Nivea, L’Oréal, Axe y Rexona, en la mira: dónde se esconden los disruptores endocrinos y cómo impactan en el cuerpo
Los disruptores endocrinos están presentes en productos de uso cotidiano y pueden interferir con el sistema hormonal. Dónde se encuentran, cómo actúan y qué se investiga sobre sus efectos en la salud.
En Argentina, la presencia de sustancias con potencial acción como disruptores endocrinos en productos de uso cotidiano se incorporó en los últimos años a la agenda de salud pública. Se trata de compuestos químicos capaces de interferir en el sistema hormonal, con efectos que dependen de la dosis, la duración de la exposición y el momento del ciclo vital en que se produce el contacto.
Dentro del mercado de cuidado personal y cosmética, distintas investigaciones y relevamientos identificaron ingredientes bajo análisis en productos de uso frecuente. Entre ellos se encuentran parabenos, ftalatos y determinados filtros solares químicos. Estos compuestos pueden aparecer en desodorantes, protectores solares, cremas y artículos de higiene diaria.

Marcas y productos bajo análisis
Diversas marcas de alcance masivo fueron señaladas en estudios y reportes por la presencia de estos ingredientes en algunas de sus formulaciones. Entre ellas se destacan Nivea, Axe, Rexona, Biotherm, L’Oréal y Lancôme. La identificación no implica necesariamente incumplimientos normativos, sino la inclusión de componentes que se encuentran bajo evaluación científica por su posible actividad endocrina.
En el caso de protectores solares, productos como Lancaster Sun Beauty y Nivea Protección Solar contienen filtros químicos como el salicilato de etilhexilo, un ingrediente que forma parte del grupo de compuestos investigados por su interacción con el sistema hormonal.
En desodorantes, marcas como Axe, Rexona, L’Oréal y Lancôme pueden incluir fragancias o conservantes, entre ellos parabenos. En muchos casos, los ftalatos no figuran de forma explícita en el etiquetado, ya que pueden estar contenidos dentro de la denominación general “fragancia” o “perfume”.
En cosmética infantil y maquillaje, la exposición adquiere relevancia debido a características biológicas específicas. La piel presenta mayor permeabilidad en etapas tempranas y el sistema endocrino se encuentra en desarrollo, lo que incrementa la atención sobre los ingredientes utilizados en productos de aplicación diaria.
Qué son los disruptores endocrinos y dónde se encuentran

Los disruptores endocrinos son sustancias químicas capaces de imitar, bloquear o modificar la acción de las hormonas. Entre los principales compuestos identificados se encuentran ciertos plaguicidas, metales, bisfenol A (BPA), ftalatos y parabenos.
Su presencia no se limita a la cosmética. También se encuentran en envases plásticos, botellas de agua, recubrimientos antiadherentes, textiles tratados químicamente, detergentes, productos de limpieza y pesticidas utilizados en alimentos. Además, pueden estar presentes en el aire como contaminantes ambientales.
La exposición puede producirse por ingestión, inhalación o contacto con la piel. Esto implica que el contacto con estas sustancias puede ser continuo y acumulativo a lo largo del tiempo.
“Mientras más temprano es la exposición, más grave es. Por eso es necesario poder regular a nivel sanitario el uso de estos disruptores que se almacenan en el ecosistema y el organismo”, advirtió Osvaldo Ponzo, endocrinólogo del Hospital Alemán y miembro del departamento de Disruptores Endócrinos de la Sociedad Argentina de Endocrinología y Metabolismo (SAEM) en declaraciones a Economía Sustentable.
Regulación en Argentina y criterios internacionales
En Argentina, la Administración Nacional de Medicamentos, Alimentos y Tecnología Médica (ANMAT) establece límites y condiciones para el uso de sustancias en productos de consumo. Sin embargo, no existe una normativa integral específica para disruptores endocrinos en todos los sectores.
A nivel internacional, diferentes organismos avanzaron en la evaluación y restricción de determinados compuestos. En Europa, por ejemplo, se implementaron regulaciones que limitan el uso de algunas sustancias en cosméticos y productos industriales.

El impacto acumulativo de la exposición continúa en estudio, lo que influye en la actualización de marcos regulatorios y criterios de seguridad.
“Idealmente, a nivel gubernamental, debería haber organismos con comités de vigilancia de estos productos, que pongan límites de dosis a usar y de retirar del mercado cuando sea necesario. En países como Europa, ya existen normativas más estrictas, pero en lugares como Argentina, todavía hay un camino considerable por recorrer”, destacó Ponzo.
En ese sentido, el especialista remarcó que “como se ve que dosis bajas tienen efectos, lo que se suele exigir es cada vez una menor cantidad, o directamente eliminarlos”.
