Europa empieza a medir el costo ambiental de la expansión de la inteligencia artificial
Proponen crear una etiqueta común para medir el uso de electricidad y agua de los grandes centros de datos, cuyo consumo podría casi duplicarse hasta 2030.
El crecimiento de la inteligencia artificial empieza a generar una presión cada vez mayor sobre dos recursos clave para su funcionamiento: la electricidad y el agua. Frente a esta expansión, la Comisión Europea propuso crear una clasificación común que permita medir y comparar el consumo de los grandes centros de datos y transparentar su impacto sobre los recursos naturales y las redes energéticas.
La iniciativa alcanzará a las instalaciones con una capacidad superior a 500 kilovatios y busca registrar no solo cuánta electricidad y agua utilizan, sino también qué aporte realizan al sistema energético. Entre los aspectos que se tendrán en cuenta aparecen la reutilización del calor residual, la incorporación de nueva capacidad de generación limpia y la posibilidad de adaptar el consumo a las condiciones de la red.
“Triplicar la capacidad de nuestro centro de datos no puede significar triplicar la presión sobre nuestras redes, nuestra agua y nuestras facturas de energía. Eso comienza con la transparencia, calificando grandes centros de datos en función de su impacto en nuestro sistema energético”, señaló la vicepresidenta comunitaria para una Transición Limpia, Justa y Competitiva, Teresa Ribera.

El planteo adquiere relevancia ante las previsiones de Bruselas, que estima que las necesidades energéticas del sector prácticamente se duplicarán de aquí a 2030 como consecuencia del desarrollo de la inteligencia artificial.
Bruselas busca medir el consumo de agua y energía de los centros de datos
La futura etiqueta estará organizada en torno a tres dimensiones principales: rendimiento energético, eficiencia hídrica y fuentes de suministro utilizadas. También incorporará otros indicadores vinculados con la sostenibilidad, como los acuerdos de compra de energía y las garantías de origen.
La Comisión Europea sostiene que los centros de datos capaces de adaptar su consumo a las condiciones de la red podrían contribuir a reducir los costos del sistema eléctrico y facilitar la incorporación de energías renovables.
“Los centros de datos sostenibles, flexibles y bien diseñados que puedan adaptar su consumo de electricidad a las condiciones de la red pueden ayudar a reducir el coste global del sistema eléctrico, mejorar la estabilidad de la red e integrar más energías renovables”, señaló el Ejecutivo comunitario.
El proyecto también contempla una consulta pública para definir estándares mínimos de rendimiento. El proceso permanecerá abierto hasta el 14 de diciembre y permitirá recibir aportes de los Estados miembro, la industria y organizaciones de la sociedad civil.
Los umbrales concretos todavía no fueron establecidos, aunque fuentes comunitarias señalaron que el consumo de energía y agua estará entre los principales parámetros. La intención de Bruselas es que los futuros requisitos sean obligatorios.
“No se trata de decir lo bueno que puedes llegar a ser, sino de establecer lo malo que no puedes ser”, resumieron las mismas fuentes.
La expansión de la inteligencia artificial aumenta la presión sobre los recursos

La discusión europea se produce mientras la Unión Europea proyecta triplicar su capacidad de centros de datos durante los próximos cinco a siete años. El objetivo declarado es reforzar la “independencia tecnológica” y la “soberanía digital” del bloque, pero la expansión también plantea costos ambientales.
Los centros de datos necesitan grandes cantidades de electricidad para mantener en funcionamiento servidores y sistemas de refrigeración. A esto se suma el consumo de agua asociado a determinadas tecnologías de enfriamiento, un aspecto que adquiere especial relevancia en regiones con estrés hídrico.
Por eso, la Comisión busca que el crecimiento de la infraestructura necesaria para desarrollar inteligencia artificial pueda ser medido también desde su impacto sobre los recursos naturales.
La propuesta todavía se encuentra en una etapa inicial. Bruselas prevé presentar durante el segundo trimestre de 2027 una propuesta con los requisitos definitivos, después de avanzar en la definición de los estándares.
El desafío que queda planteado es cómo sostener la expansión de una tecnología que requiere cada vez más infraestructura sin trasladar de manera creciente sus costos ambientales a las redes eléctricas, el agua y las comunidades donde se instalan los centros de datos.















