aguas residuales, donde una proporción importante queda retenida, cuyo porcentaje depende de las características de la planta de tratamiento. Sin embargo, esto no significa que sean eliminadas completamente, ya que muchas se acumulan en los nodos del tratamiento, mientras que otras permanecen en los efluentes y pueden llegar a los ambientes acuáticos. Desde el punto de vista ambiental, el tamaño y la morfología de estas partículas son fundamentales, porque influyen en su transporte, sedimentación y disponibilidad para los organismos. Cuando más pequeñas son las fibras, éstas pueden ser ingeridas por los eslabones inferiores dentro de una cadena trófica, bioacumularse y biomagnificarse a lo largo de la cadena”.

En algunos países el problema genera suficiente alarma como para buscar soluciones a corto plazo, según cuenta la experta. “Una de las estrategias que se están explorando para reducir estas emisiones es la incorporación de filtros en los lavarropas. En Europa ya existen iniciativas en este sentido; por ejemplo, Francia avanzó con una legislación que contempla sistemas de captura de microfibras en los lavarropas nuevos, aunque su implementación todavía presenta desafíos. Personalmente, considero que es una estrategia interesante porque permite actuar directamente sobre una de las fuentes de contaminación. Sin embargo, también plantea una pregunta importante: ¿qué hacemos con las microfibras que quedan retenidas en esos filtros? Si no contamos con una gestión adecuada de los residuos recuperados, corremos el riesgo de trasladar el problema de un compartimento ambiental a otro. Por eso, estas tecnologías deberían acompañarse de estrategias de recolección, mantenimiento y disposición final que eviten que las partículas vuelvan a liberarse al ambiente”.

Poliéster reciclado y microfibras: qué dice la evidencia científica

Pero la evidencia científica podría señalar que el poliéster reciclado empeora este cuadro. El reciclado mecánico somete al material a calor y esfuerzo, y la evidencia de laboratorio indica que eso lo vuelve más rígido y quebradizo: un estudio sobre PET reprocesado en varios ciclos halló mayor rigidez y fragilidad tras el reprocesamiento. Otro trabajo publicado en Environmental Pollution sobre lavado doméstico encontró que el poliéster reciclado liberó más microfibras que el virgen en las mismas condiciones (ScienceDirect), y los autores lo atribuyen a la menor resistencia del material.

El estudio más reciente y mediático es el que la Changing Markets Foundation encargó al grupo de investigación en microplásticos de la Universidad de Çukurova (Turquía). Analizó 51 prendas representativas de Adidas, H&M, Nike, Shein y Zara y concluyó que el poliéster reciclado genera en promedio 55% más partículas durante el lavado que el virgen. Las prendas recicladas liberaron en promedio 12.430 microfibras por gramo de tela, frente a 8.028 del poliéster virgen. Nike fue la marca que más desprendió, tanto en material virgen como reciclado.

Una modelo viste un abrigo acolchado de tela metalizada en tono dorado brillante y lleva un turbante negro en la cabeza mientras mira hacia la cámara
Zara también incluye poliéster reciclado en sus prendas. Crédito: Zara

La explicación por fragilidad es una hipótesis razonable, no una medición del propio estudio. Las marcas discuten el resultado. Adidas sostiene que ve un beneficio ambiental en el reciclado porque no se procesa petróleo y se reutiliza plástico, que genera muchas menos emisiones de gases de efecto invernadero y que otros estudios, como el de la Microfibre Consortium, no hallan diferencias significativas en el desprendimiento. Puma respondió que, según sus propios ensayos, el poliéster reciclado no desprende ni más ni menos que el virgen.

Ropa deportiva, PFAS y otros riesgos ambientales del poliéster

En la ropa deportiva, el poliéster casi nunca se usa solo. Se incorporan tinturas, acabados y, en algunas prendas, tratamientos repelentes al agua o a las manchas. Así aparecen los PFAS, sustancias persistentes asociadas a efectos sobre la salud. Un estudio de la red IPEN sobre prendas vendidas como repelentes en 13 países halló que 47 de 72 muestras contenían PFAS o niveles de flúor orgánico compatibles con su uso (IPEN), y advirtió que, como se reciclan muy pocos textiles, esa ropa tiende a terminar en vertederos o incineradoras. Expertos señalan el uso de bienes reciclados para fabricar ropa como una posible vía de ingreso de PFAS (EHN). Esto no significa que toda la ropa deportiva los contenga: los PFAS aparecen en prendas con acabados repelentes, no en toda la categoría.

El precio del prestigio, no de la sustentabilidad

El poliéster reciclado puede costar más por tonelada que el virgen, así que las marcas podrían justificar un precio igual o incluso mayor por el insumo. Pero ese sobrecosto, si existe, no equivale a un beneficio ambiental comprobado.

Las conclusiones de Changing Markets tras su estudio apuntan a reducir el consumo total de poliéster, alargar la vida de las prendas y exigir un etiquetado más transparente, en lugar de celebrar el contenido reciclado como un fin en sí mismo. Ronda tiene una posición tomada al respecto: “creo que la discusión no debería centrarse en si reciclar es bueno o malo, sino en cómo mejorar los procesos de reciclado para obtener materiales más duraderos, reducir la liberación de microfibras y aprovechar al máximo los recursos que ya están en circulación. Abordar esta problemática requiere una mirada integral que involucre a la industria textil, los consumidores y los sistemas de tratamiento de aguas residuales. El reciclado es una herramienta importante dentro de la economía circular, pero no resuelve por sí solo la contaminación por microplásticos”.

Fecha de publicación: 23/10, 5:08 pm