“La educación es clave. Las sociedades científicas tienen un papel fundamental en la difusión de información tanto a médicos y profesionales de la salud -que muchos saben poco y nada de esto-, como a la población general. A veces la misma sociedad pide un cambio cuando se informa, porque sino, esto se reduce a ser un conocimiento científico para pocos. Y allí es donde la industria reacciona”, enfatizó.
Mecanismos de acción en el organismo
Desde el punto de vista clínico, un disruptor endocrino se define por su capacidad de generar un efecto adverso sobre el sistema hormonal. Estas sustancias pueden intervenir en distintas etapas del funcionamiento endocrino, como la síntesis, secreción, transporte y eliminación de hormonas.
La evidencia científica indica que algunos de estos compuestos pueden actuar a dosis bajas y presentar relaciones no lineales entre dosis y respuesta. Esto significa que los efectos no siempre aumentan de forma proporcional a la cantidad de exposición. Además, pueden manifestarse tiempo después del contacto inicial.
Estudios experimentales publicados en revistas como Environmental Toxicology and Pharmacology señalan que ciertos filtros ultravioletas de uso frecuente, como el octyl-methoxycinnamate (OMC) y el 4-methylbenzylidene-camphor (4-MBC), “pueden comportarse como disruptores endocrinos, es decir, sustancias capaces de interferir con la acción normal de las hormonas”.
Etapas de mayor sensibilidad: infancia y adolescencia
La infancia y la adolescencia son etapas consideradas de alta sensibilidad frente a la exposición a estas sustancias. Durante estos períodos se desarrollan procesos vinculados al crecimiento, la maduración reproductiva y la regulación hormonal.
“Desde el punto de vista biológico, la infancia y la adolescencia no son simplemente ‘versiones más jóvenes’ de la adultez. Son períodos de intensa reorganización hormonal y neurológica, en los que el organismo es particularmente sensible a estímulos externos. Durante estas etapas se consolidan procesos centrales como el inicio de la pubertad, la maduración reproductiva y la regulación hormonal a largo plazo”, indicó el endocrinólogo del Hospital Alemán.
De acuerdo con investigaciones científicas, la exposición temprana “puede tener efectos duraderos, incluso cuando el contacto con la sustancia ocurre antes del nacimiento o en etapas iniciales de la vida”. En estudios experimentales, se observaron alteraciones hormonales persistentes en la adultez tras exposiciones durante el desarrollo.
Embarazo y desarrollo fetal
Durante el embarazo, la exposición a disruptores endocrinos adquiere relevancia por su posible impacto en el desarrollo fetal. Algunos compuestos, como ftalatos, parabenos, bisfenoles y sustancias perfluoroalquiladas (PFAS), pueden atravesar la placenta. En determinados casos, también se detectaron en la leche materna.
El equilibrio hormonal en este período resulta clave para la reproducción y el desarrollo embrionario. La evidencia científica indica que algunas de estas sustancias pueden interferir en procesos como la ovulación, la regularidad de los ciclos menstruales y la fertilidad.
Perimenopausia y envejecimiento reproductivo
La perimenopausia es una etapa caracterizada por cambios en la producción hormonal. En este contexto, la exposición a disruptores endocrinos se analiza en relación con procesos fisiológicos propios del envejecimiento reproductivo.
Investigaciones científicas evaluaron asociaciones entre la exposición a estas sustancias y la edad de inicio de la menopausia, así como su posible relación con síntomas vinculados a esta etapa.
Efectos en la salud bajo investigación
Diversos trabajos de la Sociedad Argentina de Endocrinología y Metabolismo (SAEM) analizaron la relación entre la exposición a disruptores endocrinos y diferentes condiciones de salud. Entre ellas se incluyen trastornos del sistema reproductivo, como infertilidad, pubertad precoz y menopausia anticipada.
También se investigan asociaciones con determinados tipos de cáncer en tejidos sensibles a hormonas, como mama, ovario y tiroides. En paralelo, estudios epidemiológicos evaluaron posibles vínculos con enfermedades metabólicas, como obesidad y diabetes, y con trastornos neurológicos, entre ellos autismo, enfermedad de Parkinson y enfermedad de Alzheimer.
En el ámbito perinatal, se registraron datos sobre partos prematuros y nacimientos con bajo peso en regiones industrializadas. En el plano ambiental, se documentaron efectos sobre la reproducción en distintas especies animales expuestas a estos compuestos.
Cómo identificar y evitar la exposición
Desde el enfoque preventivo, especialistas recomiendan prestar atención a la composición de los productos. La lectura de etiquetas permite identificar ingredientes como:
● Parabenos: metil-, etil-, propil- y butilparabeno
● Ftalatos: frecuentemente incluidos bajo la denominación “fragancia”
● Filtros UV químicos: oxibenzona, homosalato, 4-metilbencilideno alcanfor
● Conservantes: fenoxietanol
En el mercado local, se desarrollaron propuestas vinculadas a la cosmética natural o “clean beauty”, que utilizan formulaciones con menor presencia de estos compuestos.
También existen herramientas digitales como la aplicación INCI Beauty, que permiten consultar la composición de productos cosméticos y acceder a clasificaciones de ingredientes.
Estrategias para reducir la exposición cotidiana
Las recomendaciones para limitar la exposición incluyen prácticas relacionadas con el consumo y el uso de productos:
● Evitar calentar alimentos en recipientes plásticos
● Priorizar envases de vidrio o acero inoxidable
● Reducir el uso de productos con fragancias sintéticas
● Lavar frutas y verduras para disminuir residuos de pesticidas
● Optar por productos que indiquen la ausencia de determinados compuestos
Estas medidas se orientan a reducir la exposición acumulativa a sustancias con potencial actividad endocrina.
Un fenómeno extendido en evaluación científica
La evidencia disponible indica que la exposición a disruptores endocrinos es un fenómeno extendido, debido a su presencia en múltiples productos y entornos. La eliminación total del contacto resulta compleja en el contexto actual.
La SAEME señala que el sistema endocrino está conformado por órganos y tejidos que regulan funciones como el metabolismo, el crecimiento y la reproducción. La alteración de estos procesos puede tener impacto en distintos sistemas del organismo.
Las investigaciones continúan enfocadas en el análisis de los mecanismos de acción de estas sustancias, los niveles de exposición y sus efectos a lo largo del ciclo de vida. El desarrollo de nueva evidencia resulta central para la definición de políticas públicas y estrategias de prevención.
¿Qué peligros hay en los cosméticos infantiles?
En febrero de 2026, la ANMAT publicó en el Boletín Oficial la Disposición Nº 221/2026, que establece la prohibición del uso, comercialización, publicidad y distribución de una serie de cosméticos infantiles sin inscripción sanitaria.
La medida alcanza a todas las presentaciones, lotes y contenidos de los productos involucrados. Según el organismo, la decisión se adoptó tras constatar la ausencia de registro sanitario, lo que impide verificar el cumplimiento de las condiciones de elaboración y la utilización de ingredientes permitidos.
Entre los productos alcanzados se encuentran kits y sets de maquillaje de marcas como Bebés Llorones, Disney Princesses, My Little Pony y Piku, así como otros artículos sin marca identificada o con denominaciones comerciales diversas.
Uso de cosméticos en la infancia
En ese sentido, la pediatra y neonatóloga Tania Piedrasanta señaló que el uso de múltiples productos cosméticos en niños “no solo es innecesario, sino que puede provocar irritaciones, alergias y dermatitis”.
En relación con los ingredientes, agregó: “Muchos cosméticos —especialmente aquellos no regulados— pueden contener disruptores endócrinos, sustancias químicas capaces de interferir con el sistema hormonal. En etapas de crecimiento y desarrollo, esta exposición resulta especialmente sensible”.
Sobre el uso de maquillaje, indicó: “No está indicado para uso habitual en niños. El maquillaje de adultos no debe utilizarse en la infancia, y aun los productos comercializados como infantiles deben contar siempre con la correspondiente aprobación sanitaria. La reciente alerta de ANMAT demuestra que esto no siempre ocurre”.
La especialista también explicó: “La piel del niño no es igual a la del adulto: es más fina, más permeable y más sensible. En niños sanos, el cuidado de la piel debe ser simple y suficiente: higiene adecuada, hidratación solo si es necesaria y protección solar acorde a la edad”.
Influencia de redes sociales en los hábitos de consumo
Piedrasanta también se refirió a la exposición a contenidos digitales: “En los últimos años, y especialmente a través de redes sociales como TikTok e Instagram, se observa una creciente exposición de niños a rutinas de cuidado de la piel pensadas para adultos”.
En ese sentido, agregó: “Cremas, sérums y múltiples productos comienzan a usarse desde edades muy tempranas, generando la idea de que son necesarios para el cuidado de la salud, cuando en realidad no lo son”.
Desde el enfoque preventivo, especialistas recomiendan prestar atención a la composición de los productos. La lectura de etiquetas permite identificar ingredientes como parabenos, ftalatos —frecuentemente bajo la denominación “fragancia”—, filtros UV químicos y conservantes.Entre las medidas para reducir la exposición se incluyen evitar calentar alimentos en recipientes plásticos, priorizar envases de vidrio o acero inoxidable, reducir el uso de productos con fragancias sintéticas y lavar frutas y verduras para disminuir residuos de pesticidas.















